miércoles, 7 de noviembre de 2018

Los vicios de mamá

Hijas mías, leí una vez (en realidad fue la semana pasada, y fue un meme que colgó en el facebook una de las madres americanas medianas) que pese a lo fea y desastrada y amorfa que mamá se vea, mamá también tiene que salir en las fotos de vez en cuando, porque el día de mañana, no os importará nada lo fea, desastrada o amorfa que se viera en la foto mamá, guardaréis esas fotos como oro en paño.

(Un momento por favor, que me acabo de emocionar, para que me suene los mocos).

Pero sabéis lo que le cuesta a mamá salir en las fotos, porque ella es de la era preselfie, que es como decir del pleistoceno, no tiene ni idea de cómo agarrar el maldito móvil, que salgamos todos encuadrados, darle al botón a tiempo y que no se vaya a la mierda, y al fin y al cabo alguien tiene que echar la foto, así que para paliar esa falta de instantáneas, yo os dejaré además este blog para que cuando lo leáis, os acordéis de lo loca que estaba vuestra madre.

Y adicta. Esas son dos de sus facetas más características. Habréis comprobado a lo largo de los años lo fácil que mamá se engancha a las cosas y lo mucho que pelea por no caer en nuevas adicciones o por quitárselas de encima. Y por eso mamá no echa monedas a las tragaperras ni nunca probó las drogas. Porque en el espacio de una semana, o dos a lo sumo, habría acabado con una sobredosis de heroína, metanfetamina, esteroides o vete tú a saber qué otro tipo de sustancia. Y sabéis lo muy ocupada que está siempre mamá para andarse con tonterías que apenas consigue llegar a las diez de la noche para arrastrarse hasta el sofá.

Cariños míos, espero de corazón que esto de las adicciones no sea genético, aunque antecedentes hay en ambas familias. Estáis avisadas, tomad precauciones, no caigáis en adicciones que puedan costaros dinero y/o la salud.

De todos modos, hay vicios malos, diagnosticables o en proceso de estudios, y otros que aun no han sido catalogados o nunca lo serán. Como es lo mío con el Mercadona. Que ya remonta a la abuela que es una de las pocas detentoras de una tarjeta Mercadona. Sí. Existen. Seguro que habéis visto muchas tarjetas del Corte Inglés pero ninguna del  Mercadona pues sólo unas pocas acceden a ese club selecto, el de las detentoras de tarjetas Mercadona y yo estoy en proceso de ser una de ellas.

Sí. Me encanta y me relaja ir de compras al Mercadona. Ahora mismo tengo la melodía en la cabeza.  Empecé a ir al Mercadona cuando abrieron el primero en el Camino de Ronda, en Granada, si no recuerdo mal en el 2000 o 2001. He sido fiel al Mercadona desde entonces y no trago a los antimercadoners. Algún día les dedicaré una entrada. Ahora mismo estoy en un momento zen que me impide escribir toda la mier- en negativo. Recuerdo cuánto me traumó el anuncio hace exactamente un año de que iban a remodelar "mi" Mercadona y que este iba a estar cerrado durante todo el mes de diciembre. ¡¡Un mes entero sin ir al Mercadona, o sea cuatro veces!! ¿Qué iba a hacer yo durante un mes y más el de Navidad??? ¿¿Ir a un Lidl o peor aún a un ¡¡Carrefour!!???? (La música es algo pegajosa, cuesta quitársela de la cabeza). Hasta que me acordé de que había otro Mercadona cerca, uno más minino y más de barrio, eso sí, pero Mercadona al fin y se me pasó el susto. Además el nuevo quedó monísimo.

Incluso Julio no ha logrado hacerme desistir de ir al Mercadona. Y mira que durante unas semanas estuve pensando en cómo deshacerme de él. Julio intenta llevar el uniforme del Mercadona con dignidad y por ello se peina con esos tupés rocambolescos que lleva la juventud hoy en día y lleva barba. Pero digamos que la juventud es probablemente su único atractivo, y eso si fuera Isabel Báthory y me alimentara de la sangre de vírgenes. Y cuando este locuaz jovenzuelo que me había atendido en tantas ocasiones en su caja correspondiente pero que no me caía ni bien ni mal por oírlo en una ocasión (no se dan cuenta de que las clientas escuchamos las conversaciones que mantienen entre los yogures griegos y las galletas de espelta) criticar a otros compañeros, se dirigió directamente a mí con un
- Parece que hayas esperado a que abriera esta caja para ponerte aquí-
Mi boca dibujó una enorme sonrisa de "WTF???" y murmuró algo ininteligible, casi tanto como lo que acababa de oír. Hubo un amago de conversación por su parte, me preguntó lo que iba a hacer por la tarde, que si ya estaba libre, "no, mira, tengo a las niñas con su academia y el gimnasio, y limpiar y eso, pero por qué le estoy contando mi vida a esta persona???". Fue algo absolutamente traumático pues me estaban incordiando justamente en la zona más de confort de todas mis zonas de confort, ahí donde siempre había sido feliz, y además con un uniforme que para mí representaba todos los valores del Mercadona. Una aberración.

Total, durante unas semanas pensé en cómo evitarlo así que mandé a vuestro padre a comprar, que fue cuando descubrió los packs de cervezas. Pero claro me puso triste no poder ir yo misma. Así que os llevé a las dos como escudos humanos. Gracias a Dios no ha vuelto a suceder nada. Fue una confusión. Puede que malinterpretara su "amabilidad". Pero juro por San Homobono que no volveré a ponerme en la caja de Julio, y que me mantendré en todo momento a una distancia prudencial del muchacho para que nadie se imagine cosas raras. Ahora bien, nunca dejaré de ir al Mercadona.

Se nota que he ido hoy, ¿verdad? Y que ha sido mi momento feliz del día. Seeeh. Mercadoooona, Mercadona. (dichosa canción).

I love you mis niñas. Mami está loca. 


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