martes, 25 de junio de 2013

Don Pepe y Colás



Nos trasladamos a una noche de hace muchos años en el Faustino. Mónica, mi Mónica, la que me sigue, y a la que estoy tan agradecida por seguirme, un besico guapa, Joaquín su novio y ahora marido, mi entonces novio y supongo que todos los demás también. Y en algún momento de la conversación surge el tema.


Don Pepe, Don José... máxima discreción... Parking vigilado por Collage.


¿Collage? ¿Qué es Collage? A lo mejor no es un qué sino un quién. Porque un collage no tiene nada que ver con eso. A todos nos intriga, aunque más a ellos que a nosotras. Debe ser otra cosa, puede que no lo entendamos bien y que en el fondo sea el nombre de alguien, de Nicolás probablemente abreviado, y divagando sobre el por qué un puticlub se anuncia a través del nombre del vigilante, y de cómo debe ser ese vigilante para ser el reclamo del puticlub pasamos un momentazo de esos de risas hasta llorar, de esos que no quieres que acaben nunca y que a pesar de la distancia sólo basta un pequeño clic para activar, como cuando mencionó ayer el Don Pepe y collage. Se me escapó una risa de pronto sin saber muy bien por qué y un segundo después la recordé, aquella noche con sus risas olvidadas. 


Recordar las risas, siempre, pese a la tristeza. Como tarea mental. Sano y saludable. Necesario. Trabajarlo con regularidad. Pese a la tristeza.


Y ayer también y de nuevo, pude apreciar con satisfacción cómo las grandes mentes vuelven a coincidir en las grandes dudas existenciales de nuestro tiempo. ¿Qué sería lo de collage? 


(A limpiar. Otra vez. Puaj)