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lunes, 16 de marzo de 2015

Relatos salvajes

- ¿Qué estás viendo?
- Una peli. Es argentina.
- ¿Argentina? ¿Estás viendo una peli argentina?
- ¡Jaja! Ya sé lo que piensas, pero te digo que esta está buenísima.
- Ya. Argentina. El cine argentino es famoso en el mundo entero por sus grandes clásicos.
- Jaja. Ya estamos. Si los argentinos han dado muchas cosas buenas-
- Dime alguna.
- El tango, los asados, la pampa, mi madre. Mi madre es argentina.
- Ya está. Ya me has convencido. Y no te discutiré que Argentina es un gran país, con unos paisajes espectaculares, riquísimo en recursos naturales, y por eso, para compensarlo, Dios creó a los argentinos.
- Jaja, ¡cómo te pasas! La envidia te corroe porque todos sabemos que todo lo que sea argentino siempre es mejor. Las mujeres argentinas, la bollería argentina. 
- Acuérdate de lo que decía el pobre Miguel. "Che, si las mujeres españolas dejan que les crezcan pelos en los pezones!" 
- Jaja. Siempre me he preguntado cómo llegó a aquella conclusión. ¡Y ahora calla y déjame ver la peli!

... 

Dos horas de silencio después.

Buenísima. Grande. Cada historia más sorprendente que la anterior hasta llegar al clímax final. Una pequeña enorme obra de arte sobre la venganza. La venganza como a todos nos habría gustado al menos en una ocasión rozarla. Ineludible. 

miércoles, 25 de febrero de 2015

Un tranvía llamado deseo

A veces nos empeñamos en destruir recuerdos. Llevo semanas haciendo acopio de ellos antes de marcharme. Tal vez lo inteligente sería dejarlo todo en impresiones que se vayan diluyendo con el tiempo, olvidar y empezar de cero.


Anoche me puse a ver "un tranvía llamado deseo". Desde aquellos años de mis recuerdos siempre había querido a Blanche. La dulce y frágil Blanche. La dama mutilada por la bestia. Y anoche decidí verla de nuevo. Y mientras la veía, se fue corrompiendo un recuerdo bello envuelto en la ingenuidad de una edad impoluta. Podría haber detenido la película al darme cuenta de lo que estaba sucediendo. Pero me empeñé en saber más allá de la línea que separa la fantasía de la memoria, de la realidad. Y a través de mi mirada desgastada, sentí piedad por la trastornada que no se vuelve loca con la violación, que ya estaba rota, que ya estaba loca. Y ya no siento apego por Blanche. Lo siento, no puedo. La locura me aterra, me aterra tropezar y caer en ella.

He dependido tantas veces de la amabilidad de los extraños, tantas veces he sido expulsada de la cercanía.


A veces deberíamos dejar de perseguir recuerdos. 

miércoles, 2 de julio de 2014

En noir et blanc

Una de cine negro. En blanco e ídem por supuesto. Nunca un color sentó tan bien a un género.


Al cabo de un rato se revela la presencia de un individuo anodino, probablemente haya estado ahí durante todo el tema de cabecera. No hay nada digno de mención en él. Parece encajar absolutamente dentro de los parámetros de la normalidad. 
Aunque su porte... su porte da un poco de grima; su andar queriendo adoptar ademanes elegantes está a medio camino entre lo patético y lo ridículo, siempre al borde del tropiezo. 
Su rostro. Algo no va bien en el rostro. Es la mirada, es oscura, carece del brillo de las otras, de las francas, de las risueñas, de las que suelen adornar las grandes pantallas.
Y él sabe mejor que nadie que es un ser sin mucho sentido, un mediocre, el antihéroe genuino, perverso, torcido, perfecto, encerrado entre las cuatro paredes de una vida hermética cuya paleta de grises no destiñe, una existencia que ha desistido de los anhelos y sentimientos que les ha visto a los protas de las grandes epopeyas tragicómicas en cinemascope.

En la pantalla que sigue un curso lineal de pronto le sonríe la fatalidad, un momento efímero subgénero indigno de la gran aventura humana que le va a dar algo de sentido a su vida y a su muerte. La muerte aquí es contada, en voz baja, incolora, incluso indolora en algunas ocasiones. La sangre no se derrama nunca en blanco y negro. Tampoco el sexo. Y sin embargo la pantalla destila sexo, sangre y muerte, estos fluyen a borbotones.

Y me dormí. Y soñé. Que realmente Sebastian no murió aquel verano en España sino que siguió usando a su dulce primita Catherine como reclamo. Pero claro, la primita de tanto restregarse contra el indiferente se volvió una amargada y una resentida, y acabó enganchada a la botella. Y que la buena chica sin nombre se excitaba de noche recordando cómo su maridito había matado a la zorra de Rebecca. Y que por fin Morris murió y Catherine pudo volver a disfrutar plenamente de las locas noches de su soltería. Y que Eve acabó sirviendo café aguado en un dinner de la route 66 y haciendo servicios especiales de a 5$ detrás del reservado a quien quisiera escuchar su historia con la gran Margo. Y que Daisy y Tom  todavía se meaban al recordar como el tonto de Jay se había sacrificado por amor. Pobrecillo. Soñé... Disculpad los efluvios de una mente febril pero anoche soñé que vivía atrapada en las lianas de una peli de cine negro de serie B.


martes, 20 de mayo de 2014

Melancolía

A ver. Esto de ver cine independiente es como todo en esta vida. Cuando no se hace durante un tiempo, uno se olvida de cómo se hace. Y lo cierto es que me he pasado los últimos años enganchada a las pelis de Walt Disney. Dulces y puras e inocentes pelis de Walt Disney. Así que cuando vi que echaban una peli danesa de cine independiente en la 2, pensé, ¿por qué no intentarlo? Ahora o nunca. Tengo la ocasión perfecta para comprobar cuánto he cambiado o cómo de igual sigo. Además esta parece de las fuertes. Me refiero a que a mí me gusta hacer las cosas de golpe, a lo bruto, un buen chute, sin medias tintas, nada de empezar poquito a poco, no, yo es a lo bestia o nada, y así me va... 

Porque lo que no sabe la mayoría de la gente es que hubo una vez en que era aficionada al cine independiente. No digo que las haya visto todas. Soy de las aficionadas amateurs. Pero sí que he visto unas cuantas joyas. Léolo. Kids. Fanny y Alexander. E incluso una rumana de vampiros. Me gustaba el cine de cualquier manera y el independiente también. Y anoche tenía la ocasión de ver una.

Claro que no contaba con que ayer el doodle de google era el Rubik. y que me iba a tirar media película intentando hacerlo. Al cabo de 300 maniobras, recordé por qué nunca en la vida había podido formar uno (me mareo), lo mandé a paseo y me concentré en la peli.

Está bien. Supongo que sin Rubik mejor. Lo que sí me removió la conciencia fue ver a esa chica aparentemente feliz pero que luego resultaba que no lo era en absoluto. En realidad estaba enferma. Muy enferma. Depresiva. Y en cierto sentido, verlo así, en crudo, me ha removido la conciencia y admito sentirme algo culpable. No sé. Supongo que de haber sabido cómo era, habría hecho las cosas de forma distinta. En fin.

Se me había olvidado que el cine independiente te enseña las cosas tal y como son, sin florituras, y que desgraciadamente no son nunca ni dulces, ni puras, ni inocentes. Y a veces una no sabe si es un personajito bueno y tierno de cuento de hadas encerrada en una peli independiente o al contrario un antihéroe malherido y gris secuestrado en un dibujito animado de Walt Disney.

Aguanté hasta el final. Me gustó. La prueba ha dado positivo. 

Y ya está bien por hoy. Felices tardes!!!


jueves, 17 de abril de 2014

El reparador

- Ha llamado el reparador. Se va a pasar esta tarde.

¿El reparador? ¿Quién era el reparador? Hice un veloz barrido mental a nuestras últimas conversaciones en busca del momento en el que había surgido el reparador. 

Esa estúpida manía mía de despistarme de las conversaciones en el momento menos oportuno. Me pregunto si poniéndome en manos de un especialista habrá alguna forma de extirparla.

- Mmmm, ¿el reparador?

Ya está, me vuelvo a abstraer, y ahora estoy en casa de Quentin Tarantino, lleva una bata de flores y están llamando al timbre de la puerta. Ahí está, el reparador, vestido con un smoking:
- Hola, soy el Señor Lobo, soluciono problemas. 


El reparador vendría por la tarde a examinar el pilar que se estaba cayendo a cachos. El mismo pilar que había exiliado los colchones de las niñas a nuestro cuarto para que no les pillara el hundimiento de su dormitorio que se encuentra justo encima del pilar en mitad de la noche. Ya se les había dado las instrucciones para que en caso de oír un estruendo salieran corriendo para la calle y de no haber llamado el reparador, probablemente a estas horas andaríamos por casa equipados con cascos de obras.

El reparador dictaminó que la situación aunque no terminal requería medidas urgentes y siguiendo sus instrucciones, nos pusimos ipso facto en contacto con el albañil.

Ahora tenemos un precioso pilar apuntalado en medio del patio, justo debajo del dormitorio de las niñas que está siendo el alborozo de las vecinas que observan de reojo sus propios pilares.

Y lo más importante, ya estamos fuera de peligro. Por todo ello, ¡GRACIAS señor reparador!!

martes, 14 de enero de 2014

De besos, hombres y cabras

(Los hombres que miraban fijamente a las cabras)

Hay películas que no deberían verse jamás. Terminantemente. Porque si no van a cumplir las expectativas creadas por un título tan irresistible como evocador de los mejores (entiéndase en mi caso como los más bizarros) momentos tarantinianos, es mejor quedarse con esa dulce miel en los labios que genera el deseo y despierta la imaginación.


(Vértigo Vol. 1)

Como también debería estar prohibido buscar aquel disco recopilatorio por pensar de pronto, sin ningún motivo aparente, en unos acordes musicales que poco a poco se van convirtiendo en una rutina que te amartilla la inconsciencia, y van despertando lo que se asemeja a recuerdos de un tiempo ahora resuelto. Lo buscas con ahinco, lo encuentras por fin, te pones a escucharlo y te das cuenta de que la mayoría de sus canciones te aburren o te duermen o te ponen una mueca amarga en la cara en lugar de una sonrisa incapaces como son de rescatar ningún recuerdo real. Y lo que te gustaba ya no lo hace, y puede que eso sea lo que llaman envejecer y que tanto trabajo te está costando asumir pero que no quieres que nada ni que nadie te fuerce a admitir.


(Besos)

Y también hay besos que no deberían haberse dado nunca. No por no desearlos sino simplemente porque en el fondo un beso no deja de ser un beso. Mejor habría sido quedarse con el sentir de lo que pudo ser.



El día va empeorando por momentos. En fin...

lunes, 6 de enero de 2014

Antonio Gasset

Yo fui una de las politoxicómanas insomnes que se tragaban los Días de Cine de Antonio Gasset. 

A diferencia de los programas intelectualoides dedicados a la decorticación de obras literarias que ya desde la canción de inicio me suelen abrir soñolienta e impúdicamente la boca, siempre me han encantado los dedicados al cine.

Eso es lo que mola de no trabajar. Que los mejores programas  te los ponen en horario de jubilados, lactantes y estudiantes de facu. ¿A qué hora te ponen los casos de asesinatos en la sexta? De 9 a 12, claro que sí. ¿A qué hora te ponen los Días de Cine? de 10 a 12. Olé. No, no es justo. Bastante duro es ya madrugar como para que además te restrieguen por las narices lo que te vas a perder. Y más ahora con la perspectiva que hay de que cuando te toque jubilarte probablemente no lo hagas antes de los 80. Lo que me recuerda que tengo que contratar un plan de pensiones.

Me encantan los programas sobre cine. Me quedo embobada escuchando los intrígulis y los busilis de los rodajes, me vuelvo a tragar las mismas historias, las mismas anécdotas, las mismas biografías truculentas tantas veces como reponen el programa de turno.

Yo fui de las que se tragaban sus Días de Cine mientras mi horario me lo permitió. Luego vinieron las opos, las niñas, el internet y la Caye, insufrible y enchufada, y el programa perdió la gracia y de confundirse con Versión Española olvidé Días de Cine. Pero desde hace unos meses he descubierto el Todo Cine y he recordado lo mucho que me gustaba que me contaran el cine.  Y sólo quería dejar constancia de ello.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

De Fargo (o del hombre desestructurado)

Como ya advertí anteriormente, después de aquella sobredosis de machoman a lo buscoaJacq's, mi cuerpo serrano sentía la imperiosa necesidad de cargarse de positividad mujeril y una cosa llevó a la otra y así acabé anoche viendo por enésima vez Fargo.

Y esta mañana me he levantado como nueva. Y contenta. Lo cual últimamente es en si un logro.

Qué difícil me resulta siempre escribir elogios. Tan difícil como hacer la pelota, lamer culos o chupar mmm, ya sabéis, cosas... (a elegir). Y esto no es nada por lo que sentirse orgullosa. Porque hay cosas y personas que merecen ser elogiadas. Hay que ver. Con lo poco que me cuesta criticar. Y eso que me callo. Eso debería darme qué pensar. Pero no me apetece ahora.

I love Fargo and I love Marge. Con toda esa sangre, sus tropecientos asesinatos truculentos, su mezquindad, su aberración, su frío, su gris, me encanta!!! 

Yendo esta mañana para Macael y pensándome esta entrada, me preguntaba el por qué. Y de pronto los vi a todos: el poco hombre, el autoritario, el mezquino, el raro, el putero, el cortito, el sinvergüenza, el asesino, el acosador, desastres, espantos... ¿el marido? se libra un poco por contigüidad porque por lo demás... Y de pronto en medio de todos ellos  destaca una mujer, tan embarazada, paciente, dulce, profesional, sencilla, correcta, valiente, eficiente y tan vecina del cuarto.

Como una versión gore del "sonrisas y lágrimas" más cute, un decir "tú puedes, porque no sólo es lo que debes sino porque es lo que quieres hacer", y si entre tanta sangre, el mensaje final es tan bonito , pues yo por ella, como twittean mis alumnas, me derrito.

Sonrisa.

A por lo que queda de miércoles!!!



domingo, 27 de octubre de 2013

La vida de Adèle

Finalmente y después de todo el día de ayer deliberando he decidido que quiero verla.

No ha sido tarea fácil. Normalmente basta con que una película reciba una buena acogida y algún premio importante para que tenga ganas de verla. Pero es que lo del destape me aburre tantísimo... Sí. Me aburre. En serio. Para eso está internet. La escena de la mantequilla de Marlon Brando se queda en braguitas comparado con el 99% de lo que puedes encontrar en internet. Y que un tío con cara vicioso mande a dos tías buenas y heterosexuales a que se lo monten a pelo suena a muy déjà-vu del redtube. Además, según comentan los sectores más críticos, las escenitas en cuestión carecen de veracidad al no haber seguido el manual de las buenas prácticas íntimo-lésbicas.


No. En un principio no quería verla porque el sexo ya no es argumento suficiente para malgastar tontamente dos horas del tiempo de uno, por lo general tan escaso. Me refiero al tiempo. Pero después de todo un día leyendo críticas, quiero verla. Y tampoco es producto del morbo generado por el odio visceral que se profesan el dire salido y la menos guapa de las dos que además es una repija. Con lo que me gustan las repijas. No. Quiero verla por un solo motivo. Para ver si de verdad es LA historia con H de amor con A o si esto último sólo se corresponde a la opinión vehemente de algún fanático. No sé. Y si fuera así y por prejuicios me perdiera algo grande... De pronto me apetece que me enseñen. Nunca es tarde.

A dormir!