sábado, 31 de enero de 2015

En medio de la ciclogénesis

Être au milieu de la cyclogénèse, c'est entendre les arbres furieux gronder dans les parcs, c'est voir les nuages dévaler le ciel poursuivis par le vent. 


Ciclogénesis, tiene nombre apocalíptico, me gusta.

Estar en medio de la ciclogénesis es llegar a Cantoria, oír rugir a los árboles en el parque y sentir algo de miedo. Es que en la noche más negra, desaparezcan durante kilómetros pueblos enteros, así como sus habitantes, atrapados en la oscuridad.  Asistir a una carrera de nubes en el cielo, jamás las había visto correr delante de la luna como lo hicieron anoche. Estar en medio de la ciclogénesis es pasar una noche en blanco por los puñetazos y los chillidos proferidos por el viento contra las ventanas y las persianas de la casa. Pero esta mañana el cielo ha amanecido despejado y sin embargo llueve, el agua que las nubes están descargando a lo lejos, detrás de las sierras, el aire la trae y nos la está echando encima a nosotros. Hay un arco iris. Es temprano aún y hoy no habrá mercado. Nos encontramos a un grupo de mercaeros reunidos junto a sus camiones cerrados, llenos de mercancías que hoy no venderán. Ha venido la policía local y les ha dicho que no pueden montar los puestos. Que hay peligro por el viento y el eucalipto de treinta metros amenaza la plaza. Y ahí están, parados, compartiendo un cigarro y hablando en voz baja, esperando tal vez un milagro para seguir con su rutina. Nos decidimos a dar una vuelta, a goler los efectos del vendaval, y mientras andamos, el viento nos empuja, nos hace la silla, o al contrario, nos impide avanzar. La lluvia de siete leguas nos sigue salpicando, pero hace sol y el arco iris domina el horizonte. Ha caído la puerta de una de las cocheras y el otro batiente está amenazando con lo mismo. Las calles están prácticamente desiertas. Una señora está peleando con el viento intentando tirar del carro que este le quiere arrebatar. Le informamos de que hoy no habrá mercado. Un coche ha amanecido aplastado por una tapia. El ruido del aire lo cubre todo. Dicen que para las 6 habrá parado. Y a las 5 y media procesión. Veremos si sacan a la virgen de la Candelaria, veremos si no sale volando. 

De geómetras y geometrías


jueves, 29 de enero de 2015

Mi pelo III La catastrophe

Cualquiera que lo haya visto puede suscribir el estado lamentable que ofrece ahora mismo mi pelo. Que haya gente que pueda salir a la calle sin plancharse el pelo me parece loable, enhorabuena a todos ellos, pero en serio, ¡en qué estaba yo pensando!!! ¿habéis visto mi pelo hoy? No es decente, es la media melena lanuda y trasquilada de un adolescente ochentero más preocupado por encerrarse en el baño a reventarse granos que en visitar una peluquería de personas. ¿Y mi flequillo? Un manojo de paja. Horrible, épouvantable, affreux!!! Que no me ha quedado más remedio que hacerme una cola para disimular el esperpento. Pero no pienso pasarme el resto de mi vida coleando!! Esto sólo lo soluciona una profesional y es urgente. Pero claro, ante las previsiones de no cobrar hasta el día 5 de febrero, cómo me gasto yo ahora 100 euros en un tratamiento de choque. Nada, lo de siempre, que como se quejaron tanto algunos por no cobrar la extraordinaria, en lugar de estarse callaítos, la presi dice ahora que hasta el día 5, nanay de la china. Entre tú y yo, creo que ha obligado a su marido a dejarla preñá para adelantar las elecciones. -Manolo, ¡que me preñes!!- -Cariño, a nuestros años.- -¡Que te he dicho que me preñes, y es ¡¡ahora!!- Así me imagino la escenita de la mo-. Bueno, mejor me callo. Así que como no tengo 100 euros que gastarme en un tratamiento de choque revitalizador y súper hidratante, he pensado en ir a la escuela de peluquería del instituto. Está tirado de precio. Pero tengo miedo. ¿Y si salgo con el pelo de colores? O a lo camionero. Y con la comunión de la niña. No sé qué hacer. Lo dicho, una catástrofe. En fin.... ¡Feliz jueves!

El jersey

Cuando lo vio, debía de ser invierno, por contextualizar un poco, le pareció a primera vista un jersey normal y como no lo había visto hasta entonces, supuso que era nuevo. Y normal. Sí. Sin duda era un jersey normal. Muy normal. Normalico. Todo lo normal que podía ser un jersey de lana, de lana de verdad, de la que picaba y se quedaba tiesa al lavar, de un color pálido normal. En definitiva un jersey cuyo único propósito era indudablemente el mismo que el de cualquier otro jersey normal y que no era otro que el de abrigar.

Aquel jersey era muy normal en su esencia y sin embargo a los pocos segundos de verlo sintió unas ganas difícilmente refrenables de quitárselo. Se quedó de súbito perpleja. Cuanto más se fijaba en el jersey, más formas distintas hallaba su imaginación de acercarse y deshacer el hilo poco a poco. No entendía a cuento de qué sentía aquella repentina erotomanía lanar pero el caso es que desde aquel primer momento en que lo vio, cada vez que se ponía el jersey, sentía la necesidad de acurrucarse contra él, de meter la nariz entre sus puntos hasta oler el cuerpo que albergaba dentro, de desnudarlo, de comprobar si el tacto de la piel era cálido al abrigo de la lana, y una vez desnudada, de emprenderla a bocados con ella.

Lo suyo fue tan efímero como platónico y duró lo que tardó en volver la primavera. El invierno siguiente, el jersey se fue para no volver. No volvió a sentir nada por ningún otro jersey. A veces cuando hacía frío, recordaba aquel jersey, y lo buscaba imaginando que lo veía aparecer por algún pasillo y el deseo con él.


Crueldad

El tiempo se burlaba de nosotros; cuanto más despacio queríamos que pasara, más deprisa iba corriendo.

Equilibrio

He comprobado con alegría y alborozo que he recuperado por fin, después de tres días de angustia, mi lista de lecturas de blogger. Llamadme bicho raro, pero no os hacéis una idea de cómo me pongo cuando me trastocan la rutina.

Ahí va la hostia

Si empiezo a tener reparos en publicar mis chorradas, mal vamos.

Buenos días, ¿jueves ya?

miércoles, 28 de enero de 2015

Tácticas bélicas

Cuando una se levanta con el pelo a la Angie Dickinson, no le queda más remedio que divergir las miradas. Claro que recordaba este vestido más largo... Que una tampoco es que esté muerta. Pero es que el contexto es a veces difícil de encajar. En fin... ¡¡Con no agacharse!!

¡¡Buenos días!! :))

martes, 27 de enero de 2015

Día horribilis

Como hoy por ejemplo. Sí. Podríamos decir que hoy ha sido un ejemplo claro de lo que denominaríamos día horribilis. Un día de los de estar pichí-pichá. Es lo que tiene acostarse dos noches consecutivas más tarde de lo normal, perdida en búsquedas y más búsquedas  de datos infructuosas y tan frustrantes. Pero ineludibles. Creo que no ha sido el mejor momento. Pero es que es el momento el que me ha elegido a mí y no al revés.

En cuanto al estado capilar, ya no se trata sólo del flequillo. Ahora es la pelambrera entera la que ha entrado en estado de rebeldía. ¿Sabéis lo duro que es ir conduciendo mientras ves cómo emergen las canas de la raya en el espejo retrovisor??? ¿Un pelo recién teñido??? Y cuanto más potingues me echo, más reseco todo. Ho-rri-ble. Así que he tomado la decisión drástica de ir al cole con el pelo al natural... Sin planchar. Lo sé. Hay que ser muy valiente para hacer algo así. Pero quiero recordar que hubo un tiempo en el que era una persona valiente que salía tal cual de casa.

Y voces. Todo el día voces. Un día entero pegando voces. Voces everywhere. Un concierto ininterrumpido de voces. Una cacofonía espeluznante de gritos. Me he percatado que la gente suele contestar a las voces que les das con más voces y que al final nada. Y que ya no soporto las voces.










De la trascendentalidad de una alpargata

Me costó tiempo aprender que no se decía apargata sino alpargata,  tanto como que coso no era el masculino en desuso de cosa sino un argentinismo o que crucificción es una de esas palabras que acaban en -ixión tan forzadas que parecen mal dichas. A mí me cuesta. 

Mi marido admitió ayer por fin que había leído algunas entradas de mi blog. Y que le habían resultado tan interesantes como leer acerca de la trascendentalidad de una alpargata. 

Pero no. No me cabreé. A pesar de la creencia extendida de que me cabreo por absolutamente todo. 

Ahora bien, lo que no voy a dejar escapar es semejante argumento que echar en cara en contiendas futuras.Vosotras me entenderéis perfectamente.  Incluso tengo el tonillo trágico que emplearé en su momento. Bonita soy yo. 

Un beso a todas, muac muac.