miércoles, 3 de julio de 2013

Ya llegó. El temido momento.

Tras una breve, tensa y aparente calma, llegó el momento de enfrentarme a mis demonios.

Un año después.

Uuufff.....

martes, 2 de julio de 2013

De pico, llaves y branquias.

Quince días de jefatura.

No te das cuenta de lo mucho que hace la otra persona hasta que te encuentras sola ante el peligro de dos enanas en plena efervescencia veraniega y muy descansadas . Que casi se levantan a las 11. Que no que no! Que se acostaron a las 12!!!

- Isa, que no saltes encima de la cama!... Isa, no saltes!... Isa para!...  Isa baja!... Isa no saltes!... Ahí va la hostia como se ha clavao el pico de la ventana en toda la espalda... Claro que duele cariño, pobrecica mija... Ay mi niña, ay ay ay!!!

Y esto antes de las 12.

Mar levantada. La mayoría de las playas de Mojácar tienen la característica de ser difícilmente aptas para el baño en condiciones normales. Hondas. Piedras. Rocas.  Corrientes. Oleaje. Imaginad ahora cuando está levantada.

- Venga niñas! Para paliar la ausencia de papi que os quiere mucho, no lo olvidéis, papi siempre os querrá, sólo que es jefe de estudios,  vamos a hacer algo different. Vamos a subirnos al coche playa (el mío) y vamos a buscar una playa donde bañarnos. Okis???

Y allá que vamos, con la crema ya echá, con lo mínimo puesto y metido en el coche, buscando lo único que le pedimos a una playa. Ni chiringuitos. Ni duchas. Ni baños. Ni arena. Ni música. Ni gente guapa. Ni farafashions. Ni postureo. Ni postal. Sólo queremos bañarnos!!!!

El espigón del hotel Indalo. La única posibilidad que veo. Está todo levantado. Increíble que julio se parezca tanto a agosto. Y agosto se hará julio. Y entraremos en septiembre asándonos de calor. Como el año pasado.

Por fin la playa. La última de todas. Luego sólo está Macenas. Hay gente bañándose. De hecho es de las pocas playas donde se ve gente. Aparcamos fácil. Descargamos las cosas. Allá que vamos.

Si pensáis que meter una sombrilla por primera vez es fácil desengañaos. Es difícil de cojones. Dar vueltas y más vueltas pensando que la estás metiendo pero que sólo se haya metido un poquito y que no haya forma de hincar el palo para que quede tieso,  y seguir dándole vueltas sin muchas esperanzas mientras una se te engancha de la cabeza para desatarse las chanclas y la otra no para de repetirte lo bien que lo hace papi poniendo piedras alrededor... buena idea lo de las piedras. Funciona y todo!!!

Las llaves. Dónde están las llaves del coche. He perdido el contacto visual unos minutos. Durante la operación sombrilla. No puede ser. Dónde están?? Niñas ¿habéis visto las llaves? Estaban aquí. A ver si las he metido, pero no, si las he dejado encima de la arena. Ha sido la mejor idea que he tenido en todo el día, estoy muy muy orgullosa de mí misma  en ese momento. Ya he abierto cerrado e inspeccionado cuatro veces los bolsos neveras bolsillos que traemos y nada. Y claro. Tampoco me he traído móvil (mi wiko no va a la playa, me niego) sino el despertador de casa. Ni llevo dinero. La cartera está en el coche. Miro las sombrillas alrededor de mí. No tienen pinta de estar muy por la labor aunque parecen divertirse con nosotras. Controlo con facilidad el tono de voz. Nunca panico antes de haber agotado todas las vías. Además están las niñas. No hay que asustar a las niñas. Así que me pongo a hacer lo único que queda por hacer. Escarbar como un perro alrededor de la sombrilla. Literalmente. Hasta que!!!! Las llaves!!!! "Mecagoenlahostiaputalamierdalasllaves @#&€&%&''*5©$®$$^¥[["

Ya lo he dicho. No panico hasta el final. Pero ahora bien cuando me relajo, exploto!!!

Ahora estamos en casa. Todo bien. Pero estoy muerta. Es lo que tiene dos horas de agua seguidas. ¿Y cuánto tiempo dice usted que llevamos de vacaciones???

Bises!!!

Cremita

He adquirido tal manejo en el arte de echar cremita solar  que cuando vengáis a visitarme, no desperdiciéis la ocasión de disfrutar de mi talento! Os la echaré con mucho gusto! ;))

Buenos días!!! Nos vamos en busca de playa...

lunes, 1 de julio de 2013

Tareas veraniegas

No he olvidado mi libro. Todo este tiempo lo he tenido aquí metido. Me ha llegado a incomodar en muchas ocasiones pues no ha dejado de recordarme nunca que lo tenía abandonado pero que él seguía aquí.

Sin embargo, lo que no sabía él es que esperaba este día para volver a él.

He empezado a leerlo de nuevo. Y me he traído lápiz y papel.

1 de Julio. Mojácar.

Shorts rabicortos moño choni y chaqueta vaquera. Estoy fuera. Tengo frío. Se oyen unos niños chillando en su terraza y el rugido del mar. El sonido que hace el mar es lo que me lleva a quedarme fuera pese al frío. Es una de las cosas por las cuales sigo viniendo aquí, aunque sea a regañadientes. Me gusta el mar. De hecho creo que sólo me gusta el mar.

Y hay noches en que se pone bravucón, como esta noche. Es fácil dejarse  llevar por su sorda cadencia. De vez en cuando estallan violentos golpes de ola contra la arena de la playa. Suenan a latigazos.

El ruido del mar es aterrador e hipnótico como una nana.

El don

Ahí donde la mayoría de la gente la hace de vez en cuando, yo tengo un don.  El don de la ubicuidad. No. Nada que ver, pero siempre me ha gustado ese don de ahí la mención. Y no se trata de una mera capacidad o de algo casual que suceda de vez en cuando. Lo mío es un auténtico don. Digno de un máster. Una cátedra. Un Nobel. Una medalla de Oro. Unos Mundiales. El don de liarla parda.


Yo primero la lío, cosa que le pasa con más o menos frecuencia a todo hijo de vecino. Y entonces, en lugar de dejarlo tal cual y que siga su curso natural, que normalmente suele ser el de desliarse solito, porque en el mundo normal, según la teoría del caos, las cosas se acaban arreglando por sí solas si las dejan.


Pues yo no. Yo soy especial. Yo oigo esa vocecita interior que me dice quieta pará, pero yo no soy de esas. Yo soy de las que intentan desliarla por impaciencia y por creimiento, y normalmente lo logro, porque si no, sería una mierda de don, logro liarla más. Y os aseguro que no es fácil. Entonces ¡oh horror! me percato de lo que he hecho no ya de primeras, que eso ya ha quedado para el recuerdo, sino de segundas, me pongo nerviosa, me aturullo, ideo rápidamente una salida genial y no sé cómo me la apaño pero lo brillante aplicado a la práctica acaba tomando tintes horripilantes y lo siguiente es aún peor, y liándola más y más alcanzo por fin el estado supremo de bola total.


Y es cuando me paro por fin. Cuando ya he agotado todas las posibilidades y maneras de liarla más, por fin paro. La única vía que queda abierta es prenderle fuego. Pero como no soy de prenderle fuego a nada, aquí estoy, con mi bola al lado, y de vez en cuando le doy un empujoncito a ver si se da la vuelta o se mueve un poco. Y son ya tantas bolas las que tengo aquí conmigo que ya no sé dónde voy a acabar metiéndome. 


Buenos días.

Ansiedad

Nervios. Taquicardia. Nudo en el estómago. Sensación de falta de aire al respirar. Necesidad de respirar más y más fuerte.

Pensamientos inconexos. Necesidad de no pensar en nada. Concentrarse en la nada.

No echar gota al mear. Que te pinchen y no sangrar. 

Yo ahora mismo. Como descripción gráfica.

J'en ai gros sur la patate.

Mis enanas han decidido hacer "la grasse matinée". A ningún español se le ocurriría hacer la mañana grasienta en lugar de levantarse tarde. Pero al francés sí. Creo que a diferencia de la española, la gordura francesa no debe ser del todo mala, al contrario. Se dan besos gordos, se tienen coches gordos, los que más leen son los gordos, los que tienen más pelas también. Lo gordo suele ser bueno, excepto por el corazón, o sea la patata. Si tienes el corazón gordo, malo María, porque eso es que la cosa no va demasiado bien. 


Y por más que le dé vueltas, en lugar de liarme en mis habituales absurdas discusiones filológicas conmigo misma, debería levantarme ya de mi bienquerido sofá y ponerme a la tarea. Hora de prepararlo todo para la partida. Llevo un mes mentalizándome pero soy tan... especial. Sí. Dejémoslo en especial. Por qué no puedo ser como todo el mundo y no hacer un mundo de nada siempre... Oh merde. Ô foutu moi. On y va.

Echar conocimiento

Ya lo sé. Es complicado. Pero algún día lo echaré. No pierdo la  esperanza.

El laurel

Es costumbre en los pueblos tener ramas de laurel colgadas en las despensas de las cuales se sirven las madres cuando cocinan lentejas, asados, pistos y sopas de arroz. Este año se me acabó el último laurel que me dieron León y Dolores hará de eso dos años. No se suele comprar laurel en los pueblos. Te lo dan o tú lo pides. De la misma manera que no se compra perejil sino que te lo ofrece gentilmente el frutero como muestra de cariño. Tampoco se compra el hinojo cuyas hojas en forma de hebras perfuman los gurullos y las pelotas. Se encuentran casualmente al pasear por el campo. Como las acelgas que crecen entre bancales. O los caracoles cuando ha llovido. Tampoco se compran naranjas o limones en mi pueblo. Siempre hay alguien que te invita a llevártelos de su bancal antes de que se caigan del árbol. Y también recuerdo los veranos en los que mi abuelo Paco armado de un par de guantes, una hoz, bueno, no era una hoz sino un artilugio de su invención, y de un cubo, llegaba por las mañanas cargado de chumbos y de higos. Y seguro que me dejo lo mejor. Así que cuando he leído que ibas a tirar tu laurel, me ha salido el instinto cortijero, en este caso el de pedir. Que podría habérselo pedido a otro perfectamente. Y es que en los pueblos no se compra laurel sino que se pide al vecino. Eso sí, sólo si es de comer.