martes, 16 de abril de 2013

Locura

Llevo todo el día con este nudo en el estómago...  Sé demasiado bien lo que es.

Don't worry papi!!! No es mortal. No es físico, está todo en la cabeza.

Dichosa cabeza. Si utilizara todo su potencial en hacer algo de provecho y no en vivir el minuto a minuto. Pero me he quedado escondida detrás de un naranjo, viendo cómo asaltaban mi cortijo en la oscuridad, y ahí estoy, paralizada en lugar de salir corriendo para que no me maten. Tal vez mis enanos (yo no tengo musas, tengo duendecillos cachondos) me estén pidiendo un "répit" (=descanso) de tanta sangre, vendetta y muerte, y se estén rebelando por un poquito de sentimientos buenos y puros de los que te ponen una sonrisa por la mañana. Un poquito de amor que alumbre con un poco de esperanza este espanto.

Y el insomnio sigue ahí para más inri. Hijoputa. Aunque sé demasiado bien lo que es. Es esa dichosa maquinita que tengo a mi lado y que no me deja pensar en nada más que en darle al botoncito de encendido a ver cuántas nuevas interacciones me llegan. Soy de naturaleza adicta. A todo. Ya me advirtió mi hermanito de que no estaba hecha para mí. Pero me convencieron con demasiada facilidad de que la tuviera y el mal ya está hecho. Se ve que se olvidaron de incorporarme el botón de ctrl de serie, o tal vez venía en el cacho de muslo que me falta. No sé. No puede ser tan difícil darle al off.

Y hace un rato de pronto me he visto envuelta en un millón de conversaciones y de partidas de triviados que tenía que ganar de todas todas, y se me ha colapsado la caja gris que tengo entre las orejas porque por más que juegue, hable, interactúe, lo mío no es eso, es esto. Y lo que quiero es esto. Y me frustra no estar aquí. Así que por qué me cuesta tanto centrarme en lo que de verdad quiero. Diooooos. Pero por qué seremos tan irracionalmente irrazonables???

Que alguien me restaure el sistema y me incruste la dichosa tecla ctrl, pleaaase.

Thanks.

Good night,  I'm gonna try again to sleep...


viernes, 12 de abril de 2013

Primavera

No te creas. 

Resulta divertido asistir, asomada como estoy a mi balcón, a la vorágine de la primavera. El cambio ha sido una vez más espectacular. Son más hermosos que nunca, denotan una extraña fuerza. Su pulso ha aumentado unas décimas, ya no es el del letargo hibernal, y esa fuerza de la sangre incontrolable está latente en cada una de las palabras que pronuncian, en cada gesto, en cada movimiento, alguno todavía patoso, descontrolado. Algunos no entienden lo que les pasa y andan un poco perdidos, despistados, incómodos en su nueva piel, incluso desesperados, parecen no entenderlo. Pero está tan claro, tan palpable, tan visible como esa luz distinta, ese destello salvaje en su pupila. Me encantaría poder consolarlos, tranquilizarlos, animarlos. Pero deben darse cuenta solos. No puedo hacer nada. Sería inútil.
 
Asomada a mi balcón, los observo. Un año más ha ocurrido y es hermoso.



La estirpe

La primera vez que me encontré con él, debía estar en "Sixième" ou en "Cinquième". Sé que era mi primer o segundo curso en el colegio porque iba sola hasta la parada del autobús. Los dos cursos siguientes me acompañaba mi hermana. Así que tenía 11 ó 12 años. 


Era temprano por la mañana. Iba andando por la acera. Recuerdo incluso el lado por el que iba. Iba subiendo la acera por la derecha, en el mismo sentido que el tráfico. La calle estaba bordeada por álamos o plátanos. En todo caso, eran árboles muy altos y frondosos. Y debía ser primavera o verano porque a esas horas de la mañana el sol ya había salido.

Iba andando sola por la acera y no me di cuenta de que el coche que iba circulando a mi izquierda por la calzada iba a una velocidad más lenta de lo normal. No me di cuenta hasta que oí una voz dentro elevarse por encima del ruido del motor llamarme y fue entonces cuando giré la cabeza en su dirección.

Era un coche pequeño, feo, cochambroso. Apostaría ahora a que era un Citroën 2CV o algún modelo parecido. Dentro, un hombre gordo, medio calvo, de pelo claro tirando a color zanahoria, que aparentaba la cuarentena me estaba haciendo una señal para que me acercara al coche. Me sonaba mucho la cara pero no sabía dónde ubicarla. Años más tarde, no me preguntéis por qué, me vino a la mente que pudo haber sido el tío soltero de Christelle al que había visto sólo en una ocasión una tarde que fuimos varias amigas a su piso.

Aquel tío al que no conocía de nada me estaba llamando para que me acercara y supe que aquello no era normal. Puede que porque en Francia la gente es fría, reacia al contacto con gente que desconoce. Y ese tío me estaba llamando, incluso tuteando y no lo conocía de nada. Sentí un acelero en el corazón e hice lo que siempre he hecho desde entonces. Volver la cara y seguir mi camino. Sé perfectamente que no dije nada, que no lo volví a mirar. Puede que aligerara el paso. Pero no hice absolutamente nada más que proseguir mi camino. Y el corazón latía, latía muy deprisa.

Aquella fue la primera vez. Por desgracia, he vuelto a encontrármelo en alguna que otra ocasión. Nunca tiene la misma cara. Nunca es en el mismo sitio. Pero la mirada... esa mirada. Siempre es la misma mirada. La de los bastardos de la estirpe.



Que el fin de semana os sea propicio!!

PD: Extrañas asociaciones hace la mente.

Insomnio

El insomnio es ese personaje que te despierta a la hora que le sale de los c* con la excusa que sea. Lleva ya una semana en casa. No veo el momento de que se vaya.

Hoy la excusa ha sido un conejito blanco llamado Cony. 

No sé si preocuparme por haber imaginado a un conejito blanco saltando de un avión con un paracaídas.

Y por más que me digan, no puedo concebir que no lo haya visto de verdad.

Sí. Creo que es motivo para despertarse. Y si no tuviera otros gatos que azotar (traducción literal: avoir d'autres chats à fouetter), me preocuparía.

Tengo sueño. 

Menos mal que ya es viernes.



Dudas


Cuando ves que un barco naufraga a la deriva, una de dos, o te das la vuelta, o te metes al agua a salvarlo.



Aunque cabe una tercera posibilidad.


Rezar por que otra persona se dé cuenta y se lance a rescatarlo.

jueves, 11 de abril de 2013

La parábola de mi amiga Peggy

Reflexionando sobre las "cosas" que ocurren, me he acordado de una chica que un día fue mi mejor amiga.

Se llamaba Peggy pero me es imposible recordar su apellido. Tengo un memorión para según qué cosas y para otras ninguna, lo que viene a ser una memoria selectiva.

Peggy aparece en todas las fotos de fin de curso de mi etapa en el colegio de monjas. Y también en las del instituto. Sí. Estuvo en mi vida durante siete años y no soy capaz de recordar su apellido. Lo admito. No lo siento.

Hace un par de años mis padres me convencieron para que colgara una foto de mi curso cuando estuve en "seconde" y así lo hice. Curiosamente la única que se puso en contacto conmigo fue ella y ya no llevaba su apellido. Así que supuse que al final había abandonado la idea de hacerse monja para casarse. Pero aún no le he contestado.

Éramos las mejores amigas. Era esa persona a la que conté hasta mis más íntimos secretos y supongo que la primera persona en la que confié.

Una mañana de lunes como cualquier otra, cursábamos las dos "seconde", no recuerdo los detalles concretos de cómo sucedió pero sé que en algún momento de la conversación de aquella mañana al llegar al instituto, después de los dos besos de rigor a todos, así hablando, me enteré de que había invitado a Éric Bernoux, una enorme cabeza sobre un cuerpo larguísimo y altísimo, a su confirmación la cual había tenido lugar aquel mismo fin de semana.

No recuerdo cuántos días tardó mi cabeza en procesar aquello. Sé que una mañana llegué al instituto y simplemente no le volví a hablar.

La amiga de verdad de la que sí me acuerdo y que siempre estuvo ahí en mis dos años en casa de mi tía Antonia se llama Laurence Antoine. Con ella compartí mis dos últimos años de instituto y la verdad es que sólo guardo buenos recuerdos de aquella época que pasé con ella. Deseo que su vida haya sido igual de llena que la mía.

Buenas noches!






Justo antes de la tormenta

Escribí algo sobre ello. Pero ahora no puedo recordar dónde fue. Cuando tenga más tiempo, lo buscaré. Espero que no haya sido en este espacio. Lo de ser una abuela cebolleta no lo llevo demasiado bien. Sé que escribí sobre ello. Pero no sé dónde, y no quiero repetirme ni tampoco repetir a nadie. Me da pánico llegar a hacerlo. 



El momento que precede a la tormenta es perfecto, idílico, todo parece fluir en la dirección que tú has tomado aleatoriamente; todo dibuja complejos y armoniosos arabescos alrededor de ti, diluye lo discordante que se vuelve débil hasta acabar ahogándose en la armonía que reina en el mundo cuyo centro eres tú. Fuerte, grande, enorme, desafiante. Poderoso. Nada te es imposible. Y sonríes, triunfante. 

Entonces se hace el silencio en el mundo. Y al cabo de unos minutos queda roto por la primera gota golpeando el suelo. 

Puedo reírme del mundo ahora. Nunca me reí tanto. Llamémoslo experiencia. Llamémoslo paz. llamémoslo suerte. Sin embargo me queda ese regusto amargo de saber que tarde o temprano la tormenta acabará estallando y por más que la presienta o la esboce, no sé cuándo arreciará. 


domingo, 7 de abril de 2013

Charles Baudelaire. Mi corazón al desnudo

Ayer lo encontré por casualidad, escondido en una caja de mudanza. Y fue como un reencuentro. No lo había hojeado ni siquiera cuando lo compré. Es pronto para hablar de ello. Pero Baudelaire es mi poeta y siempre lo será, y ahora que afronto una fantástica etapa de mi vida, me ha reconfortado reencontrarme con él después de tantos años, como con un viejo amigo que siempre estuvo ahí esperando mi vuelta. 

Es un pequeño libro hecho de esas notas que uno va dejando aquí y allí con la intención de no perder algo, un pensamiento fugaz que tiene la clave del orden del mundo o un proyecto importante por iniciar y que acaban convirtiéndose en... notas.  Pero no sé por qué me empeño en leerlo porque leer tanta genialidad me frustra siempre un poco. Aunque por encima de la frustración está la fascinación que siento por el hombre.


III

Comprendo que se deserte de una causa para saber lo que se experimenta sirviendo a otra.
Quizás fuera dulce ser víctima y verdugo alternativamente.


V

La mujer es lo contrario del dandi. Debe producirle horror.
La mujer tiene hambre, y quiere comer; sed, y quiere beber. Está en celo y quiere ser satisfecha-
¡Qué gran mérito!
La mujer es natural, es decir, abominable.
Además, es siempre vulgar. Es decir, lo contrario de dandi.

LXXII

Cuanto más el hombre cultiva las artes, menos jode.
Entre el espíritu y la bestia se produce un divorcio cada vez más sensible.
Sólo la bestia jode bien y la fornicación es el lirismo del pueblo.
Joder es aspirar a entrar en otro, y el artista jamás sale de sí.

   



Ya lo sé. Ahora mismo tengo a la "Ligue des bonnes mœurs" en pleno montándome un tribunal de la Santa Inquisición y eso que esto no lo he escrito yo. Y es que Baudelaire siempre tuvo una tremenda capacidad por hacer ulular a la grada. "Lo que hay de embriagador en el mal gusto es el placer aristocrático de desagradar"... Bueno, lo admito, he escogido probablemente los párrafos más provocadores. Pero admitid que no hay nada como una frase provocadora para llamar la atención... O desviarla... ;P (¡y es tan divertido!!)


XXII Cohetes

Creo que el encanto infinito y misterioso que yace en la contemplación de un navío, y sobre todo de un navío en movimiento, proviene, en el primer caso, de la regularidad y la simetría, que son, a la par que la complicación y la armonía, una de las necesidades primordiales del espíritu humano; y, en el segundo caso, de la multiplicación sucesiva y la generación de todas las curvas y figuras imaginarias operadas en el espacio por los elementos reales del objeto. 

La idea poética que se desprende de esta operación del movimiento en las líneas es la hipótesis de un ser vasto, inmenso, complicado, pero eurítmico, de un animal lleno de genio, dolido y angustiado por todos los suspiros y todas las ambiciones humanas.


Altamente recomendable para los admiradores del poeta. Imprescindible para los apasionados donde reconocerán en seguida no sólo su peculiar manera de contemplar el mundo sino también su declive. Y tan íntimo que perturba.


viernes, 5 de abril de 2013

Islandia

Algún día iré a mi país favorito de todos los países...


Porque llevo años pensando en hacer ese viaje.


Islandia es una isla diminuta perdida en el final del mundo. Pero no es una de esas islas paradisiacas de los mares del sur rebosantes de cocoteros y de lujuriante selva virgen color esmeralda. Fue elegida y condenada entre todas las islas y se halla plantada en mitad de un enorme y aterrador océano de hielo que la disuadió pronto de cualquier escapatoria.  

El frío, la lejanía, la oscuridad de sus días y los volcanes que plagaban su superficie la convirtieron en una tierra lúgubre y maldita, y durante muchos siglos permaneció sola, inexorablemente. 

Hasta que unos pocos hombres del norte decidieron asentarse en ella.

¿Quién querría irse a vivir al lugar más inhóspito del mundo y por qué?

A lo largo de un tiempo infinito, aquellos hombres procedentes del norte aguantaron epidemias de peste, guerras despiadadas, erupciones volcánicas y hambrunas terribles sin decidirse nunca a escapar, huir para siempre de aquel infierno en la tierra. 

Cuentan por ahí que su aislamiento del resto del mundo los transformó en un pueblo duro, singular, misterioso y diferente a cualquier otro; que ese aislamiento les proporcionó una capacidad para imaginar y crear mundos irreales y cautivadores capaces de hacer que el alma lo sobrevolara sin sucumbir al infierno. Se convirtieron en una raza de contadores de historias. Es verdad. Dicen que nadie es capaz de contar historias como ellos y que dedican gran parte de su tiempo a devorar esas mismas historias.

Lejos como están del resto del mundo, qué puede importarles lo que los demás digan o piensen. No han dependido nunca de nadie más que de ellos mismos.


Son muchas e increíbles las historias que me han contado desde siempre acerca de aquel lugar así que deseo ir. Algún día. Si Dios quiere. 


Bon week-end!

miércoles, 3 de abril de 2013

Dos

La primera es muy muy simpática. Tiene esa facilidad mezquina para sonreír, con esa sonrisa amplia y boba, tan sumamente BOBA, que muchas veces dan ganas de preguntarle, ¿por qué sonríes exactamente?, ¿qué te hace tan feliz? ¿De qué nido te has caído? Y es tan uuuuf, tan amable, complaciente, tan servicial, siempre dispuesta a salir la primera. Ya está ahí la señorita doña perfecta. Puuuf, tía, eres imbécil y en el fondo insoportable. ¡Que no te lo van a agradecer!!! y eso tú ya lo has comprobado en muchas ocasiones. Así que ¿por qué demonios lo haces? ¿Por qué vas meando agua bendita por donde vas pasando? Ese halo de santimonia irritante. ¿No ves que molestas a los que no son tan chachis como tú? Seguro que en el fondo eres una puñetera hipócrita que intenta destacar sobre todos los demás y haces lo que haces para demostrar que eres mejor que nadie. Nadie hace nada por nada, de gratis. No en este mundo. Debe haber algo por ahí detrás. Seguro que tienes a más de un cadáver metido en el armario. Nadie puede creerse ese "tú" ideal que te has creado.


La otra por el contrario la observa de lejos, lejos de ella y de todos porque prefiere mantenerse al margen. No le gusta mucho mezclarse con nadie. Se siente más segura en la frivolidad de las relaciones lejanas. Sin embargo, nadie imaginaría que no se trata de timidez. Simplemente sabe que en el momento menos pensado bastará una palabra para que se suelte la bestia. Ha habido noches enteras que ha pasado en vela haciendo un repaso metódico de cada una de las horas de ese día por si en algún momento alguno de sus pensamientos se escapó a la superficie. Parece dura. Pero en el fondo sólo tiene miedo, vive atemorizada por la bestia que guarda en su interior. Porque si se escapa la bestia, puede que no haya vuelta atrás. No preguntes. No lo dudes. No te soporta. Así que déjala en paz. Será lo mejor para ti. 


Son dos. O puede que una. Puede que sea real. O puede que no. Puede que en el fondo seas tú. O puede que sea yo.