viernes, 1 de mayo de 2015

Tóxicas

"Solía pensar que lo peor en esta vida es acabar solo. No lo es. Lo peor en esta vida es acabar con gente que te hace sentir solo". (Robin Williams)

Me quejé ayer a mi marido por la falta de ideas para escribir. ¿Por qué el escribir no puede fluir siempre con el mismo caudal de inspiración? Cuando se seca el río, me desespero. Le comenté que barajaba dos temas, las cicatrices y los tóxicos, temiendo que lo segundo le pareciera una idea estúpida. Pero me animó a que escribiera sobre tóxicos y aquí estamos.



Tóxicas (primera parte)


Pongámonos en situación. No podría explicarlo mejor que la cita de Robin Williams. Estás en medio de un grupo de personas que vale, que son conocidas, incluso familiares, pero te sientes incómodo, en tensión, te cuesta sonreír, sentirte a gusto, hablar de tus cosas, sólo esperas la siguiente pulla, el próximo desaire que te planten, ese gesto desleal y gratuito que te tuerza el día. Estás ahí pero para ti es un suplicio. ¿Mi consejo? Sal de ahí por patas. ¿Si te dieran la opción de luchar contra un tumor extirpándolo o tomando aspirina, lo dudarías? Pues aquí tampoco cabe la duda. No pierdas ni un minuto más de tu existencia con ese tumor. No es algo que vayas a poder sanar. Al contrario. No esperes a que se haga metástasis.
No tienes la culpa de nada. Ahora mismo eres tu mayor aliado y no hay ninguna explicación que dar. Sólo tienes que preocuparte por tu bienestar. Después de algo así, eres lo único que debe importarte. Preocúpate por ti, es la única manera de recuperarte. Una vez que estés bien, tendrás tiempo de preocuparte por otras cosas.
Habrá un tiempo en que te encuentres mal física y psicológicamente y mi consejo es que empieces a salir con otra gente. No rehuyas una invitación, una mano que se te tienda. Verás  que en cuanto empieces a frecuentar a otras personas aquello ya no te parecerá normal. Normal es que la gente te hable, te salude, te sonría, te pregunte por tu día a día, que le importe lo que tienes que decir, lo que te pasa, tanto lo bueno como lo malo, que te busque para compartir un ratito de charla contigo, un café, un cigarro, que te escuche y que opine, que aprecie tu compañía, que te saque una carcajada; lo normal es rodearte de gente a la que importas. Y créeme, en cuanto te extirpes el tumor, conocerás a gente, mucha gente que sin pretenderlo, te hará cambiar la perspectiva y conseguirá que vuelvas a sentirte bien, a gusto.
Cuenta lo que te ha pasado. No te lo calles. No es algo de lo que debas avergonzarte pues no has hecho nada. Cuéntalo para que la gente que te quiere sepa por lo que has pasado y te pueda ayudar. ¿Dudarías en darle tu apoyo a una persona a la que quieres y que lo estuviera pasando mal? Pues ahora toca que te apoyen a ti y te ayuden. Deja que otros te ayuden y se preocupen por ti. No estás solo.
Sólo te debes a la gente que te quiere. A nadie más. Las únicas explicaciones, el único diálogo que está legitimado es el que mantienes con gente que te quiere, te respeta, te aprecia, que desea lo mejor para ti, que procura no hacerte daño y cuyo punto de vista crítico es el único del que te puedes fiar. ¿No has tenido suficiente discursito tóxico durante este tiempo? ¿En serio confiarías en lo que dijera una persona que en el mejor de los casos te ha mostrado indiferencia llegando al más absoluto desprecio?
Sonríe a la vida. Tienes otra cicatriz más que lucir y habrá días en los que esa cicatriz duela. Pero, de eso se trata, ¿no? Has pasado por una situación opresiva, gente en la que confiabas te ha hecho daño pero ahora por fin puedes decir que lo has superado. Sonríe. Cada batalla nos va haciendo más fuertes. Y ahora disfrutas más si cabe de la vida porque ahora aprecias cosas a las que antes no dabas importancia. Enhorabuena. Disfruta. Vive. Sonríe.