miércoles, 5 de marzo de 2014

Tribulaciones hipocondriacas

Tribulación... No es una palabra que hubiera elegido personalmente, fundamentalmente porque no me llama la atención, no es lo que se dice bonita, y sin embargo, observo cómo se va instalando poco a poco en mi cotidiano. En fin, de eso va la entrada de hoy. De tribulaciones hipocondriacas,


O del día en que morí (otra vez)


La persona que más se parece a mí genéticamente no es mi hermana, ni mi hermano, ni mi hija, ni mi otra hija, ni ninguno de mis padres, ni tan siquiera mi marido. La persona a la que más me parezco genéticamente es mi tía homónima. 

Cuenta la leyenda que muchos años ha, la joven, que no contaba más de veintitantos años por aquel entonces, aquejada de pronto de múltiples males y harta de tantas vicisitudes, se decidió por fin a convocar a toda la familia y anunciarles la funesta noticia de que sin lugar a dudas se estaba muriendo. Tan súbito fue el golpe infligido en aquel momento a su pobre madre y a sus hermanos que cuentan que los vecinos despavoridos al oír los gritos y lamentos se fueron acercando apesadumbrados a la casa familiar para presentar su más sentido pésame. Y nueve meses después, más o menos, nació mi prima. La escena se repitió a posteriori tres veces más.


Yo también he muerto unas cuantas veces así. La más sonada fue probablemente aquella fístula que me salió donde salen las fístulas, o sea en la rabadilla, al caerme por las escaleras del piso en el Beaterio del Santísimo, en Granada. Aquello fue espantoso. Un verdadero dramón familiar lié yo por la fístula. Tanto que conseguí movilizar a mis tíos de Granada que fueron ipso facto a visitar a la moribunda, o sea a mí, y eso que en aquel entonces no había ni móviles ni pollas (como dicen por allí, perdón).

Y ahora estoy en plena crisis de una de esas pequeñas muertes (que no "la petite mort" à la française, rien à voir hélas!!), porque llevo unos días que me duele el pecho y aunque mis compañeros se han empeñado en que la causa sólo puede ser benigna (agujetas, contractura, tirón, mala postura, la regla, las hormonas, la menopausia, una crecida repentina del pecho, la piscina del otro día, el día de la semana pasada en que me fumé diez cigarros etc etc) yo los escucho con cara compungida de plañidera, dándole vueltas y más vueltas a la misma idea. 

Porque entre vosotros y yo, alguna vez será la definitiva, de eso no cabe duda. Pero claro, de tanto anunciar que me muero un día sí y un día también, pues el día que lo haga de verdad, en el tanatorio eso va a ser un cachondeo... Lo cual en el fondo no me disgusta... Mi marido me ha dicho que ya que me empeño en hacerlo, a ver si puede ser antes de agosto, no por nada personal, sino porque ahora mismo tengo vigentes dos seguros de vida, y en agosto se me cumple uno. De todos modos, lo dice sin ninguna mala intención. Podría haber sido al revés. Le he dicho que voy a ver lo que se puede hacer y que favor por favor, que se busque cuanto antes a otra esposa, que las niñas son pequeñas todavía, que se acostumbrarán pronto a la nueva y así no acusarán mi ausencia, que luego con la edad del pavo se pasa peor, pero él dice que de eso nada. He intentado convencerlo diciéndole que tan mala suerte no va a tener dos veces seguidas y en esas estamos. En fin..



En serio, intento tomármelo con humor pero no os hacéis ni una remota idea de lo complicado e insoportable que se hace a veces esto de ser hipocondriaca. Al menos esta vez estoy aguantándome las ganas de meterme en internet en busca de mis síntomas. Uuuff...



Buenas noches,