jueves, 1 de mayo de 2014

Micropensamientos de un primero de mayo

Yo creo que mis hijas no crecen tan deprisa como los demás niños porque no quieren irse de casa.

Hablando de tamaños, siempre me ha sorprendido que sea tan alto. No le pega. Si en el fondo es un crío, consentido y caprichoso.

Admito que de entrada, la gente alta no me genera una buena impresión. El cisma se produce cuando tengo que torcer el cuello para mirar hacia arriba. Entendedme, fui criada en una república. Y además, me dan un poco de miedo.

Mi metro sesenta no me supuso jamás un problema, es probablemente el único complejo que no he padecido. Esa es una razón más que convincente para creer que cualquier persona que me supere en más de 17 centímetros simplemente no es normal.

Aunque he de admitir que hay personas que sí tienen una altura armoniosa aunque sean más de 17 centímetros más altas que yo. El otro día una de ellas me contó lo que opinaba al respecto de los coches grandes y pequeños y resulta que compartimos la misma teoría de los tamaños automovilísticos. ¿No es increíble? Bromas aparte, lo cierto es que he notado una serie de coincidencias sorprendentes de las que os haré partícipes algún día. Nunca he creído en las casualidades.

Su discurso no sólo es agradable y balsámico en los días que corren sino que no usa gafas de sol. Menudo alivio. No me gustan las gafas de sol. 

Porque creo que por lo general, la gente se pone gafas de sol para esconder sus ojos. 

Y hay ojos a los que debería estar prohibido esconder. 

Me disgusta que me hablen a través de los cristales de unas gafas de sol porque me disgusta hablar con gente sin ojos. Además es descortés.

Según fuentes citadas, he sido designada la persona más adecuada para hablar de descortesías. 

Es un honor.

Y ya que no me han pedido mi opinión, diré que el "buenos días" está sobrevalorado y que no entiendo que cope todos los debates mundanos en detrimento de los "lo siento" y los "gracias" a los que yo reivindicaré siempre.

La nave está al pairo cuando se mantiene inmóvil con las velas tendidas.

Le dije a Ramón que le enseñaría el pairo pero no tengo barco.  Auguro una pizca de decepción.

Aunque hay veces en las que las gafas de sol se agradecen. Para no tener que ver según qué ojos. 

En algunas civilizaciones antiguas, se creía que al morir el alma podía escaparse por los ojos.

Y es que no sé por qué no puedo hacerlo pero hay personas a las que no puedo mirar a la cara. No sé si es para protegerme o para evitar hacer daño o para que no vean lo que pone en la mía. No lo sé. Sólo sé que en algunos momentos determinados, mis ojos son incapaces de mirar a según qué cosas o personas.

Y hay otras cosas y otras personas a las que no puedo dejar de mirar.

Sólo me apetecía hablar un poco de nada ya que mi trascendentalidad al ser forzada y no natural me agota y hay días en que simplemente me gusta cotorrear.

Feliz día del Trabajo!!! No cansarse!! ;))





Amigas

Hoy aborrezco las letras. Y no porque no me salgan, podría escribir mil pamplinas, perdón GI-LI-PO-LLE-CES si me lo propusiera. Menuda proeza. Pero con qué propósito. Las odio porque no están aquí y ahora. Que formen un club. Me habría gustado al menos por esta vez poder contar con ellas para construirme un refugio donde cobijarme. Pero no. Están ahí, mirándome, quietas, inmunes, impermeables y me dan asco y las aborrezco. Una vez más, como tantas otras. No nos creamos tan especiales. Es la misma historia de siempre con su ciclo invariable que ha vuelto a este momento. Intento estar lejos por dentro hasta que pase. Huir siempre como modo de vida. Y se ríen cuando lo digo. No le veo la puta gracia. No hay otra forma. Y no es dolor. Esto no duele. Pica. Ahora bien, asomarme a la ventana de la mirada de los demás y verme como me están viendo ahora mismo me enfurece. Usar ácido fluorhídrico para disolver la carne. 

Las Nancys Rubias han sacado un nuevo videoclip. Esta mañana he visto el mensaje que me había dejado youtube en mi bandeja de gmail. Lo he escuchado con los auriculares de mi marido que siempre ha estado sordo del oído derecho. Sólo le funciona uno de los dos, no sé si el izquierdo o el derecho. Se llama "Amigas" y es muy divertido. Mario se ha cortado el flequillo. Una sonrisa en la cara. Siempre me gustarán las Nancys Rubias. En fin... La rueda sigue girando.


martes, 29 de abril de 2014

El Club de las Bridget Jones VI

Tóxico

¿Dónde está mi punch, mi swag, mi flow??? Mejor dejamos el tema porque estoy a un pinchazo de estallar en un flow de lágrimas... He perdido mi flow... (Y era en ese preciso momento en el que su voz alcanzaba su cota de agudo más alta cuando únicamente parecía frágil).


Olvidémonos del swag y del flow. El tema de gran envergadura de hoy ha sido que esta mañana me he quedado sin desayunar. Y tenía hambre. Y no soporto tener hambre. Incluso cuando es un hambre autoinfligida.

Pero por algún tipo de conexión extrasensorial, Mónica, mi Mónica del Club, aparte que le encantan los lunes, ha aparecido hoy por el facebook. Y he tenido que contarle lo del desayuno. Y animada por su apoyo facebookiano, he hecho lo único que se puede hacer en estos casos extremos en los que una se queda sin desayunar. Recurrir a Mamá y a mi hermana. Porque en estos asuntos realmente las únicas que sabemos escucharnos somos nosotras. Y Dios sabe que he aguantado todo lo que he podido para evitar someter a semejante estrés a Mamá y a mi hermana. Pero es que me he quedado sin desayunar esta mañana. Y entendedme. Nadie sabe el estrés que me genera el hambre inopinada. Así que se lo he contado todo a Mamá y a mi hermana que como no podía ser de otra manera, me han dado la razón en todo.

Pero no contenta con ello, en su búsqueda incansable de una respuesta para todas las grandes cuestiones de este universo, el hombre, en este caso mujer, ha exprimido el google en busca de un quid del quod que deje claramente claro que él, o sea ella, no ha hecho absolutamente nada (a mí que me registren) y ha hallado tras un montón de enlaces sobre inteligencia emocional (meta que anhela alcanzar en un plazo que sabe corto pues inteligencia le sobra a brazadas) el término que podría explicar por qué se ha quedado sin desayunar esta mañana y que de paso la exima de toda culpa: TÓXICO.

Pero ha resultado que esto de leer sobre inteligencia emocional y cómo identificar y actuar contra los vampiros psíquicos ha sido como cuando uno busca sus síntomas en internet. Que uno acaba inopinadamente en fase terminal.

Y cuanto más he leído sobre personas tóxicas, más me ha parecido que debo ser la persona más tóxica que conozco. Soy una persona horrrrible!!! (Ahora es cuando entraba en fase rebuzno)

Y a lo mejor resulta que soy la única culpable de haberme quedado sin desayuno esta mañana y yo soy quien realmente está sometiendo mi universo personal a un bombardeo constante  de estímulos negativos que afectarían a los estados emocionales y generarían niveles anómalos de adrenalina y cortisol capaces de alterar la bioquímica corporal y de intoxicar a nivel físico y emocional a las personas de mi entorno!!!

Consulta rápida a mi marido:
- ¿me consideras una persona tóxica?
- Sí.
- Jo
...
Pero ¿sabes lo que es una persona tóxica?
...
No me lo digas.
- ¿Un consejo? Cómprate una fiambrera.
- ¡Oh!


Y todo esto sin poder tomarme ni una gota de alcohol para anestesiar el dolor de tan funesto hallazgo sobre mi naturaleza tóxica debido al antibiótico que me ha mandado el dentista de mi post anterior con el que por cierto Papá, no mantengo ningún tipo de relación, ni física, ni mental, ni platónica. Sólo era imaginación.

Y así ha discurrido otro lunes cualquiera, un auténtico yoyó de emociones debido a que esta mañana me he quedado sin desayunar porque simple y llanamente no me ha dado la gana ir a desayunar. 

Uuuffff. No os lo creeríais pero a veces, qué difícil es esto de ser yo!!



Good night!!!
(Una de las entradas más raras que haya escrito en este blog, creo)








viernes, 25 de abril de 2014

Con los ojos cerrados

y la boca abierta tal y como él mismo me ha pedido, lo estoy oyendo hablarme muy cerca de mi cara pero no estoy prestando atención a sus palabras. Ni siquiera percibo su aliento. Y es que lo que me está haciendo me duele tanto que sólo puedo pensar en el dolor. A ráfagas. En cuanto acaba, me concentro en el siguiente dolor que voy a sentir a ver si anticipándome a él logro paliarlo un poco. Me gustaría apretar los dientes pero él no me deja así que aprieto los puños tanto que las uñas que me clavo me están quemando las palmas de las manos. Él nota la tensión en mi cuerpo y se ríe de mí. Me gustaría complacerle y responderle con una sonrisa deferente pero me tiene cogida la boca así que sonrío con los ojos cerrados. Puede que así se compadezca y deje de hacerme daño. Pero de pronto vuelve el dolor que me está infligiendo, que me suelta un quejido y que levanta mi pecho del asiento. Se da cuenta de que no lo estoy escuchando así que ya no se toma la molestia de seguir hablando, se calla y sigue. Gírate hacia mí me dice. Y obedezco dócilmente. Le odio por el dolor que me hace. Y entonces cuando me estoy concentrando en odiarle, siento el calor de su mano sobre mi mejilla que me desarma. Porque me gusta. Tanto que acto seguido me reprendo a mí misma por el placer que acabo de sentir como si nadie me hubiera agarrado la mejilla antes. Como si anduviera necesitada de caricias. Pero es tan cálida y firme. No se espanta ante el contacto con mi piel. Me gustaría abrir los ojos para saber cómo me mira y si a él también le gusta la caricia pero está tan cerca de mi cara que no puedo hacerlo. Porque acabaría bizqueando. Cuando me pide que me levante una vez más a enjuagarme la boca abro los ojos por fin pero la caricia ha quedado lejos. Acaba restregándome por los dientes que siento como lijas una pasta de color rosa y sabor a menta. Yo venía porque se me ha caído un empaste y no sólo me ha hecho una limpieza bucal que es una de las cosas más dolorosas por las que he pasado en la última semana sino que tengo cita para la semana siguiente y me voy sin empaste. Y ¿todavía me pregunta por qué me he tirado tres años eludiendo una cita? Sería una pregunta retórica supongo. En fin...

Feliz San Marcos!! ;))

martes, 22 de abril de 2014

Absurdo

Lo es.
Es completamente absurdo pensar que por dormir como la trajo al mundo la progenitora de una, esta se quedara con el culo al aire. El culo quedó durante la mayor parte de la noche tapado debajo de una manta. Así que no entiendo esa expresión.

Lo cierto es que por mucha manta con la que el culo quedó tapado, anoche hacía demasiado fresco aún para semejante empresa.

Es completamente absurdo pensar que a una le guste dormir como la trajo al mundo la progenitora de una  por fogosidad. A veces también una se despoja de todo porque así siente que es libre y siempre guardó la vana esperanza de que esa era la mejor manera de volverse invisible y transparente.

Y lo único que me mueve a informar sobre el estado de las cosas de anoche es que en ese loco propósito reside probablemente la clave para entender las imágenes que me rondaron literalmente anoche y del porqué de mi incapacidad hoy para actuar que no haya sido a base de estímulos  y reflejos.

Porque anoche queriendo volverme invisible me enfrié y hoy el frío me ha tenido enferma y atontada durante todas las horas de luz y ahora que quisiera dormir recién me estimulo de nuevo.

Pero durante las horas febriles del frío insomnio de anoche que sin embargo se negó a dejarme que me levantara a ponerme el pijama, a gusto como estaba con mi desnudez, mi mente se puso a escribir en el aire y a idear las entradas más elucubrantes que habrían dominado para siempre jamás este mi minúsculo reino personal.
Soñé con los ojos abiertos con manolas que brindaban con cubatas al paso del crucificado y de pasos enfrentados que al salir de las iglesias separaban a madres enlutadas bañadas en lágrimas de sus hijos moribundos y custodiados por capirotes de corazones del color oscuro de sus túnicas. De mis delirios pascuales me fui a la alegría de recordar que por fin el puticlub que hay cerca de la Ciudad del Motor de Almería había encontrado un nuevo dueño. Porque me había resultado triste contemplar durante todos estos años de penuria el cartel de "Se vende" debajo del rótulo de neón como si eso hubiera sido la señal más inequívoca de que las cosas andaban mal. Que no hubiera dinero para viajar o para puros y jamones había tenido un pase, pero que no lo hubiera para... Y entonces, cuando faltaba poco para el amanecer, recordé que aquellos antros siempre habían despertado mi simpatía y descubrí que la única razón posible es que en otra vida había tenido que ser un buen y fiel cliente y que las madames de mi pueblo se vistieron de luto el día de mi entierro y se fueron a brindar con cubatas por mí a la puerta del bar viendo mi cortejo pasar.


Buenas y abrigaditas noches!!! :))


PD: Papá, sí, definitivamente, ya te lo confirmo yo, estoy loca.

lunes, 21 de abril de 2014

La avioneta

Ha vuelto a llover hoy a las 3 igual que ayer.

Y hoy también y a su manera me ha gustado la lluvia.

Porque ayer en un descuido, cuando salía corriendo del coche para refugiarme en el porche de la casa, la lluvia se me coló por el cuello de la camiseta y  me mojó el cogote fría como estaba, y me estremecí  con un efímero y placentero cosquilleo que me hizo sonreír justo antes de refugiarme en el sofá debajo de la mantita rosa.

Esta tarde igual que ayer, a eso de las 3 llovía cuando salía del edificio de la ESO. De una llovizna de las que vaporizan el aire y lo dejan limpio y fresco, de las que lo hacen estremecerse con un efímero y placentero cosquilleo, de las que lo llenan de olor a lluvia y a tardes de caracoles.

Porque hay veces en que el sol me ofende de tanto que brilla, como si quisiera reírse en mi cara y me hiciera navegar a contracorriente de su insolencia. 

Ayer el sol se me nubló a las tres de la tarde, de una tarde de meriendas de domingo de Pascuas cuando la gente del Valle se tira al monte a asar fiambres y a preparar arroces a la lumbre y a emborracharse para celebrar que el Señor ha resucitado. 

Y entonces, reunidos alrededor de la mesa del comedor coronada con  una fritá de conejo y una paleta de cordero en salsa, empezaron las apuestas para saber si acabaría lloviendo o no. Y los hombres de la casa sentenciaron con rotundidad que no. Que ya se encargaría el avión rompe-lluvia de no dejar que lloviera. A lo que las mujeres como si se hubiesen unido por su condición se echaron a reír por aquel cuento infantil de la máquina destruye-aguaceros. Y los hombres, cargadetes de vino, aseguraron que era cierto, que cuando el cielo se cubría, se podía oír en el  Valle el motor del avión antilluvia aniquilando las nubes. Y las mujeres replicaron que no tenía sentido tamaño esfuerzo realizado en una zona de la que nadie se acordó nunca. Y los hombres contestaron que aquel era un avión contratado por las grandes empresas agrícolas asentadas a unos cuantos kilómetros de allí las cuales, regadas por el agua buena del Negratín, querían evitar a toda costa que sus cosechas de lechuga quedaran devastadas por las granizadas y las lluvias torrenciales que de tanto en tanto asolaban la región. Pero acto seguido y para rebatir, una de las mujeres tuvo a bien recordar la novela de su más ilustre paisano en la cual cuarenta años antes ya se hablaba de aquel avión fantasma que nadie vio varado en tierra alguna y que bien debía heredarse entonces de padre a hijo de una raza maquiavélica desconocida. Aquella anotación pareció desbaratar definitivamente el argumento de los hombres y demostrar que todo resultaba de una leyenda que los hombres se inventaron de pura rabia porque no encontraban otra explicación del porqué de una zona tan deprimida y tan olvidada siempre de todos y de todo que hasta la lluvia se olvidaba de ella por años y a veces decenios.  Y como en estos y en otros, todos los asuntos de importancia se dirimían en el google, una de ellas se cogió el móvil y buscó y se sorprendió de pronto al encontrar que no hacía tanto se había conformado una asociación en el Valle en lucha contra aquel avión destroyer.

Y fue cuando se puso a llover, e imaginando que las lluvias habían debido de pillar al piloto del avión rompe-nubes en un renuncio o borracho de meriendas o llanamente en el váter, mientras daban buena cuenta de las viandas que la coronaban, todos los congregados en torno a la mesa se echaron a reír. 






sábado, 19 de abril de 2014

Atrapada en Macondo

Lo reconozco. He engañado a media humanidad para pasar la tarde en Macondo. 

Mentiría si dijera que no tiene nada que ver con su muerte puesto que tiene todo que ver. 

Sí. Ahora que ha muerto es cuando por fin me he puesto a leer sus Cien Años de Soledad. 

No lo adquirí hace mucho. Fue en noviembre, para mi cumpleaños, cuando me autorregalé este y el Plenilunio.
Sólo sé regalar libros.
La fatalidad hizo que me pusiera a leer el otro antes y tan grande fue la decepción que dejé el Cien Años de Soledad dormitar encima de mi mesita de noche criando polvo. Como si él hubiese tenido la culpa de que el otro fuera una mierda.
Y es que la vida es así de injusta y estúpida en muchas ocasiones.

Y eso que llevaba más de veinte años queriendo leerlo. Desde aquel verano en que Mónica y Cristina lo leyeron. Hemos sido amigas de casi todo menos de dejarnos libros. Pero no se lo reprocho. A mí tampoco me gusta dejar libros. Lo detesto. La mayoría de las veces no vuelven y eso me da rabia. Pero es curioso que nunca nos hayamos dejado ningún libro.

Durante aquellos veranos en el pueblo, en las horas en las que sólo cabían el calor y el tedio, y mientras ellas leían libros tan mágicos como el Señor de los Anillos o Cien Años de Soledad, yo sólo tenía a mano los libros de una colección de literatura universal de mi tío Juanjo. No recuerdo la editorial, sólo que eran libros de tapa blanda, color verde oscuro con el título en rojo, y que me parecían feísimos, comparados con los libros de Mónica y de Cristina, de todos los tamaños, con esas tapas en tonalidades pasteles con ilustraciones de colores. Mientras ellas leían los libros que  me parecían los más extraordinarios jamás escritos, yo me tenía que conformar con leer la Metamorfosis, Borges o las Mil y una noches.

Sí. Uno de esos veranos de hace más de veinte años despertó en mí el deseo siempre presente desde entonces de leer Cien Años de Soledad. Y si no hubiera preferido leer Plenilunio por un antojo más inmediato en el tiempo, cuando anteayer todo el mundo se dirigía a Macondo, yo no me habría quedado como una pasmarota buscando en la wikipedia a ver a dónde iban. 

Y ayer no aguanté más. 

Hay gente a la que le gusta hacerlo lentamente, saboreando cada cachito, se tiran días y días haciéndolo. A veces incluso semanas. Tienen una paciencia infinita. Yo sin embargo no. Soy de lectura brutal y compulsiva, de las de aquí te pillo y aquí te mato; si un libro me atrapa, en cuanto me adentro en sus páginas y hasta que no acabo no puedo salir, no puedo hacer nada más que devorarlo sin más. 

Pero, ¿sabéis qué? No sólo soy una envidiosa asquerosa sino que además disfruto muchísimo más si sé que otros me envidian o me detestan o sufren por el placer que estoy sintiendo. Y resulta que estoy haciendo ahora mismo lo que la mayoría de vosotros ya no podrá hacer nunca más y es leer "Cien años de soledad" por primera vez, disfrutarlo por primera vez, sentirme por primera vez atrapada en Macondo, y eso sé que en el fondo me lo vais a envidiar...

Feliz final de Semana Santa!!!

(shhhtttt... es broma... o tal vez no, no lo sé... ;)... )

De Semanas Santas


Pues ¿qué queréis que os diga? 
Que donde se ponga la Semana Santa de mi pueblo, que se quiten las madrugás y los cristos del gran poder,
Que con to'lo pequeña y recargada que es, la iglesia de mi pueblo es la más bonita del mundo, 
Que merece la pena levantarse cuando aun es de noche para volver a pasar en procesión de Vía Crucis por la Placeta y por el Barranco, 
Que pasa lo mismo que en las familias, que da igual que nos queramos, que nos llevemos, que nos hagamos la vida puta, que da igual, por más años que pasen, que somos para siempre de destinos entrelazados,
Que no hay nada como una tarde de confesiones para recordar de donde procede uno, 
Que este es el punto de partida universal al que conviene regresar cuando uno se pierde, y aunque te creas que echando para atrás vas a dar más arrodeas que siguiendo pa'lante, créeme, te será de más provecho, que no tengo motivo alguno para engañarte,
Que sin saberlo pero sí buscándola como el que busca agua cuando tiene sed, me he dado de bruces con la parte de mí que me pertenece, que es mía, que me es más inherente que las otras porque es la que siempre ha estado aquí, inalterable y me he dado cuenta de que yo soy por ella,
Y ese reencuentro ha sido tan provechoso y de tanto gozo que después de mucho tiempo, he vuelto a sentir en mi pecho la liviandad que se siente de niño, tanto es así que a estas horas sigo sonriendo.

Sábado Santo

Ha pasado casi la semana entera y a menos que suceda un milagro mañana, me temo que llegará el lunes y no habrá sido tiempo suficiente para cambiar nada. 

Y estoy harta de una guerra que no es mía. 

Harta.


jueves, 17 de abril de 2014

El reparador

- Ha llamado el reparador. Se va a pasar esta tarde.

¿El reparador? ¿Quién era el reparador? Hice un veloz barrido mental a nuestras últimas conversaciones en busca del momento en el que había surgido el reparador. 

Esa estúpida manía mía de despistarme de las conversaciones en el momento menos oportuno. Me pregunto si poniéndome en manos de un especialista habrá alguna forma de extirparla.

- Mmmm, ¿el reparador?

Ya está, me vuelvo a abstraer, y ahora estoy en casa de Quentin Tarantino, lleva una bata de flores y están llamando al timbre de la puerta. Ahí está, el reparador, vestido con un smoking:
- Hola, soy el Señor Lobo, soluciono problemas. 


El reparador vendría por la tarde a examinar el pilar que se estaba cayendo a cachos. El mismo pilar que había exiliado los colchones de las niñas a nuestro cuarto para que no les pillara el hundimiento de su dormitorio que se encuentra justo encima del pilar en mitad de la noche. Ya se les había dado las instrucciones para que en caso de oír un estruendo salieran corriendo para la calle y de no haber llamado el reparador, probablemente a estas horas andaríamos por casa equipados con cascos de obras.

El reparador dictaminó que la situación aunque no terminal requería medidas urgentes y siguiendo sus instrucciones, nos pusimos ipso facto en contacto con el albañil.

Ahora tenemos un precioso pilar apuntalado en medio del patio, justo debajo del dormitorio de las niñas que está siendo el alborozo de las vecinas que observan de reojo sus propios pilares.

Y lo más importante, ya estamos fuera de peligro. Por todo ello, ¡GRACIAS señor reparador!!