Ahora mismo tengo el deseo de comer algo dulce. Lo tengo desde la sobremesa. Ha surgido después de las fresas. Antes del café. Es que creo que es el único pensamiento que ha ocupado mi cabeza en toda la tarde. Ese es uno de los motivos por los cuales me cuesta resistirme a cualquier tentación. Me obsesiono con mis apetencias hasta saciarlas... Algo dulce. Azúcar. Con sabor a fresa o a frutas. No. Mejor vainilla. La vainilla me vuelve loca. Desde siempre. O nata. Nata montada. Está tan rica. Creo que pocas cosas satisfacen tanto mi gula como llenarme la boca de nata montada. Por algún motivo no consigo fantasear con chocolate ahora mismo. Será que... no sé. Lo que sí sé es que hoy voy a ser fuerte y no voy a ceder al chantaje de mis apetitos. Y sólo conozco tres maneras de vencer a la tentación. Un cigarrillo o una copa de vino. ...
Lector, que te aventuras por estas páginas, es improbable que compartas, entiendas o comulgues con mi visión de las cosas. No busco convencerte de nada. Bref, no tengo más propósito para escribir estas líneas que el deseo y el placer de hacerlo... Los culpables: Una vida de película Mi madre la reina
miércoles, 11 de marzo de 2015
martes, 10 de marzo de 2015
Lecturas prohibidas
Ya os he hablado de "La bicyclette bleue" de mi madre y su obsesión por evitarnos cualquier contacto con la pornografía.
En el fondo es peor prohibir. Prohibir es desatar la imaginación.
Y además no necesitaba leer ni "La bicyclette bleue" ni "Las 50 sombras de Grey". Yo leía mitología. Comprada por mis padres. Es que la niña está estudiando latín, sus profesores están encantados con ella y le gusta mucho la cultura grecorromana. No sé si mis padres tuvieron alguna vez conciencia de lo que mis ojos devoraban con ávida curiosidad escondida tras las cubiertas de mis libros sobre mitología.
Bacanales, saturnales, orgías, llamadlo como queráis, lo cierto es que aprendí que no existe ninguna forma de amor ni de sexo imposible por muy descabellada que parezca. Está todo en la imaginación que se le quiera echar al asunto.
Pero contársela a niños es harina de otro costal. Y no me llaméis depravada que fueron ellas las que eligieron el libro de cuentos mitológicos eso sí con dibujos muy cándidos. Y lo cierto es que hasta ahora había logrado esquivar las aventuras de Zeus que como todo el mundo sabe andaba más enamorao que el burro del tío Bojas. Pero es que anoche tocó el cuento de Pasífae, la mujer de Minos, la que le pidió a Dédalo que le hiciera un disfraz de vaca para poder montárselo para pasearse con el toro blanco de su marido del que se había enamorado. Y todos sabemos cómo acabó aquello.
Creo que el truco está en leer con naturalidad. Por muy truculento que sea lo que se lee, todo está en la naturalidad con la que se lee.
Eso sí, y muchos recuerdos...
El talismán
(conversando y tal...)
- Pues que creo que ya no tengo depresión.
- Mira qué bien. ¿Desde cuándo?
- Desde esta mañana. Se ha esfumado, fus, envolée.
- ¿Cuánto te ha durado?
- Una semana.
- Pues ha sido cortita.
- Menos mal. Esto de tener depresión era insoportable; todo el día con llanteras, el dolor en las cervicales, el insomnio, la tristeza, esperpéntico. Me estaba planteando incluso ir a un psiquiatra. Si no fuera por el miedo que tengo a engancharme a los ansiolíticos.
- ...
- Y he hablado con mi tía.
- ¿Y qué tal?
- Pues que tuvo la menopausia con 49 años así que genéticamente es altamente improbable que haya sufrido un episodio de menopausia prematura.
- ...
- ...
- Y luego he pensado que podía ser por no comer.
- Cierto. Cuando no comes no hay quien te aguante.
- Ya. Pero no estaba agresiva. Estaba deprimida.
- La comunión, la mudanza, estás pasando por una época de mucho estrés.
- ...
- ...
- ¿Crees en los talismanes?
- Bueeeenooooseeehhhh, no, la verdad es que no.
- ¿No crees en objetos capaces de absorber las energías negativas, de repeler el mal, de crear un halo de protección alrededor de quien lo porta?
- ...
- ¿Crees en los talismanes?
- Bueeeenooooseeehhhh, no, la verdad es que no.
- ¿No crees en objetos capaces de absorber las energías negativas, de repeler el mal, de crear un halo de protección alrededor de quien lo porta?
- ...
- Creo que ha sido el anillo.
- ...
- Mi anillo. ¿No te acuerdas de que me lo dejé en casa de mis padres cuando me probé mis guantes de comunión?
- Cierto.
- Eso fue justo antes del puente que fue cuando empezó la tristeza. ¿Y no te parece mucha casualidad que al recuperarlo ayer, de la noche a la mañana se haya esfumado mi depresión?
- Eso fue justo antes del puente que fue cuando empezó la tristeza. ¿Y no te parece mucha casualidad que al recuperarlo ayer, de la noche a la mañana se haya esfumado mi depresión?
- ...
- ...
- Estás más pallá que pacá.
- Lo sé.
viernes, 6 de marzo de 2015
Por Sabina
Quiero ser tu Sabina, escribirte baladas, dedicarte coplillas de las que canturreáis entre risas tú y tus amigas cuando salís de marcha, de las que luego escuchas a solas en el cuarto con el corazón empalmado pensando que hablan de tu vida más que de ninguna; quiero cantarte una canción de esas para poder decirte a través del micro con un cigarro colgando de la comisura y la guitarra en el regazo, va por ti, princesa.
Quiero ser tu Sabina y que me escuches y que lo flipes, no quiero enamorarte, no quiero amores imposibles, sólo quiero que me mires y que te guste que te toque, que como una groupie enloquecida me tires las bragas y al final del concierto te me acerques y me hagas una proposición indecente de las que acaban en un callejón entre dos contenedores, seré rápido, no te desnudes, harto como estoy de aguantar la esquina por la que espero a que pases cada mañana, te observo y te rezo sin que tú sepas siquiera que existo, que siento, que soy.
Quiero ser tu Sabina y que me escuches y que lo flipes, no quiero enamorarte, no quiero amores imposibles, sólo quiero que me mires y que te guste que te toque, que como una groupie enloquecida me tires las bragas y al final del concierto te me acerques y me hagas una proposición indecente de las que acaban en un callejón entre dos contenedores, seré rápido, no te desnudes, harto como estoy de aguantar la esquina por la que espero a que pases cada mañana, te observo y te rezo sin que tú sepas siquiera que existo, que siento, que soy.
Quiero ser tu Sabina y cantarte baladas, para que te obsesiones con la textura de mi lengua y el olor de mi barba a café y a tabaco, para que maquines cómo acorralarme en un rincón a media luz a media sombra que me deje ver cómo me comes la boca, que vivas condenada a despertar sin mí después de soñar cómo te lo montabas conmigo anoche, como yo cada tarde, insomne tirado en la cama con las persianas corridas y las sábanas sacudidas a polvos artificiales, contemplando como un imbécil la foto que tienes puesta de perfil en el whatsapp y que mirándome a los ojos sonríe.
jueves, 5 de marzo de 2015
L'épave
Estoy roto. Hago agua. Ayúdame. Sólo tú puedes hacerlo. Tú, mi mar en calma donde sujetar mis tormentas, tú, mi playa de arena blanca donde arrojar mis despojos. Qué fue de aquel navío me preguntas. No lo sé. Si tuviera fuerza tan sólo para recordar el cuándo y el porqué. Me han roto. Me han roto. Ahora sólo necesito descansar, tumbarme y descansar en tu orilla de aguasal.
miércoles, 4 de marzo de 2015
De cenitas frugales
Con esto de la comunión de la niña, de los cambios por llegar, de la falta de tiempo, en fin, con tanto lío, ya me entendéis, esta noche no me apetecía cenar nada. Pero claro, algo tienes que cenar. Porque anoche no cené, y así me he desvelado, en mitad de la noche, e imposible volver a dormirme. No sólo hambrienta sino también muerta de sueño todo el día. Hay que cenar porque si no, no haces nada. Es contraproducente. Cinco comidas al día es lo que hay. Miro en el frigo. Una crema de lo que sea. Hace calor. No me apetece. Miro en la despensa. Naranjas de mi pueblo y manzanas. Ambrosía. Están muy ricas. Me decanto por una manzana. Pero es un poco triste cenar sólo una manzana. Así que la he adornado un poco. La he cortado en cuadritos, eso sí, sin quitarle la piel. La piel en una manzana es fundamental. Casi más que lo de dentro. Ahí es donde lleva la pectina. Así que por favor, no peléis las manzanas nunca. Se lava muy muy bien para quitar las toxinas y los productos y se come toda. Toda. En cuadritos. Y le he echado un poco de Cointreau. Unas gotitas. Un chorreoncico. Bueno, no sé cuánto Cointreau le he echado porque el cuenco era pequeño y lo tapaban todo los trocitos de manzana. Pero estaba muy rica. Y ahora estoy pffffff bien. Bien bien bien. Satisfecha. Creo que al final he hecho bien en escoger la manzana. ¿Sonrisa? Shiiiii. ¡¡¡Besitos de buenas noches!!! :)))
Pandiculando
Acabo de librar una dura batalla contra un mínimo común múltiplo. Yo. Moi. Nivel tercero de primaria.
Varios vecinos necesitan comprar detergente y suavizante. Observa las ofertas:
detergente: 3x1
suavizante: 2x1
¿Cuántos se deben juntar para que salga más barato?
Blablabla. Y la niña, claro, se cree ahora que su madre es tonta. Políglota que es su madre, pero como no controla los mínimos comunes múltiplos pues es tonta. Yo las ofertas las compro para mí, yo solita, no voy montando asambleas vecinales para comprar detergentes, y sinceramente tampoco conozco a seis vecinos con los que ir juntitos a comprar al mercadona ni estoy metida en ninguna cooperativa.
Uuufff. Cómo me agotan estos planteamientos. Ni siquiera tienen la decencia de llamarlo múltiple. No vaya a ser que los genios matemáticos hispanohablantes se pierdan en el contexto.
Pero ¿sabéis qué? Me la sopla. Me la trae al pairo. Me pandiculo con el mínimo común múltiplo. Sí. Definitivamente acabo de darme cuenta de que el mínimo común multiplo me produce una pandiculación extrema y muy muy placentera. Ummm. Qué gusto.
¿A mí con esas?? ¡JA!
The village
- ¿Que os venís el año que viene? ¡Qué bien!-
Miro su cara. Parece sincera. Incluso sonríe. La que acaba de manifestar su agrado por la noticia de nuestra futura mudanza es la vecina de al lado, la madre de Martita, la amiga que las niñas se echaron este verano, la que se sentó con ellas en mi sofá a ver Frozen en mi tele, desterrándome a la mesa del comedor y que acaba de llevarse a las dos no sé dónde con una caterva de niños que tocan más o menos a dos o tres por portal, la misma vecina cuyo marido quita el coche de delante de mi casa cada vez que venimos para que tengamos donde aparcar y sin necesidad de poner ni vado ni nada. El mismo marido que justo llega en ese momento con su bici de competición y unos pantalones ciclistas que hacen que mire automáticamente hacia otro lado, el mismo que al ser informado de nuestra mudanza también parece alegrarse. Pongo mi cara de señora educada con cierto grado de timidez a la que agrada que su futura mudanza agrade a sus vecinos. Entro y salgo y me encuentro a otra vecina, la madre de los dos rubiales, (sí, siempre procuro controlar a cada uno de los habitantes de las zonas en las que me albergo, llamadlo talento natural, don, o como queráis) la cual a su vez me saluda con una sonrisa. De nuevo pongo mi cara de señora educada con cierto grado de timidez, adivinando que la misma ha sido informada de nuestra futura mudanza.
Yo. Moi. La que no hace falta que os describa porque más o menos ya me vais conociendo. Formando parte de una comunidad de vecinos normales, cordiales y educados de los que charlan por encima de los muros de los patios, con niños normales, alegres y ruidosos que forman esas pandillas que están todo el día en la calle jugando a la pelota y dando vueltas al vecindario con sus bicis, de madres normales, agradables y preocupadas por rebajar esos kilillos de más y por llevar a clases de inglés a los niños, de las que comparten cafés y recetas. Yo, moi, una más, ahí metida en esa composición coral, condenada por fin a esforzarme a ser normal. Yo, moi, normal, por fin... Es raro.
martes, 3 de marzo de 2015
Puente de Andalucía
El jueves por la tarde, ya al caer la noche, sobre las seis y media, el viento dejó de soplar de pronto y al salir a la calle, la gente se quitó las chaquetas, consintiendo el hecho de que había llegado la primavera con tres semanas de adelanto, cosa por otra parte no poco habitual aquí.
Y hasta aquí puedo escribir sobre estos seis largos días. Y sus noches. Aunque es cierto que el otro día garabateé algunas frases en un folio que doblé y metí en el bolso. Os sorprendería la cantidad de folios garabateados y doblados que caben en él. Pero sé que no es el momento de transcribirlo.
¿Qué pasó este puente? Lo habitual sería que no me costara nada disfrazar el mundo con palabras, adornarlo, pintarlo a mi antojo, o más fácil aún, inventarlo. Pero hoy no puedo. En la superficie no ocurrió nada. Nada sustancial. Todo transcurrió en aparente calma. En apariencia no cambió nada.
Y hasta aquí puedo escribir sobre estos seis largos días. Y sus noches. Aunque es cierto que el otro día garabateé algunas frases en un folio que doblé y metí en el bolso. Os sorprendería la cantidad de folios garabateados y doblados que caben en él. Pero sé que no es el momento de transcribirlo.
¿Qué pasó este puente? Lo habitual sería que no me costara nada disfrazar el mundo con palabras, adornarlo, pintarlo a mi antojo, o más fácil aún, inventarlo. Pero hoy no puedo. En la superficie no ocurrió nada. Nada sustancial. Todo transcurrió en aparente calma. En apariencia no cambió nada.
Mientras pasa, me dedico a colgar fotos. Colgar fotos en el blog como forma de fingir normalidad cuando todo es caos y fluctuaciones. Así soy yo.
¡¡Feliz semana!!
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