martes, 5 de mayo de 2015

Ofuscación

Iba a escribir hoy una entrada magistral, la estaba tejiendo en mi mente de vuelta de Lorca, estaba todo ahí, divertida, fresca, llena de humor y de glamour, ya sabéis, de las que suelo escribir habitualmente, os hacéis más o menos una idea. Porque ¡EA!, la oportunidad surge de la crisis  y qué mayor crisis (otro chupito de mora para el body) que volver de Lorca, o sea del centro comercial abierto Parque Almenara de Lorca, sin haberme comprado absolutamente nada (esperad que me sirva otro chupito... voilà). ¿Qué somos? ¡Chicas! ¿Y qué queremos? ¡Superar nuestras frustraciones comprándonos cosas bonitas! Oh, perdón por ser tan superficial, lo siento enormemente, ooh, dejad que me flagele, mmm, así, mmm, me gusta, mmm. (Chupito dentro. Y no es que me haya vuelto una borracha, es que sólo he cenado un yogur Bio y la botella de licor casero de mora que me traje del barman de Arboleas es la única cosa apetecible que he encontrado en el frigo) (Y dejad de interrumpirme ya que si no no acabo). Diez o veinte bolsas de cosas bonitas después de una tarde de estrés y ninguna para mí... (snif, sí, estoy conteniendo las lágrimas...) Bueno, el caso es que de la crisis surge la oportunidad y después de días enteros en dique seco por fin tenía la entrada perfecta. Pero claro. No contaba con la escenita que me ha montado mi marido en el coche. Llamada de Lola justo al salir del centro. Se ha dejado la chaqueta en la pizzería,  que si me puedo pasar. Para el coche que voy a por la chaqueta de Lola. Corrida para la pizzería, corrida desde la pizzería. Tengo que admitir que tras meses de torturar mis pies ahora corro mejor con tacones. ¡Qué fuerte! (Creo que voy a ir a por un vaso de tubo porque el de chupito no me cunde). La chaqueta estaba. Llamada a Lola, ahora nos pasamos por tu casa a devolverte la chaqueta. Viaje de Lorca. Cocimiento de la entrada en mi cabeza. Mirada al espejo del copiloto. Sí. Tengo esa mirada de tener por fin algo. Nos pasamos por casa de Lola, dejo la chaqueta, vuelvo al coche. Y me lían la de uuuh los tres. Exclamación de mi marido. ¡Si llego a ser yo! ¡Por veinte minutos de charla de nada me han liado la de uuuhhh!!! Y no es comparable a aquella vez que le estuve pitando durante  cinco minutos. ¡No! Primero, porque de todos los coches y de todas las personas que había ese día en la puerta del pabellón el único que no miró hacia el coche que pitaba o sea hacia mí y no se dio por aludido fue él!!!! Y segundo, porque llevaba mucho tiempo sin hablar con Lola y el día que le estuve pitando, él estaba hablando ¿a qué no os hacéis una idea de con quién? con aquella "señora" que tuvo la brillante idea de poner a mi Gabriela vestida de Grease con una falda fabulosa hecha por su abuela detrás de todos, con lo pequeñilla que es para que no pudiera lucir lo guapísima que iba. Qué mala y absurda es la envidia. Ya ves tú, que si se hiciera una rinoplastia se le quitaría esa mala uva que gasta. Así que cualquier madre y mujer me habría legitimado para cortar aquella conversación a base de pitazos. Y podría haberle recordado la vez que interrumpí aquella conversación que tenía con aquella pesada y como me dio las gracias por hacerlo. ¡Hombres!!!! No hay quién los entienda. Un día que les pite, al día siguiente que no. En fin.  El caso es que se ha enfadado conmigo y se me ha ido la inspiración. ¡Encima! En fin. Así que esperaremos  a que se pase el cabreo para que vuelva. 

¡¡Un chupito y me voy a dormir!! ¡¡Besitos amores!!