jueves, 5 de diciembre de 2013

Calendario de Adviento

Sorpresa del quinto día:

Digamos que después de llamar a Disney donde fui atendida por una chica majísima, caí a los infiernos de Seur donde una señora ha venido a decirme que la opción de entrega contratada por  Disney es la de no dejar ni aviso, ni mensaje ni nada que certifique que ahí ha estado alguien con mi paquete. De hecho creo que esta opción sólo se limita a tener mi paquete metido en un almacén de incidencias durante diez días y devolverlo al remitente. Y si se tratara de algo para mí, ya estaría anulando el paypal y diciéndole a esa chica tan maja de Seur que se metiera mi paquete por donde más gustito le diera pero resulta que se trata de un paquete para las niñas, las mismas que llevan una semana contando los días para que le llegue su paquete así que he vuelto a llamar para preguntar si el paquete estaba de verdad en Huércal-Overa. Porque soy de las pocas personas de la zona que sabe dónde está la oficina de Seur en el polígono industrial de Huércal-Overa, y todas mis visitas con ídem resultado. Sí sí sí , por supuesto que está en Huércal-Overa. Tres cuartos de hora para ir y volver que a las 6 y media la niña (una de ellas) tenía kárate (curiosamente me he dado cuenta de que  siento un profundo respeto hacia los senseis... ¿samuraï en una de mis vidas anteriores tal vez?). El caso es que he metido a las niñas, su mochila, un sandwich, unas galletas, una botella de agua, todo en el coche en cinco minutos y ahí nos hemos presentado. Y ahí no estaba. Y he puesto una reclamación (la segunda que pongo en mi vida) bajo la paciente mirada del buen hombre ahí presente que ha tenido que aguantar toda una retahíla de indignaciones por parte de una sufridora sin una queja. A la vuelta, he vuelto a llamar y me ha asegurado la señora que me ha mandado a Huércal que no me había mandado a Huércal sino a Almería. Total, que (comentarios borrados) y el sábado es nuestra última oportunidad de rescatar ese paquete del infierno de aquel almacén de incidencias. Cueste lo que cueste. 

Y sin nada más que añadir en cuanto a esto respecta, esperaremos expectantes qué nueva sorpresa nos depara el mañana!

Qué diciembre, Señorcico, ¡qué diciembre!