jueves, 3 de abril de 2014

Au revoir tristesse!

Llamadme bipolar si queréis pero es que se me ha plantado esa sonrisa en la cara hará cosa de una hora, no sé muy bien por qué, y ahí está. A ver.... Pues sí, sigue ahí.

Así soy yo. En fin. Alors, pour l'instant, au revoir tristesse!!

(Pero no te preocupes, es sólo un hasta luego...)

miércoles, 2 de abril de 2014

#Francesista

O cómo la mente se va agotando poco a poco...

Ahora mismo ¿cómo estoy? ¿Os acordáis de esa peli de Michael Douglas "Un día de furia" en la que de pronto el prota se vuelve crazy coge una ametralladora y la emprende con todo el que lo colapsa emocionalmente?? Pues, ahora mismo estoy un poco así. Al borde del colapso emocional.

Crazy. Elegida la palabra del mes. Me encanta. Sobre todo pronunciada a lo espanish, o sea creisi. En cierto modo es bastante divertida, admitámoslo.

Porque lo último de lo último ha sido que hace un momento, y después de un mes sin vernos, mi querido y añorado Asus se ha negado a encender su pantalla. Acaba de llegar del taller y la pantalla se ha quedado en blanco, bueno, en negro. En cierto modo no dista mucho del ambiente general de estos días. ¿Por qué todo el mundo ha decidido quedárseme en negro? No soy tan mala persona. Bueno, en este caso creo que mi Asus está un poco mosca conmigo porque no le he mostrado todo el cariño que debiera después de su última intervención. Así que creo que ahora mismo "il boude". Mi marido dice, cómprate otro. Y yo le contesto, ¿entregarle mi corazoncito lastimado a otro frío portátil más para que un buen día decida volver a fallarme? ¿Pero es que nadie va a tener compasión de mí? ¿Pensáis que lo voy a aguantar todo siempre? Mi corazón no tiene una garantía ilimitada y un  día de estos acabará reventando. Sobre vuestras conciencias.

Y no. No estoy hormonalmente desajustada. Gracias. 

He tardado casi hora y media en volver de la reunión de coordinación de Almería. Diréis, son 120 kilómetros, es normal. Y yo contestaré que no, que para una fitipaldi es mucho tiempo. Pero es que creo que de haber tenido la opción ahora mismo seguiría dando vueltas con el coche. Raro sí. Por no decir crazy, bueno, creisi. Pero yo sola conmigo misma y mis pensamientos y mis canciones de la factory Disney, sí, escucho canciones Disney, y son preciosas, durante esa hora y media, me he dado cuenta de que es probablemente el único sitio en el que me he encontrado a gusto hoy. Cambiaría las canciones, pero no por feas, sino porque algunas rebozan/rebosan tanta sensibilidad que no me ha quedado más remedio que llorar a moco tendido y para conducir ni que decir tiene que es un poco engorroso. Pero ha sido tan trágico y a la vez tan bonito.

Y ¿por qué perder una tarde yendo a una reunión de coordinación a Almería a 100km/h? Para hacer terapia de grupo  de francesistas anónimos. En cierto modo, resulta pintoresco estar rodeada de gente que habla con ese acento tan gabacho. Yo no tengo acento gabacho, y de tenerlo, procuraría ocultarlo. Sobre todo esa "s" sibilante que no hay forma de pronunciar a lo español. sh. Eshpañol. Yo shoy Rosha. No hay forma. Porque una cree que con rular la "r" pasará desapercibida y se tira años diciendo lo del perro de San Roque con una cuchara en la boca, pero noooo, el problema del castellano no está en la "r" sino en la "s" y en la "nio" que resulta que no se pronuncia "ño". Elemental, mi querido Watson, pero imposible de distinguir.

Así que una se reúne con unos cuantos francesistas una vez cada dos años para criticar el inglés imbécil y todo poderoso y para reivindicar la no desaparición del vocablo "francesista". Porque resulta que a los retrasados de la RAE, que son los mismos que cambian de parecer en cuanto a nomenclatura gramatical cada dos por tres (Un adjetivo no es un determinante, y un COD es un COD y no un CO o un OD o un CD, ¡fumados!!) se ve que les pagan por matar palabras. He reivindicado ya demasiadas veces la creación de vocablos y criticado otras tantas la falta de palabras claves en multitud de entradas de este blog. No voy a malgastar más líneas en ello por ahora. Toda una tarde para ello. Pero al menos esta tarde he podido justificar mi ausencia.

En fin.. ¡¡Buenas noches!!!

martes, 1 de abril de 2014

Insane (III)

Se ha perdido para siempre. Es horrible. Se ha perdido en el mismo mar donde yo me bañaba. No he podido hacer nada. Es horrible, Dios mío, es horrible. Cuando lo he visto y me he dado cuenta era tarde, ya estaba dentro, le he chillado pero no se ha dado la vuelta, no me ha oído o puede que no quisiera escucharme, le chillaba y él sin embargo seguía metiéndose  para dentro sin miedo, no ha retrocedido ante las olas, así que me he tirado de cabeza, me he adentrado tras él hasta que he podido. La corriente era tan fuerte que he tenido miedo de perderme también. En el último instante el amarre me ha retenido e impedido que me hundiera antes de poder siquiera acercarme un poco. Se ha hundido tan rápido. Se ha ido para siempre. Y no he podido hacer nada para impedirlo. Dios. 

O tal vez no lo intenté lo suficiente. Supe que aquel mar lo tentaba y no hice nada para alejarlo de allí. Y de no conseguir alejarlo, podría al menos haberlo amarrado a él también en la orilla. Noté que el brillo en sus ojos cambiaba y no hice nada. Sus palabras se tornaron inconexas y yo me tapé los oídos. Y un día la pena le hizo reír, la insignificancia llorar y se puso a recrearse en la inmundicia, y yo pillé y me alejé. Sabía que aquel mar lo llamaba y me fui. Lo dejé solo. Y ahora es tarde, ni siquiera he logrado rozar su mano, se ha perdido para siempre en la inmensidad del mar de la insania.


El enjambre

Hasta el gallinero me llega el ruido que hace el enjambre. Está debajo de mí, en un bucle en constante movimiento. Es el ruido de una orquesta de cientos de bajos afinándose en los momentos previos a un concierto. Cada voz murmulla ajena a la siguiente y a la anterior y la suma de aquella amalgama de cientos de voces discordantes en constante cuchicheo produce un clamor atronador que lo llena todo.

Y aquí estoy yo, esa soy yo, al otro lado de la fila de los tickets esperando a que se haga la hora para entrar al cine. Queda todavía media hora y me he apostado aquí, apoyada en la barandilla de cristal que me protege de caer y desde la que me asomo de tanto en tanto a observar el enjambre debajo de mí.

No puedo mirar mucho hacia abajo. Está demasiado alto y con mi vértigo en cualquier momento voy a tirarme al vacío sin querer.

Así que me doy la vuelta y contemplo la fila que delante de mí desfila lentamente afilando sus instrumentos. Sonrío, estoy a gusto y es raro, camuflada como estoy apostada en la barandilla. Los observo sin detenerme mucho en ninguno para que no me vean. De hecho, sólo unos pocos parecen verme pero en seguida desvían sus miradas porque no me han visto. No saben quién soy. Aquí no soy nadie. Sonrío. Soy libre. Me dejan mirarlos si no me detengo mucho en ninguno de ellos. Libre dentro del enjambre. Nadie sabe quién soy. No soy nadie y soy todos. Aquí me siento uno de ellos.
 

viernes, 28 de marzo de 2014

Entre conciencias

- No sé a qué esperas
- ¿Para qué?
- Para acabar con él
- Que te gusta a ti exagerar
- Me encanta pero sabes que en este caso es lo que necesitas
- ¿De verdad crees que es lo que necesito?
- ¿Acabar con él? Pues claro
- ¿En serio?
- A lo mejor se te ha olvidado lo que ha hecho
- Por desgracia no
- Te ha dado motivos
- De sobra
- No se ha detenido ante nada
- Ante nada
- Pues entonces hazlo
- ¿El qué?
- Mátalo
- No puedo
- Piensa en todo lo que se ha llevado por delante
- No dejo de hacerlo
- ¿Entonces?
- Entonces ¿qué?
- Mátalo
- No puedo
- Matar es fácil
- No te creas
- Es fácil, te lo digo yo
- Es sucio y engorroso
- Hay formas
- Me da que va en contra de mis principios
- ¿Mis formas?
- ¡Matar!
- ¿Sabes que si él tuviera la opción de acabar contigo-
- No dudo ni un segundo de que no dudaría en hacerlo
- Entonces incluso podrías alegar legítima defensa
- ¡Pero si lo estamos tramando!
- Mira que eres tonta Antonia
- Es que tienes unas cosas
- Mátalo. No me seas cobarde y mátalo
- ¿Desde cuándo matar es cuestión de valentía?
- Los cobardes agachan la cabeza y miran hacia otro lado, los fuertes te la hacen pagar
- Matar está mal, lo dice el quinto mandamiento
- ¿Y lo que ha hecho él estaba en algún mandamiento?
- No son tan específicos
- ¿Así que lo legitimas? ¿Lo perdonas?
- De ninguna manera
- Pues es lo que parece
- Las apariencias engañan a veces
- Me sacas de quicio. Mátalo y te quedarás en la gloria
- Es lo que me gustaría pero no creo en los atajos
- Matar es una solución radical
- Drástica
- Definitiva
- Dramática
- Me quedo sin adjetivos
- Hablas con tanta ligereza, matar no es un asunto baladí
- Al parecer lo que te ha hecho sí lo es
- No para mí
- ¿Entonces?
- Entonces ¿qué?
- Mátalo. No volverá a molestarte nunca, estarás tranquila para siempre
- Aunque es lo que más deseo, ¿no entiendes que no puedo hacerlo?
- Pero ¿qué te lo impide? ¿Por qué no puedes hacerlo?
- Porque ya está muerto.





jueves, 27 de marzo de 2014

Y de repente se hizo de día

Y tras la noche más oscura y confusa amaneció el día, y era claro y rotundo. 

Abrió los ojos de una autómata. Se levantó y se dirigió a la ventana. Ninguna mancha que despejar por ningún rincón del horizonte. La luz cálida ya escampaba a las estériles sombras. Se dibujó en la cara una sonrisa amplia de victoria y la mirada se le hizo azote.

Estaba agotada. Una vez más acababa de luchar con la noche que acababa de morir sin lograr vencerla. Pero ahora empezaba de nuevo el reino del día.

Se vistió. Cubrió con meticulosidad y delicadeza las cicatrices de su pecho con un paño de oro y por encima del paño se colocó el peto de cuero.

Unas horas antes de que se abrieran los albores del nuevo día, a la hora de su cita con la noche, esta la había montado para arrancarle los párpados y comerle la oreja con la misma esperanza de siempre hecha de caricias, de jadeos y de falsas promesas.

Y ella como una autómata había permanecido quieta en la cama, aguantando las embestidas de la noche sobre las costuras de su cuerpo.

Pero ahora se había hecho el reino de la luz de nuevo. Y todavía le quedaban doce horas por delante antes de la noche.


domingo, 23 de marzo de 2014

La charlatana de humo

Apuestos caballeros y gentiles damas, 
Acercaos acercaos a esta humilde lacaya, 
No temáis perder unos minutos de vuestro tiempo, 
Pues esta servidora os quiere contar un cuento. 


Érase una vez una niña a la que de muy pequeña enseñaron a leer. Primero le enseñaron las letras y luego le enseñaron que la combinación de varias letras formaba sílabas y que a su vez estas sílabas formaban palabras. Después le enseñaron a juntar palabras y a formar con ellas frases y las frases juntadas dieron paso a pequeñas historias, y las historias se unieron entre sí y se transformaron en cuentos y los cuentos en novelas y aquella metamorfosis le produjo tal asombro y fascinación que primero pidió que le leyeran a todas horas, hasta que ante la imposibilidad de que nadie saciara su ansia, se puso a leer ella sola, y en lugar de salir a la calle a jugar con los demás niños, se quedaba en casa a leer, en cuanto tenía un rato leía, estaba siempre leyendo, leía constantemente. Y leyó y leyó, leyó durante mucho tiempo, en realidad durante años hasta que llegó un día en que se dijo que lo había leído todo y dejó de leer.

Aquel también fue el día en que decidió que quería escribir. Cogió un lápiz, una goma, un sacapuntas y se puso a garrapatear en una hoja de papel. Y después cogió otra hoja, y también la llenó de escarabajos, y luego cogió otra y otra y otra, borroneó cientos de hojas de papel, miles de hojas, cuadernos enteros de hojas en blanco emborronadas de guiones, de tramas, de relatos, de descripciones, de esquemas y de personajes, decenas, cientos, tal vez miles de personajes. Garrapateó hojas y cuadernos durante años hasta que un buen día se dio cuenta de que le era imposible escribir una de aquellas novelas que había leído y dejó de escribir.

Aquella fue una época gris de su existencia pues su incapacidad por escribir le produjo una enorme desazón y también le dejó un gran vacío que intentaba rellenar con lo primero que surgía en cada momento. Sin embargo, al cabo de un tiempo, aunque le resultaba imposible escribir, se dio cuenta de que borronear hojas en blanco con sus palabras y con sus frases era lo único que quería hacer. Así que decidió que seguiría cubriendo hojas en blanco de garabatos y en lugar de crear una novela contaría su propia historia. Cogió de nuevo un lápiz, una goma, un sacapuntas y una hoja en blanco y se puso a escribir sobre ella misma y sobre las cosas que le pasaban.

Y contrariamente a lo que le había pasado antes, le empezó a gustar lo que escribía y con aquel nuevo entusiasmo se creció y tal y como lo había leído hacer en aquellas novelas, se atrevió a modificar sus historias, sus tramas y sus personajes, y tal y como lo había practicado en aquellas hojas de papel, empezó a llenar sus historias de asíndeton y de políptoton, de metáforas y de alegorías. Y se dio cuenta de que era tan hábil haciéndolo que lograba que sus historias cobraran a primera vista forma de cuentos.

Y entonces siguió creciéndose y pensó que tal vez a la gente le gustaría escuchar sus historias. Y se puso a contarlas a la gente y por el desconcierto, las carcajadas y las sonrisas que provocaban, supo que a la gente le gustaban sus historias.

Ahora bien, si alguien hubiera tenido la idea de escuchar una de sus historias dos veces seguidas o de prestar atención a lo que contaba para repasar sus formas y detenerse en la esencia de sus palabras, se habría dado cuenta en seguida de que detrás del desconcierto, de las carcajadas y de la sonrisa, de los malabarismos y de las contorsiones imposibles con las que manejaba a placer las palabras, no había absolutamente nada, nada más que el vacío de su arte, un arte menor tan efímero y superficial como el efecto que provocaba en la asistencia.

Pues sólo el poeta puede crear poesía, sólo el escritor puede escribir. 

Lo suyo era humo, simple humo, un humo que manejaba con destreza y ella una simple charlatana de feria, una charlatana que un día soñó que sabía escribir.




sábado, 22 de marzo de 2014

Limbo

El ruido que hace un cuerpo que se desploma en el silencio de la madrugada es espeluznante. Y así fue como empezó la semana.

Y sin embargo, eso no fue nada.

"BI-RADS 3. Probablemente benigno".
¿Qué cojones significa probablemente benigno?

Significa pasarte dos días en el limbo que separa lo benigno de lo maligno, tu rutina de la rutina de un súper héroe. Y me he dado cuenta de que yo de súper héroe no tengo nada.
Significa tirarte dos días viviendo tu vida de prestado.

Y de pronto, con un simple chasquido de dedos, como si fuéramos títeres colgados de un hilo, estábamos bien de nuevo, inmunes, invulnerables.


Y yo ahora sólo quiero olvidar cuanto antes todo lo de esta semana.







lunes, 17 de marzo de 2014

Miss Marple y el muso

Me resulta mucho más fácil matar que amar. 
 
Es un hecho.
 
Lo intuía desde que me di cuenta de que lo que más me seducía a la hora de enfrentarme a la página en blanco eran las muertes truculentas. 
 
 
Y esta noche ese presentimiento se ha convertido en una certeza que me ha golpeado a la cara en forma de texto escrito desde la autenticidad y que me ha hecho sentir de pronto como una novicia enardecida en plena ovulación.


Leo a todos mis google+ y sus pasiones y amores arrebatadores y sensuales de los que te dejan sin respiración, y yo "a lo más que alcanzo" (creo que esto no está demasiado bien dicho pero es justo lo que quería decir) es a describir "les émois d'une onaniste", algo a medio camino entre la emoción y la conmoción de una onanista hermética del género "mírame pero no me toques que ya me toco yo si eso"-
 
y eso me frustra. 

Decorticar cadáveres por injustos que sean sin embargo me satisface. Bastante. Como les digo a mis alumnos, cuando estéis bajo mucha presión, probad a matar a alguien, a lápiz me refiero, inocuamente, veréis lo relajaditos que os quedáis. Sólo se necesitan un cuerpo y un móvil. A veces incluso ni esto último. 
 
aunque he de confesar que la mayoría de mis muertes son perpetradas por amor. Si en el fondo soy una idealista. Una "romántica".

Matar es más sencillo que describir el "acto" (fíjense en el entrecomillado) y me siento más cómoda en la piel de un asesino que en la de una amante en plena efervescencia. 
 
¿Pudor o frigidez literaria?
 
No lo sé.

Lo cierto es que nunca habría osado adentrarme en un mundo tan difícil como este si mi muso no fuera un cachondo mental. Pero esta me la paga, así que sin más y si me lo permitís, no os entretengo más y voy a recrearme creando una bonita forma de acabar con este-


Buenas noches!!! :))




domingo, 16 de marzo de 2014

El amante imaginado

A solas en su cuarto después del almuerzo, se desvestía a medias, se ponía los cascos, encendía su mp3 y se echaba en la cama. Cerraba los ojos, dejando que la música la llevara hasta el lugar donde él solo cubría todos los demás pensamientos.

En aquel lugar era donde lo buscaba y él parecía estar esperándola. Se acercaba a él lentamente, recreándose en la visión de sus adorados ojos, de su cara, de su pelo, de cada uno de los rasgos que su memoria había hecho suyo meticulosamente. Se acercaba tanto que con levantar un poco la mano, habría sido capaz de rozar sus labios con la yema de los dedos.

Pero no podía tocarlo porque no estaba solo.

El enfoque cambiaba y en primer plano, junto a él, aparecía la otra. Él miraba a la otra con deseo y gesto contenidos pues estaba en su miedo a salirse del margen el no acercarse más de lo que la otra se acercara a él. Él acompasaba los labios a los labios de la otra.

Y a cámara lenta ocurría el beso. Era un beso jugoso, lleno, húmedo, generoso; su boca buscaba, se colmaba, degustaba, comía con paciencia y con gula, mientras sus manos blancas y ágiles recorrían huecos y acariciaban teclas de porcelana.

Acostada en la cama, la visión de su beso untuoso le golpeaba con tal fuerza el vientre que a veces un solo beso bastaba para contornearla y arquearla encima del colchón. 

También hubo días en que el beso le había arrancado tan ferozmente el deseo que la había roto en lágrimas y entonces de golpe se había quitado los cascos, se había vestido deprisa y había salido de allí huyendo de él y de ellos.

Pero la mayoría de las veces, se quedaba al amparo de su cuarto a observar sin prisa.

Era bello tanto como para desearlo. Lo deseaba tanto como para hacerlo bello. Lo desnudaba y miraba cómo lo hacía despacio, con dedicada paciencia. Lo imaginaba como un amante metódico y hambriento. Y cuando estando dentro, se inclinaba para mirar a la otra a los ojos, entonces paraba la imagen un instante imaginando que estaba encima de ella.

A veces se iban juntos.

Al principio del deseo, a solas en su cuarto, ella había intentado besarlo. Se había acercado a él y se había apoyado en sus brazos para alcanzar sus labios de puntillas. Pero cuando él se había dado cuenta de que era ella, la había rechazado con timidez. Entonces con insistencia había querido besarlo de nuevo, pero él era más fuerte que ella y sólo había logrado que le hiciera más daño al empujarla. Avergonzada, ella le había suplicado que la dejara besarlo tan sólo una vez y él se había alejado con indiferencia y repugnancia comedidas. No se atrevió a volver a hacerlo.

Cuando el deseo de él la acuciaba, se refugiaba en su cuarto y elegía a otra.