viernes, 2 de enero de 2015

Laica, mi fiel compañera

Segundo día del año y nos hemos levantado exageradamente tarde. Total, que era la una y no habíamos hecho todavía nada de provecho, lo cual en lugar de espantarnos en el fondo nos ha dado igual.

Segundo día del año y no hemos diseñado todavía ningún plan satisfactorio para alcanzar la cúspide de la pirámide de Marlow como corresponde a todo buen principio de año.

Mi pirámide de Marlow es ahora mismo tal que así:





Mientras nos tomábamos una taza de café, un artículo del facebook ha atraído nuestra atención sobre un blog que recibe 200.000 visitas mensuales. Me planteo por un segundo plagiar la idea y convertirme en una consejera sextimental. ... perplejidad... perplejidad... perplejidad... Por algún motivo que desconozco nadie ha recurrido nunca a mí para una consulta sextimental. Reflexionando, creo que soy la persona a la que menos se ha recurrido para consultarle una opinión sobre el temita jamás. De hecho en las pocas ocasiones en las que eso ha ocurrido o iba borracha o me he quedado muda de la impresión. No veo cómo el formato blog iba a cambiar en algo la cosa. Seguiremos pensando. Más tarde. Ahora no. Estamos cansados.

Cansados de buscar ideas para una entrada de blog convincente que haría que de pronto me visitaran 200.000 personas. Sería un flas, je je je. Y lo primero y único sobre lo que se me ha ocurrido escribir es sobre Laica. Laica es pequeñita, blanquita, tiene tres o cuatro años y es mi peso. Me la había dejado olvidada en Almería pero el otro día, al verla y darme cuenta de lo mucho que la había echado en falta, me la traje, en un arrebato, bolsa de mercadona y al maletero. No es que haga nada especial, no es uno de esos iiiiii-coach que te calculan las calorías y te tienen todo el día subiendo y bajando cardiovascularmente escaleras ni tampoco es una de esas básculas termomix ultramodernas que te moldean, liposuccionan, reducen, reafirman y te deja a lo Jennifer Lawrence. No. Es un peso normal y corriente, tirando a vulgar, pero a mí me hace el avío. Y no me estresa. Aunque a veces sí me ha sacado de quicio ligeramente, todo hay que decirlo pero qué culpa tenía ella.... perplejidad... perplejidad... perplejidad... En serio que cuando me he levantado, me he reído mucho pensando en el símil entre un perro y un peso. Claro que a lo mejor escribir sobre un peso, balanza o báscula explica que 200.000 personas no visiten mi blog mensualmente. En fin. Voy a seguir pensando... ¡Besitos!