domingo, 18 de mayo de 2014

El elefantito de la suerte

"Elefante de la suerte. Si tiene trompa pa'rriba buena suerte. Si tiene trompa pa'bajo mala suerte".
Y aquellos dos ilusos sentados el uno frente al otro pensaron, ¿y por qué no?

Sábado 17. Me gusta el número 17. Es uno de los números más bonitos que haya, no me preguntéis por qué, odio las matemáticas.

Día contra la homofobia y la transfobia.

4 de la mañana. Harta de dar vueltas en la cama me levanto. Lo normal de cada noche desde no recuerdo cuándo. Enciendo el móvil. Lo normal cuando no sabes qué hacer despierta a las 4 de la mañana de un sábado. Suena un aviso del wiko. La agenda. 17 de mayo: Vuelta de la cris party Mojácar. Está escrito en borracho pero sé muy bien lo que significa. La última noche que nos vimos, borrachas como cubas, acordamos que celebraríamos a lo grande su vuelta. Pero no ha vuelto y ahora siento una inmensa necesidad de estar con ellas. Tristeza y añoranza. Me acuesto. Lo normal.

Calle de las Tiendas, Almería a mediodía. Hace fresco y está nublado.

 - Que me llamó ayer para decirme que quiere que le hagamos un balance pormenorizado de los aspectos positivos y negativos de la catequesis de este año y que se lo demos en misa.
- ¿Algo así como una memoria de autoevaluación de la catequesis te refieres?
- ...
 ¿En serio????

Relax. La vida es bella. Total. Si me tiro la vida autoevaluando. Por una más no me va a pasar nada. Nos reímos de ello alrededor de unas cañicas con tapicas en el Entremares cuando aparece aquel negro imponente con aquellos minúsculos elefantitos en la mano. Elefantitos de la suerte. Trompa pa'rriba buena suerte. ¿Cuántos elefantitos pueden caber en esa mano? Nos miramos y pensamos, y por qué no, falta hace siempre, y le compramos uno cada uno. Y acto seguido aparecen aquellos dos conocidos directo del pasado con un escándalo de voces y de obscenidades que hace que algunos de los comensales se vayan despavoridos y otros nos miren con mala cara y fas, en un plis, se acabó la magia. 

Pero no nos dimos cuenta del alcance de la buena suerte que nos iban a dar los dos elefantitos hasta horas más tarde, que si aquel vendedor no hubiera sido un armario, lo buscaría para meterle los elefantitos por- pero no, gracias, yo sólo me meto con los enclenques y los más bajitos que yo.

Mala suerte como empezar a rallarte por tonterías y que los nubarrones se vayan deslizando despacio hasta colocarse justo encima de tu cabeza.

O que tu suegro te traiga la factura del pilar y resultar que el pilar cuesta casi media cocina. Eso sí, cuando estalle la cuarta o quinta guerra mundial, seguirá en pie él, las pirámides de Keops y las cucarachas.

O como que pierda el Barcelona en una casa culé.
- ¿Estás bien?
- Sí.
- ¿Cómo te sientes?
- Cabreado.
- Genial. La fase de la ira. Estamos a punto de superar esto juntos. Puedes desahogarte conmigo, no tengas miedo, soy una mujer, comparte tu cabreo y frustración conmigo. Te ayudará.
- ¿Frustrado?
- Te sientes frustrado y debes aceptarlo para superar la última fase.
- No estoy frustrado.
- Uyuyuy, la fase de negación. Claro retroceso. Puedes llorar, entenderé tus lágrimas. No te avergüences.
- ¿Eihn?
- ¿Me estoy pasando?
- Mucho.

O como estar descargándote un documental que quieres ver esa misma noche como única válvula de escape al fútbol, al pilar, al informe, a los nubarrones y a los dos elefantitos que quemaré en la próxima hoguera que encienda y cuyas cenizas esparciré en el averno, y darle al botón cancelar en lugar de reanudar la descarga sin querer cuando sólo le quedaban dos horas???? Su documental se descargará en 115 horas. Eso ¿cuántos días son? Guay.

O como darle más importancia a lo malo e insignificante que a todo lo bueno que tienes. Sentirte en un agujero, sola y sin escapatoria. Sentirte vencida sabiéndote más fuerte. Sentirte desagradecida con tu suerte. Sentirte mal.

Y entonces viene el bloqueo. Como los aparatos que cuando los trasteas demasiado deprisa se bloquean. Lo mismo me pasa. Demasiadas emociones negativas en un segundo. Ni avanzo ni retrocedo ni hago nada, sólo me quedo ahí quieta. Sin capacidad para reaccionar y decidir cuál es el próximo paso que debo dar pues a cada paso que doy, un abismo se abre. Mientras, en mi cabeza, los nubarrones están descargando fuerte y la tormenta arrecia.





Y entonces es cuando surge el "¡Y una polla!". Que no me da la gana. Y con mucho esfuerzo, hay que poner la máquina en marcha otra vez. Así fue como acabamos celebrando la derrota del Barcelona con una buena cena. Vi el documental online, "Searching for Sugar Man", y me pareció una historia increíble. Me tomé una sobredosis de la infusión Hacendado para dormir y después de semanas, tal vez meses, por fin he dormido siete horas del tirón. Me he levantado, he hecho el informe y me he puesto en ayuno de frutas, para depurar mi cuerpo y por eso de que con hambre, sólo se puede pensar en comida y en nada raro.

Eso sí, esos elefantitos tienen los días contados.

¡Sonrisa!