lunes, 19 de julio de 2021

19 DE JULIO 2021

 Algún día, hijas mías, si Dios quiere, y dios Google también, leeréis este blog. Cuando el dolor de mi pérdida se haya mitigado un poco, y los recuerdos escuezan menos, algún día os acordaréis de que tenía un blog, lo buscaréis y me leeréis. Y me hará mucha gracia que lo hagáis, aunque no tanta que si lo hubiésemos leído juntas, y las caras de asombro que pongáis, puede que con algunas tonterías os riais, habrá cosas que desgraciadamente no entendáis. Pero es lo que tiene la muerte, que no avisa y que deja pendiente tantas cosas. Ha pasado un mes y me duele tanto que aún no lo voy a escribir. Tal vez dentro de un año pueda hacerlo. Ahora mismo no, porque sólo de planteármelo se me encoge el alma. 

Este post es sólo un gentle reminder (esto lo he copiado de Twitter, me he metido de lleno en la movida TERF) de que seguimos aquí, que la vida va dando giros de 90º constantemente, de un lado ahora, y de otro al minuto siguiente, como los cacharros esos de las ferias que te dan vueltas para un lado y luego para el otro, esos a los que vuestra madre nunca se subiría. Que hoy toca gimnasio en el Amós, que ahora me he convertido en TERF y espero que algún día lo entendáis y que vosotras también os convirtáis en unas y nos defendáis a las mujeres. Porque si no nos defendemos nosotras, no esperéis que ningún tío venga a hacerlo. Que he retomado el libro. Que esta entrada es un remoloneo antes de enfrentarme al capítulo IX de la segunda parte. Que es verano, que estáis arriba durmiendo, con el primo acostado en un colchón tirado en el suelo entre vuestras camas y que cuando os levantéis, nos iremos a la playa aunque protestéis enérgicamente como siempre. Que seguimos con mascarillas (qué año más raro). Y que papá y mamá os quieren incondicionalmente, ahora y siempre, incluso cuando leáis estas palabras, incluso entonces, os seguiremos queriendo. 


martes, 18 de diciembre de 2018

El Grinch (3)

Tal vez no fuera tan buena idea después de todo. Con ese pensamiento me desperté al día siguiente de preparar mi amigo invisible, o bobby pin (*), como lo llamaremos a partir de ahora. Es decir, esta mañana. Pero anoche sí me lo pareció mientras escribía compungida mi carta de apologize a mi dire por no hacerle el primer regalo preceptivo. La carta. Y mira que nos reímos mi hija y yo. Como hacía tiempo que no lo hacía. Ahí está, en la "caja", dentro de un sobre lleno de purpurina (porque lo que se lleva es la purpurina), esperando a que su receptora la lea. Yo he huido de la escena del crimen, no vaya a ser que me salpique. Ay, la carta.
Y eso que ayer mismo, le había comprado ya muy temprano un foulard étnico precioso que creí, ô ingenua de mí, que paliaría los efectos de la larga ausencia de agasajos durante los tres días previos. Pero estando en la sala de profesores, me di cuenta, ô dios mío, de cómo la tristeza se apoderaba de todos aquellos niños que no habían recibido sus obsequios respectivos y entendí que pese a que al final habría regalo sí o sí, la espera llenaría los corazones de desazón y mataría la esperanza. Y lo que todos deseamos, ¿no es eso precisamente? ¿Esperanza?
Así que no tuve más remedio que pasar al plan B. Hacer cuatro regalos y acompañar los dos primeros de una carta de apologize para que mi víctima entendiera que todo había sido fruto de un contratiempo y no voluntario. Total, sólo nos gastamos 63 euros. Nooo, no todo en el bobby pin. Pero es que mis hijas son fans de los unicornios y de las plantas artificiales. Ains. Así que en total, el bobby pin me ha costado una noche de insomnio, mucho más que los 10 euros que ponían en el mensajito y la promesa interna de que nunca nunca nunca más volveré a participar en algo semejante. 

Dear ****,

I feel the retardation because I don’t comprehended the rulers of the play of the friend  bobby pin because it was very difficult in this school.
And when I readed los wasaps the Sunday by the night, all was closed and I don’t could buy swim for gift you and neither I don’t could find swim by my house neither. It was very sad.
I desire of all heart that you me comprehend and that you me pardon for to be retarded. And merry christmas for all the world.

XOXO
At his feet.




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(*) Bobby pin, horquilla en español, o también llamado invisible en argentino.

lunes, 17 de diciembre de 2018

El Grinch (2)

Una vez superada la fase cole que me deja un mazo de malas vibraciones por lo anteriormente mencionado, porque yo soy como los gatos, detecto la energía negativa, la canalizo, la absorbo y me la trago, restableciendo el equilibrio entre lo negativo y lo positivo (o eso o me va a venir el periodo) toca fase insti. 

Qué noche más mala he pasado, arrepintiéndome de la decisión estúpida de participar en el amigo invisible. Por cobarde y no saber decir no, en un vano intento de encajar en el grupo ya que no participo nunca en nada, pues allá que me tiro a la piscina y acepto, con todo lo que ello conlleva y de lo que todavía no me he enterado. Ains. En mala hora. ¿Cuándo cambió tanto lo del amigo invisible?

Domingo, 7 de la tarde:
(whastapp de X)- Holi compis, os recuerdo que mañana empezamos con el primer día del amigo invisible.
(¿El primer día del amigo invisible? Mierda, no he podido ir todavía a comprar nada. Me ha tocado nada menos que la dire, o sea la persona que decidirá sobre mi futuro profesional en los próximos cuatro años (o más) pero sin presiones, ¿eih? y espero que quede satisfecha con lo que tengo en mente, pero me tienen que dar tiempo para ir a comprar algo. ¿Primer día? ¿A qué se referirá?)
(whastapp de Y)-A ver que me aclare, ¿son tres regalos más el del último día, o son cuatro más el final?
(Aquí me voy incorporando poco a poco en el sofá, me voy despejando de mi desidia dominical, ¿cuatro regalos en  cuatro días?)
(whastapp de X)- ¡Son cuatro regalitos en total, a lo largo de cuatro días, y tenéis que ir dejando pistas para que vuestro amigo invisible los encuentre!
(whastapp de Z)- Escondedlos bien, que así hace más ilusión.
(whastapp de N)- Pero ¿no había que dejarlos en los casilleros?
(whastapp de O)- No, ¡que yo no tengo!
(whastapp de P)- Pues yo tenía pensado llevarme una caja grande dónde echarlos.
(whastapp de X)- ¡Lo divertido es que no se imagine para nada el sitio donde lo vais a esconder!
(whastapp de Q)- ¡No olvidéis el efecto sorpresa!
(whastapp de R)-Yo ya he comprado los cuatro ¡y me he pasado de los 10 euros!
(whastapp de P)- Y¿qué hago con la caja?
(whastapp de Z)- Pues llévatela, también podemos usarla.
(whastapp de X)- ¡Y que los mensajitos sean en inglés, que se note que somos bilingües!

(Y ahí estaba yo, a las 7 de la tarde de un domingo, sentada en mi sofá después de un finde de no parar, para un ratico bueno que tengo de poder echarme en el sofá a ver trozos de series y películas con el botón de avance rápido, leyendo mensaje tras mensaje de personas súper implicadas y motivadas con hacerse regalitos los unos a los otros. incapaz de pensar en cuatro frases ocurrentes, cuatro pistas desternillantes, cuatro escondites inimaginables con cuatro regalos geniales y todo ello antes de las 9 y cuarto del día siguiente. Y queriendo dar la estampida como respuesta a mi problema, pero ante el pavor clamoroso de ser descubierta por mi jefa, o sea sin forma de escapar a mis obligaciones, cuánto más entusiasmo detectaba en las palabras de mis compis, más irremisible se me hacía el gran mierdón en lo que se iba a convertir mi primera y única participación en un amigo invisible). 

El Grinch (I)

No hay nada que mejore un lunes. Recuerdo a aquel Van Gaal en su rueda de prensa "¡Siempre negatifo, nunca positifo!" Pues sí hijo, tienes razón, no hay manera de hallar la positividad en un lunes por la mañana, aunque sea el último lunes del trimestre y nos venga ahora dos semanas de vacas. 
Las caras en la puerta del cole esta mañana me han parecido más siesas que las del viernes. Están las madres a las que no te apetece saludar (una larga historia, pero todo muy justificado, ¿eih?) y están las madres a las que no les apetece saludarte. Y ese juego de "a ti sí/a ti no" puede llegar a ser muy estresante un lunes por la mañana. Mira, ahí está Angus. Siempre hablamos Angus y yo. Pero lo hace siempre con las gafas de sol puestas. ¿Sabéis lo difícil que es hablar a unas gafas? Buscas y rebuscas en el cristal la sombra de una pupila a la que dirigirte como el que busca una anomalía a través de un microscopio, pero es en vano. Son cristales espejos. Así es imposible entablar una conversación trascendente. Así que hablemos de la función de este viernes, que si hace este tiempo, la niña no va. El suyo va de rockero, o sea que puede ponerse chaqueta, pero la mía va de Freddy Mercury, con camisa blanca y tirantes rojos. 
Don't stop me now
Sí. Con bigote postizo.
Vaqueros, camiseta O camisa blanca, Y tirantes rojos, Y bigotes. No olvidarse del gorro de Navidad. 
Es la manera que la de Coeducación (cuando la niña deje el cole, os hablaré largo y tendido sobre ello) (ahora no, temo las represalias) ha encontrado de meter el colectivo LGTBI en su programación. Y que conste que en mi casa todos somos fans de Queen. Pero ya que estamos en Navidad, por qué no elegir a George Michael y su Last Christmas. Si por lo menos hubieran elegido la de I want to break free! nos habríamos divertido un poco con el atrezzo. Y mi pequeña que me ha salido a mí en lo de bipolar lleva una semana luchando con su Yin que quiere cumplir con su deber de alumna responsable y participar en la función del cole  para no dejar tirado al seño Emilio, y su Yang que está indignado por el disfraz, la desvinculación absoluta entre la temática navideña y la canción en cuestión, y porque en mitad de la actuación sus amigas van a salir con cintas de colores a realizar unas piruetas de gimnasia rítmica y ella no. Y yo que no tengo ninguna gana de verla ataviada con unos tirantes porque a nosotras no nos sientan bien, llevo quince días achuchando a su Yang, pero no hay manera de convencerla al 100%. 


viernes, 7 de diciembre de 2018

Noticias del pueblo

Por regla general, del pueblo las pocas noticias reseñables que nos llegaban era el parte necrológico, los nacimientos varios y algún que otro caso notorio de adulterio. Nada que diera lugar a presagiar lo que ocurriría en el puente de la Inmaculada del año 20**. Porque admitamos que en los pueblos poco o nada pasa casi nunca. 
Las noticias llegaron confusas y a trompicones, como suelen llegar hoy en día, vía Whatsapp, a golpes de mensajes cortos a cual más perturbador y surrealista, cuando una apenas había conectado los datos del móvil tras la pesada semanal en el gym. El hijo de la tía estaba muy mal, en el hospital ,víctima de una paliza o es que acababa de ingresar en la cárcel a expensas del juicio que iban a celebrar esa misma tarde. La paliza se la habían propinado **** y **** cuyo nombre por motivos obvios no desvelaré, ni tampoco el de los demás actores de esta tragedia kafkiana. Treinta cabras, no veinte como algunos habían asegurado, treinta cabras habían sido las que había ahorcado mientras practicaba con ellas una perversa asfixia erótica. Llevaba desde el verano penetrando en el establo ataviado con un mono naranja y una cuerda para perpetrar aquella abominación. Un hombre coqueto, físicamente atractivo, que siempre había gozado de la simpatía de muchas mujeres. Harto de encontrarse con cadáveres de animales, el dueño de las víctimas caprinas había acabado poniendo una cámara de seguridad en el establo y esa noche, cuando descubrió el pastel, junto con un amigo, le propinaron tal paliza que al terminar, no les quedó otra que llamar a urgencias para que se hicieran cargo. En las horas en las que ya se había consumado la tragedia, por el pueblo la noticia corrió como la pólvora. Había quien decía que las cabras no habían muerto de hipoxifilia sino que lo que hizo sospechar al cabrero de que algo ocurría era que todas las cabras habían abortado. Hubo otros que aseguraron que se trataba de una emboscada, de una historia inventada en venganza por unas viejas rencillas entre los dos hombres. Muchos desearon en voz alta que al salir del calabozo el hijo de la tía no volviera al pueblo y los allegados, avergonzados y callados, no se podían creer que aquello estuviera realmente ocurriendo. Ahora bien, todos sin excepción se preguntaban por los motivos que lo habían llevado a aquella caída al infierno. 

miércoles, 28 de noviembre de 2018

la coletilla

Como en todas las casas, en las familias de bien, de las que se muestran cariño y respeto, ellos también tenían sus costumbres y sus historias, existían guiños, frases y coletillas que sólo los escasos cuatro miembros de aquel clan entendían y que dentro de muchos años, si no perdían la capacidad para hacerlo, recordarían con añoranza y alguna lagrimica en los ojos.

Una de esas coletillas surgió por casualidad una noche en que las camas de la vieja casa se habían juntado en el único dormitorio que quedaba fuera del alcance del ruido de la calle, una semana de fiesta, para que todos pudieran conciliar el sueño. En medio de la noche, con la luz ya apagada, salió de una de las voces cantarinas.
- ¡Good ass!- desembocando de inmediato en una gran carcajada conjunta.
- Good ass es buen culo.
De nuevo muchas risas seguidas de la misma voz.
- Pues eso, ¡good ass!
Se oyeron algunos murmullos de ratones y la voz más pequeña que no quería quedarse atrás nunca añadió:
- And very very pooh.(pronunciado pou)- Risas y más risas.

Y así fue cómo se gestó la forma en la que desde entonces la familia de cuatro se deseaba las buenas noches en aquella casa.

¡Good Ass!

Una luz

- Mami, esta semana es la semana de la discapacidad. Pero no debemos llamarlo discapacidad sino capacidades diferentes. Porque esos niños no tienen discapacidad, porque pueden hacer un montón de cosas, sólo que tienen capacidades distintas.

Así que ya sabéis.

Y qué capacidad tiene mi niña para ensancharme el corazón.

Los abuelos del facebook

¿Sabéis esos padres que desde muy chiquitillo te dicen que no te metas en peleas, que no le faltes a nadie, que tengas mucho cuidado en alejarte de los enfrentamientos y de las disputas, que no insultes, que no te pegues, que no te pelees con nadie, que pongas la otra mejilla, que no te piques, que huyas, que los cementerios están llenos de valientes, que no respondas a una provocación, que pegarse es de gente baja y que no te han pagado los estudios para que te líes a tortazos con nadie? Pues eso han sido mis padres con mis hermanos y conmigo desde que tengo uso de razón y supongo que antes. 

Y ahora resulta que después de tanto predicar y predicar, en sus ratos de asueto, a dúo, cada uno por su lado armado de su portátil, se dedican a liarla parda en el facebook (gracias a Dios que no han descubierto aún el twitter), llamando hijueputas, mal nacidos, analfabetos, desgraciados o imbéciles en el mejor de los casos a todo quisqui que se les encara o que dice algo de lo que discrepan. Pero ¿desde cuándo alguien es imbécil por no pensar como uno mismo? ¿Dónde están esos padres que nos criaron en el respeto hacia el otro? Se han convertido en unos macarras. Y una cosa es decirlo y otra cosa es leerlos, que a mí me sube y baja la tensión alternativamente conforme voy leyendo sus comentarios. Vamos, que la otra mañana, desayunando, un poco más y me atraganto con el café al leer en todas sus letras: "Franco, que resucite YA".  Que creo que me dio hasta taquicardia. Ay Dios mío. Y todos sus contactos leyéndolo igual que yo. ¿Qué pensará la gente de nosotros? Si yo sé que mis padres no son franquistas ni nada que se les parezca, si siempre han sido muy abiertos de mente. ¡Si mi madre odia las monjas! Lo que tienen es comunistofobia, agravada en épocas de elecciones, como si fueran a invadirnos los bolcheviques. ¡Es que no pueden, no pueden ni verlos! Preferirían que traficáramos con órganos antes que hacernos comunistas. Es algo patógeno. No los soportan, ven a alguno asomar en alguna noticia y se ponen histéricos. ¿Dónde están esos padres que nos pedían que contáramos hasta cien antes de responder a una afrenta? No, estos son de gatillo rápido. Y ya cuando se nombra al coletas, es que se desata en ellos una especie de síndrome de Tourette a lo bestia, y venga soltar sapos y culebras, y venga dar palos a diestro y siniestro, toma y toma, no dejan piedra sobre piedra.

Estamos mis hermanos y yo asustados pensando que algún día alguien se tome en serio sus arengas. Lo menos malo serían los 200€ que costaría cada insulto. Habría que pedir un crédito, pero bueno. Ahora bien, imaginad el escándalo, "una pareja de abuelos imputados para hacer apología del fascismo" y la foto al lado de los dos. Y que a los nietos les digan en el cole, mira tus abuelos. ¿¿Por qué no piensan en sus nietos??? ¡¡Qué culpa tienen las criaturas!! Si cultivaran maría, nos daría menos fatiga. 
Desde que están así, los tres (mis hermanos y yo) estamos muy asustados. Desde luego. Pero ¿qué hacemos? A ver, ¿qué hacemos?


Blue mood

Ya está. 
Los catetos se han enterado y han acabado con las existencias. 
Les ha costado quince días entender la noticia, lo comprendo, les cuesta, les cuesta, pero finalmente ha ocurrido y ya no hay queso tostado entrepinares. 
Ese mismo. El que ha ganado la catorceava medalla en el Quesos championship contest of the World. 
Dos semanas saboreando ese fino manjar con tostadas de pan de centeno mojado en aceite de oliva.
Hoy cuando he llegado, el corazón ligero por las promesas de deliciosos desayunos por vivir, aún desconocedora de lo que iba a ocurrir, y me he encontrado con el estante absoluta y completamente vacío, he comprendido en seguida que mis anhelos se habían desparramado entre quesos anodinos e insulsos  ¿para siempre?
No iba a rendirme tan pronto. ¡No! He pensado que no me costaría tanto recorrerme los mercadonas de toda la provincia, mandar a mis padres, hermanos y familiares en busca de un trozo del anhelado queso. 
¡Pero no! Sería engañarme, caer en otra adicción, y ni siquiera debería planteármelo. El queso curado no tiene cabida en la dieta. Es lo malo que tiene lucir cuerpazo. Así que he decidido tomármelo como un designio de ¿Dios? o al menos del God of fitness, y no intentar conseguirlo de ninguna manera. 
Mañana, cuando entre lágrimas de desasosiego, devore el último trozo de queso que me quede, sólo podré resignarme a volver a la triste tostada con atún.
No me habléis ahora. Quiero estar sola.

jueves, 22 de noviembre de 2018

El spam

¡Que lo van a aprobar! ¡Que nos van a poder mandar spam electoral! Pero eso no es lo peor, que malo ya es un rato, pero admitamos que ya nos hemos acostumbrado. Yo, por ejemplo, al principio, se me llevaban los demonios cuando veía que se me metía spam ruso en el blog, no sé con qué interés. Pero ya me he ido adaptando a ello y ahora cuando veo que quien me visita es el fazanal.com, pues como que ya me da un poco igual. Con qué interés una página con un nombre tan sugerente acaba visitando el blog de una mamá de casa, ¡no lo sé! Pero para mí ya es algo así como pintoresco, que se sale de lo común. O cuando recibo algún mensaje del ITunes alertándome de que mi cuenta ha sido bloqueada o alguna notificación de la Apple Store por no sé qué mierda de app de juego que me va a cobrar por superar no sé qué nivel. Si no voy a tener un Iphone en mi vida, ni nada que lleve una manzanita, porque yo soy más de kiwi, la manzana me estriñe, pues les dejo mandarme todas las notificaciones que quieran y ya está.
Pero lo peor no es que nos vayan a mandar spam electoral. No. Lo peor es que amenazan con meternos en bases de datos según nuestros perfiles ideológicos, ¡¡a lo Donald Trump!!! OMG!! que van a dar luz verde para que puedan rastrear nuestras actividades en la red. Pero ¿de qué puta mierda de estado opresor estamos hablando???? 

Intento tranquilizarme, respirando pausadamente, mientras se me dibuja en la cara esa mueca que esbozan los perros parecida a una sonrisa justo antes de soltar el bocado, pero es que una se harta de esta panda de mediocres que ya no saben qué maquinar con tal de controlar el aparato político y apalancarse en sus sillones. 

Pero ¿qué os voy a contar a vosotros que os buscáis las habichuelas a lo legal, que lo que tenéis os lo habéis ganado con sudor, trabajo y esfuerzo y que aunque no creáis una puta mierda en nuestro sistema judicial seguís respetando esas leyes día a día? 

Como esta panda de ... empiecen a olisquear en mi vida virtual para meterme en no sé qué mierda de base de datos-

Y entonces mi marido puso en pause el episodio asqueroso de la octava temporada de los Walking Dead donde hacen hachis parmentier a cientos de zombis con una picadora de carne gigante y pausadamente me dice.
- Pero vamos a ver. Si con ver una foto de perfil del facebook, un comentario a una noticia o un retweet ya sabemos de qué pie cojea cada uno. Si esas listas ya las tendrán hechas. Ahora querrán aprovecharlas para mandarles publicidad. ¿O tú los ves a estos trabajando para el Mossad o los rusos? Con lo espabilaos que son.

Y así fue cómo mi marido dio al traste en un momento con cualquier intento por mi parte de liar una revolución a lo mayo del 68 o de montar una barricada en la calle. 

martes, 20 de noviembre de 2018

Martes con sabor a jueves

Mal vamos cuando se tiene cuerpo de jueves un martes.

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Y ahí estaba ella, en primera fila, adelantada a todas las demás, contemplando su reflejo a la vera del monitor de gym, marcando su posición de number one sobre las otras, en su lucha eterna contra los kilos. No es que marcara siempre su territorio, sino sólo cuando los focos requerían de la presencia de alguien. Esa primera plaza en la clase de fitbodyweighcontrol se la había ganado a pulso, a base de encargar tartas de fondant y muñecas fofuchas a lo largo de los años. El pasado 27 de octubre, el dueño del gym incluso le había dado las gracias en el Facebook a "ELLA", tan fabulosa, antes que a su propia mujer por el magnífico vídeo conmemorativo que le había regalado para su 37avo cumpleaños. Con la tarta preceptiva. Ahí estaba ella, la number one, sabiéndose importante, radiante por la sudaera que estaba pasando al lado del profe de gym que les estaba dando una caña del copón (me pareció ver la huida al cuarto de baño de un par de estas damas), ella, la siempre elegida delegada de padres, la miembra excelsa del consejo escolar, la supervisora de puestas de banda y festejos varios.
Y yo desde la primera planta, dándole duro a la elíptica, contemplando el espectáculo de mi delegada de padres, la que nunca me ha visto ni me ha mirado ni me ha saludado, preguntándome si imagina la curiosidad antropológica que despierta en mí.


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- ¡Qué guapa vienes hoy!
Acostumbrada que están tod@s a verme en falda.
- Es que voy depilada, y mientras dure. (sonrío)
Y por ese glamour que despido es por lo que nunca me dejarán dar saltitos en primera fila junto al monitor de gym de la clase de bodybuildingweighpaintetc...

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Se la he hecho y me he quedado en la gloria. Porque esta vez no me he cabreado. Ni me he sublevado. Ni me he puesto a perseguir su coche como una posesa con sed de venganza como el camionero del Diablo sobre ruedas. Ni me he puesto a proferir insultos en arameo en el coche hasta desgañitarme la garganta, de esos que te cambian el color de la cara y la voz, como si fuera la reencarnación de la niña del exorcista. No. He bajado elegantemente la ventanilla del coche y he asomado mi dedo medio, mayor, de corazón o cordial, aunque a mí me gusta llamarlo dedo sacro. Para que lo viera claramente, que lo ha visto, y a continuación, cuando ha pasado junto a mí, he esbozado una sonrisa entrañable. Porque ese simple gesto significaba tanto. Ahí la llevas, bonito.
Últimamente ya no me relaja tanto conducir. Y no es por mí. Si yo voy muy tranquila, a cien kilómetros por hora en la autovía, voy bien, prudente, sin necesidad de ir cagando leches. Tomando en cuenta que mi coche tiene ya dieciséis años, no me voy a poner a hacer el fitipaldis a riesgo de que implosione y me deje tirada en medio de la calzada. No invertí 600€ este verano en arreglarle el cacharro del aire acondicionado (más de lo que vale el coche, como se cachondeó el mecánico que lo intervino) para cargármelo ahora. Ahora bien, cómo me cargan todos esos gilipollas que circulan a la misma hora que yo. Y cada vez son más y más insistentes. Ya ni intentan disimularlo. Como el tonto este del Mercedes que por sus santos cojones tenía yo que tirarme a la cuneta para dejarlo pasar. Me he pasado por ahí tus cambios de luces y tus pitazos y la peineta, te la has tragado tú, imbécil.


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Don señor del Mercadona, por favor, no retire nunca la sopa de mijo, por mucho aspecto a cagarruta que tenga. Sabe a sopa de miso y me ha gustado.
Ni tampoco la crema de espárragos fresca.
A sus pies.


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Las cadenas principales echando todas programas sobre Franco no sé con qué fin, que tengo yo grabados especiales sobre amebas que han despertado en mí más interés. Menos mal que siempre me quedará la cadena Ten y sus "Descuartizando a mi vecino" "Casos sangrientos del FBI" "Adolescentes criminales", "Asesinos múltiples" etc. Gracias y buenas noches.



jueves, 15 de noviembre de 2018

Micropensamientos del jueves que comienza

A todos los que os metéis por el carril de la derecha, en los tramos en obras de la autovía, a sabiendas de que os estáis colando, porque pensáis que tenéis más derecho que los demás a llegar a tiempo a vuestros destinos, sois puta basura.

Y entonces por el retrovisor, vi cómo aquel camionero que iba a tres o cuatro coches por detrás de mí, con su enorme remolque blanco, se desplazó justo hasta ocupar el medio de los dos carriles y evitar así que se colaran más desgraciados, iluminando mi mañana. Sonrisa enorme (casi tanto como su remolque).

Hoy, hace viento, sol y nublado. Me recuerda Cork.

martes, 13 de noviembre de 2018

Mardi

Arrasada, destrozada, anímicamente anulada, compruebo el calendario y no me puedo creer que aún estemos a martes. Y todavía queda lo mejor de la semana por llegar que es el jueves. Pero ¿¿¿WTF??? 
He perdido mi pen 
(no Andrés, estoy buscando mi pen, no mi nepe, es un pendrive blanco del IES donde trabajaba mi marido, o sea que técnicamente no era mío y menos mal que andaba medio vacío de todo, ya no se guardan cosas en los pendrives, yo al menos no, que para eso tengo el gmail y el dropbox. Y sí, he dicho nepe ante una clase llena de niños púberes de 15 años, pero es que creo que se trata de una palabra bastante divertida e inofensiva, así que si queréis quemarme, quemadme por favor, en mi estado actual no tardaría mucho en consumirme) 
(Mis niñas de hecho ya no dicen delfín con ruedas sino nepe) 
(Vamos a ver. Que mis hijas sepan que existe un subgénero humano que se dedica a dibujar nepes en muros, farolas y cocheras comunitarias no me convierte en corruptora. Pero no se van a tapar los ojos cada vez que vean una de esas obras de arte) 
(Los mojigatos son los peores)
(Y voy a dejarlo aquí que me enfango)
Le he dado creo que tres veces a ese mierdas. Bueno a su coche. El del típico anormal que tiene que ocupar dos sitios en lugar de uno. Es lo bueno de llevar una tartana. Que puedo estar dando por delante y por detrás hasta que el coche queda perfectamente encajado.
He dedicado dos horas a escribirle la exposición en English y pegar un montón de goma eva por todo el trabajo que la pequeña tiene que presentar mañana. Ha quedado tan chuli como si lo hubiese hecho ella sola. Sigo teniendo ese je-ne-sais-quoi para hacer trabajos manuales de niños de cinco años. Literalmente. Y ya son las 9 de la noche y todavía no me he duchado. Pero he tenido que hacer un montón de cosas in between porque ahora mismo no me siento las piernas. Como la cazuela de pescado con su cebolla y tomate triturados para que las princesas no se encuentren trocitos, y sus gambas fritas y peladitas, para que no encuentren sus cáscaras y su fumet de rape coladito para que no encuentren huesitos: huele deliciosa. Todavía no me he duchado y son las 9. Y mañana habrá otro montón de cosas que hacer. Que pregunta la orientadora que qué tengo preparado para el día contra la violencia de género que es el 25 de noviembre. Y eso es dentro de- mierda, doce días. Pues básicamente nada. ¿Y tú? Aaah, ¿que te han dado información sobre esto y aquello y lo otro también? Ese taller parece una pasada. Aaah, pues mira qué bien. Y a mí que no me informan ni nadie me habla de nada. Fíjate. ¿Que quieres hacer qué con señales de tráfico? Maravilloso maravilloso. Pero ¿las señales es para hacerlas o comprarlas? ¿Comprarlas? Pero es que me temo que no disponemos de dinero para eso. Me temo que no. Sí, increíble, lo sé. Pero háblalo con, claro. ¿Que mañana me reúna contigo cuándo? ¿Mañana? Es que mañana es mi mañana Mercadona. Sí sí sí sí sí. Cuenta conmigo. En cuanto llegue del Mercadona... 

Y luego dirán que me paso los días a tocarme el... 

Buenas noches. 

lunes, 12 de noviembre de 2018

El papelico

Esta tarde se me ha roto el papelico que me ha acompañado durante cinco meses justo cuando había decidido sustituirlo por otro con variantes en algunos ejercicios. Cinco meses sacándolo cuidadosamente de la funda del móvil para dejarlo junto a él y los cascos, o en el suelo, o encima del banco de abdominales, a veces sentándome encima por no saber muy bien qué hacer con él. Sé lo que pone en el papelico de memoria.

60 jumping jack
15 mountain
10 sentadillas cruz de hierro
15 flexiones
10 sentadillas salto
20 abdominales
10 burpees
15 triceps y dale la vuelta
50 trotes
10 sube y baja plancha
10 abdo revés
10 tijeras
1 plancha
20 bíceps

Lo malo sería lo contrario, que no me lo supiera de memoria, después de haber realizado esta rutina prácticamente cinco veces por semana, durante cinco meses. Cinco meses incapaz de no hacerlo todo desde el principio sin echarle al menos un vistazo al papelico. Meno mal que inteligencia o memoria no es lo que se lleva hoy en día. Y lo tengo que poner en algún sitio porque durante un tiempo de mi vida, he jurado por ese papelico, he dejado de hacer muchas cosas por culpa de ese papelico, y he hecho también muchas otras impensables hasta la fecha. Y todo por el papelico. Así que le debo un pequeño homenaje y un trozico de este diario, para recordarme dentro de mucho tiempo que una vez también fui así.



miércoles, 7 de noviembre de 2018

Los vicios de mamá

Hijas mías, leí una vez (en realidad fue la semana pasada, y fue un meme que colgó en el facebook una de las madres americanas medianas) que pese a lo fea y desastrada y amorfa que mamá se vea, mamá también tiene que salir en las fotos de vez en cuando, porque el día de mañana, no os importará nada lo fea, desastrada o amorfa que se viera en la foto mamá, guardaréis esas fotos como oro en paño.

(Un momento por favor, que me acabo de emocionar, para que me suene los mocos).

Pero sabéis lo que le cuesta a mamá salir en las fotos, porque ella es de la era preselfie, que es como decir del pleistoceno, no tiene ni idea de cómo agarrar el maldito móvil, que salgamos todos encuadrados, darle al botón a tiempo y que no se vaya a la mierda, y al fin y al cabo alguien tiene que echar la foto, así que para paliar esa falta de instantáneas, yo os dejaré además este blog para que cuando lo leáis, os acordéis de lo loca que estaba vuestra madre.

Y adicta. Esas son dos de sus facetas más características. Habréis comprobado a lo largo de los años lo fácil que mamá se engancha a las cosas y lo mucho que pelea por no caer en nuevas adicciones o por quitárselas de encima. Y por eso mamá no echa monedas a las tragaperras ni nunca probó las drogas. Porque en el espacio de una semana, o dos a lo sumo, habría acabado con una sobredosis de heroína, metanfetamina, esteroides o vete tú a saber qué otro tipo de sustancia. Y sabéis lo muy ocupada que está siempre mamá para andarse con tonterías que apenas consigue llegar a las diez de la noche para arrastrarse hasta el sofá.

Cariños míos, espero de corazón que esto de las adicciones no sea genético, aunque antecedentes hay en ambas familias. Estáis avisadas, tomad precauciones, no caigáis en adicciones que puedan costaros dinero y/o la salud.

De todos modos, hay vicios malos, diagnosticables o en proceso de estudios, y otros que aun no han sido catalogados o nunca lo serán. Como es lo mío con el Mercadona. Que ya remonta a la abuela que es una de las pocas detentoras de una tarjeta Mercadona. Sí. Existen. Seguro que habéis visto muchas tarjetas del Corte Inglés pero ninguna del  Mercadona pues sólo unas pocas acceden a ese club selecto, el de las detentoras de tarjetas Mercadona y yo estoy en proceso de ser una de ellas.

Sí. Me encanta y me relaja ir de compras al Mercadona. Ahora mismo tengo la melodía en la cabeza.  Empecé a ir al Mercadona cuando abrieron el primero en el Camino de Ronda, en Granada, si no recuerdo mal en el 2000 o 2001. He sido fiel al Mercadona desde entonces y no trago a los antimercadoners. Algún día les dedicaré una entrada. Ahora mismo estoy en un momento zen que me impide escribir toda la mier- en negativo. Recuerdo cuánto me traumó el anuncio hace exactamente un año de que iban a remodelar "mi" Mercadona y que este iba a estar cerrado durante todo el mes de diciembre. ¡¡Un mes entero sin ir al Mercadona, o sea cuatro veces!! ¿Qué iba a hacer yo durante un mes y más el de Navidad??? ¿¿Ir a un Lidl o peor aún a un ¡¡Carrefour!!???? (La música es algo pegajosa, cuesta quitársela de la cabeza). Hasta que me acordé de que había otro Mercadona cerca, uno más minino y más de barrio, eso sí, pero Mercadona al fin y se me pasó el susto. Además el nuevo quedó monísimo.

Incluso Julio no ha logrado hacerme desistir de ir al Mercadona. Y mira que durante unas semanas estuve pensando en cómo deshacerme de él. Julio intenta llevar el uniforme del Mercadona con dignidad y por ello se peina con esos tupés rocambolescos que lleva la juventud hoy en día y lleva barba. Pero digamos que la juventud es probablemente su único atractivo, y eso si fuera Isabel Báthory y me alimentara de la sangre de vírgenes. Y cuando este locuaz jovenzuelo que me había atendido en tantas ocasiones en su caja correspondiente pero que no me caía ni bien ni mal por oírlo en una ocasión (no se dan cuenta de que las clientas escuchamos las conversaciones que mantienen entre los yogures griegos y las galletas de espelta) criticar a otros compañeros, se dirigió directamente a mí con un
- Parece que hayas esperado a que abriera esta caja para ponerte aquí-
Mi boca dibujó una enorme sonrisa de "WTF???" y murmuró algo ininteligible, casi tanto como lo que acababa de oír. Hubo un amago de conversación por su parte, me preguntó lo que iba a hacer por la tarde, que si ya estaba libre, "no, mira, tengo a las niñas con su academia y el gimnasio, y limpiar y eso, pero por qué le estoy contando mi vida a esta persona???". Fue algo absolutamente traumático pues me estaban incordiando justamente en la zona más de confort de todas mis zonas de confort, ahí donde siempre había sido feliz, y además con un uniforme que para mí representaba todos los valores del Mercadona. Una aberración.

Total, durante unas semanas pensé en cómo evitarlo así que mandé a vuestro padre a comprar, que fue cuando descubrió los packs de cervezas. Pero claro me puso triste no poder ir yo misma. Así que os llevé a las dos como escudos humanos. Gracias a Dios no ha vuelto a suceder nada. Fue una confusión. Puede que malinterpretara su "amabilidad". Pero juro por San Homobono que no volveré a ponerme en la caja de Julio, y que me mantendré en todo momento a una distancia prudencial del muchacho para que nadie se imagine cosas raras. Ahora bien, nunca dejaré de ir al Mercadona.

Se nota que he ido hoy, ¿verdad? Y que ha sido mi momento feliz del día. Seeeh. Mercadoooona, Mercadona. (dichosa canción).

I love you mis niñas. Mami está loca. 


lunes, 22 de octubre de 2018

Lundi

Los antiguos augures de Roma me habrían vaticinado un lunes regular después de tirarme media hora persiguiendo contenedores de Cáritas por todo El Toyo para soltar la ropa que me ha quedado grande. Tres de tres. Llenos hasta los topes. En uno incluso un viejo tenis Adidas bloqueaba la puerta. Y mañana teniendo que ir al Mercadona. ¿Dónde voy a meter las 18 botellas de agua con los dos bolsones de Ikea a rebosar de ropa? ¡Que ahora que los tengo dentro no los voy a sacar otra vez fuera! Qué estrés. A lo mejor es una señal divina del cielo de que no puedo donar mis vaqueros Mango de la 42 porque los voy a necesitar de nuevo. 
Qué espanto. 
Y es que... 
No sé si puedo confesar algo así. 
Porque no es la primera vez que me ocurre en este largo proceso, aunque siempre supone el mismo terror ingénito a volver a lo de antes.
¡¡Síiiiiiii!! ¡¡Aayyy!!
He engordado un kilo. 
¡¡Es lo peoooor!!
¿Ya está? ¿El sueño de parecer una barbie pija se acabó? ¿De codearme con las flacas? ¿De probarme ropa de adolescentes? ¿Volveré a ser la de antes? 
Claro que es lo que tiene irse de puente con la familia, tres kilos de bizcocho casero de la Tahona, un millón de quintos de cerveza Estrella Levante en oferta en el Carrefour y que tu madre lo cocine todo con tocino. ¿Asado al horno de leña? Con mucho tocino. ¿Arroz a la lumbre? Como no, con tocino. Es como si hubiera intentado inyectarme en vena la grasa que he perdido. Entiendo que para la familia, después de 40 y pico años, el que yo haya pasado a ser la flaca ha supuesto un golpe bajo y es posible que me haya cargado el orden divino. Pero me niego en rotundo a cumplir con los designios de mi madre. 
Así que llevo desde el viernes pasando hambre. A base de bíceps, he logrado meter la bolsa Ikea que contenía los dichosos vaqueros en  uno de los contenedores. Ya está. Hecho. Ya no puedo engordar más si no quiero hacer el ridículo más espantoso llevando unos pantalones demasiado pequeños, como en esas fotos de gente embutida en leggings minúsculos que cuelgan en el facebook.
Y no llamo a Cáritas para quejarme de que ya ni una buena obra puede hacer una, no vaya a ser que me pidan que les lleve yo misma la ropa, que en Cáritas siempre están lampando (o como dicen en mi casa, ampando) por gente que eche una mano. 
Llevo con esta sufrimiento desde el viernes que fue cuando me pesé en el peso oficial de los viernes (por 20 céntimos te dicen tu PI, tu IGC y también tu IMG) y se me cayó el universo encima. 
Mientras empujo la bolsa para dentro, de pronto recuerdo que sólo me he traído dos mandarinas para desayunar y que puede que sea poco, sobre todo si el lunes resulta ser una mierda y necesito ingerir más calorías para aguantarlo. Compruebo lo que temía y es que efectivamente sólo llevo unos céntimos. Y en la cantina no tienen más manía que calentar las cañas de chocolate al horno. ¿Sabéis cómo huelen los pasillos? Pero no, resistiré, resistiré porque tengo un propósito que es llegar a mi cumpleaños con ese kilo menos. Así que habrá que saborear las mandarinas y pensar en otra cosa. Hoy de comer, gurullos. Pero sin pasarse que después en el gym no hay quién levante el culo. Total, solo tengo guardia de recreo precisamente en la cantina, para controlar que los chicos no se descontrolen y ver pasar ante mis ojos unos doscientos alumnos y alumnas y sus paninis de atún y sus bocadillos de jamón serrano y de tortilla y sus cañas de chocolate. Y yo con mis dos mandarinas.
Hay que ver los obstáculos que te pone la vida a veces. Ay. 

martes, 16 de octubre de 2018

La metáfora del gato y de la cuchara II

El caso es que la niña trajo ayer tarea. Mucha tarea. De lengua, sociales y mates. Algo de una criba del atóstenes, cuatro preguntas resúmenes del tema  de los trogloditas y ejercicios de lengua. Porque hay dos clases de profes. Los que anualmente optamos al título del más popular y "les enfoirés"que mandan millón y medio de tarea todos los días, no vaya a ser que a los angelicos se les olvide la cara que tienen. Vamos a ver señores. Y ahora, ¿cómo compagino todo esto con las clases en el conservatorio, el ballet, el inglés, el chino y el curso de programación? Que me lo expliquen. 

Total, después de comer, la niña se sienta en la cocina (gástate un pastizal en un trendy office del Ikea para que acaben haciendo los deberes en la cocina) desde donde a voces nos va preguntando sus cosas de lengua. Que si comparación, que si hipérbole, y ahí es donde surge la gran pregunta de la tarde. "Decidme una metáfora con un gato y una cuchara". Medio atontada en el sofá del salón, mi cabeza empieza a darle vueltas al gato y a la cuchara. Una metáfora, hasta donde yo recuerdo, es una comparación sin nexo. pero ya no recuerdo cómo se hacía. Cojo el móvil y busco en el chrome, ejemplos de metáforas

Tus ojos son dos luceros. 

Mi gato es una cuchara. La cuchara es un gato. WTF. Pienso en el gato y en el lugar en el que puedo encajarle una cuchara. Mae mía, ni al que aso la manteca. Pienso en las circunstancias que llevan a un ser a concebir semejante enunciado de un ejercicio. Venga, en serio. 
- Nena, ¿te vale lo de "quiero ser el gato que lama tu cuchara"?
- Pero ¿cómo va a poner eso?
- Dime tú alguna, listo.
- Mi gato tiene cola de cuchara.
- ¿Y cómo es una cola en forma de cuchara?
- Pues con la punta más ancha y aplastada.
- O sea que tu gato es un castor.
- mejor dicho, un ornitorrinco. 
- Me quedo con lo de "quiero ser el gato que lama tu cuchara". Nena, ponlo.
-¡Mamá!
- Eso no lo puede poner.
- A ver y esto. Se comió el bizcocho de la forma en la que un gato lame una cuchara... Mierda, esta tampoco vale, que es una comparación... Pon lo de la cola en forma de cuchara.

PD: Sí, claro que lo busqué en internet. Y ¡ô sorpresa! Hay en google 81.400 resultados sobre la metáfora del gato y de la cuchara. Pero ninguna respuesta parafraseable. Hay que joderse. Que está en Primero de la ESO, no haciendo un máster en estudios hispánicos. Deseandico estoy de que llegue la niña hoy para preguntarle cuál ha sido la solución de la seño. Que espero que tenga una y convincente y no copiada del rincón del vago. Porque si no vamos a solicitar una entrevista para saber el propósito de la metáfora. Que la dichosa metáfora me ha costado  una siesta y dos entradas del blog. 

Que pasen un buen día. 


lunes, 15 de octubre de 2018

La metáfora del gato y de la cuchara I

Sí. 

En un mundo paralelo al de los profes, al otro lado del espejo, está el mundo de los creadores de libros de texto. Y sabedores de que detentan la llave para destruir nuestro universo, lo que por ende los hace intocables, de vez en cuando se permiten gastarnos alguna que otra broma. Una frase soltada al azar en una página aleatoria. Un ejercicio inconexo. Algo que incluso a veces pasa desapercibido. Aunque otras veces no.

Siempre que me dejan a mí, la abuela cebolleta de la asignatura de francés, contar mis historietas, rememoro aquel episodio de los pronombres personales COD. Ay Marie Palomino. Cuántas veces te he nombrado. Clase de 3º de la ESO del 2008, un montón de niños y niñas efervescentes, aquel ejercicio no revestía demasiada dificultad. 

Remplacer le complément d'objet direct par un pronom:
frase 1
frase 2
frase 3
frase 4
Mon lapin mange la pizza. -> Mon lapin la mange.

En plena explicación sobre la pronominalización, traduzco sin prestar mucha atención las frases conforme se corrigen, y en cuanto oigo las primeras risotadas ahogadas, caigo en la cuenta de lo que acabo de decir. Mi conejo come la pizza. Mi conejo la come. 

Sí. En un segundo, había perdido la pronominalización y a los niños para siempre. Gracias, Marie Palomino, por esas risas que nos echamos, y porque por más que me matara viva explicando y contando y desgranando todo lo que sabía de Francia y de la bella lengua gala, aquellos alumnos se acordarían siempre de mí porque mi conejo comía pizza. 


domingo, 14 de octubre de 2018

Onírico


Micropensamientos de la mañana de un jueves prepuente

♩♫♪♬Yo no me llamo Javier Yo no me llamo Javier ♩♫♪♬ 
 ¡¡Ahí va la leche si esta canción me suena, si yo la escuchaba en el reservado del Roque!! ¿Rock Fm? ¡No! ¡Qué va! ¡Si es Sí FM!♩♫♪♬Deja ya de joder Yo no me llamo Javier Yo no me llamo Javier Deja ya de joder♩♫♪♬ Aunque la recordaba más movidita, más roquera, el Javier ese parece que está empanao. En fin. Eso sí era música y no la mierda que ponen ahora en la Gozadera.

Crisis del virus finalizada después de mantenernos secuestrados cinco días. La próxima vez que tengáis una crisis existencial, recordad que hay un puto virus cuyo único propósito vital es el de provocar diarrea.

De los creadores almerienses de la semana de puente de la Inmaculada en el 2016, (nueve días de puente escolar, sí, quince días antes de Navidad, sí, del 3 al 11 de diciembre, y los padres trabajadores muy felices, también) vienen los días extraordinarios temporada 18/19 de los maestros, como hoy 11 de octubre, donde sólo los maestros hacen puente. Ffff...

Desde que peso 58 kilos y tengo abdominales, me he dado cuenta de que me cuesta reír y que el ingenio que me gastaba ya no me sale tan naturalmente. Una de dos, o ya no necesito hacerme la graciosa, o existe una correlación directa entre la ingesta de hidratos de carbono y el fino arte del humor y de la ironía. 

Puente o no puente, el jueves sigue siendo mi peor día de la semana y hasta las 3 de la tarde no habrá nada que lo mejore.