En el último momento, renunció a ir a la quedada y así se lo comunicó. Una vez más. Se subió a su coche y cuando por fin estuvo fuera del alcance de la mirada de nadie sonrió. Se sintió bien, se sintió libre, durante unas horas se escabulliría del mundo y nadie supo nunca donde desaparecía. Una vez más.
Lector, que te aventuras por estas páginas, es improbable que compartas, entiendas o comulgues con mi visión de las cosas. No busco convencerte de nada. Bref, no tengo más propósito para escribir estas líneas que el deseo y el placer de hacerlo... Los culpables: Una vida de película Mi madre la reina
lunes, 17 de noviembre de 2014
El campeonato de karate
Y de pronto, situadas mi peque y yo como estábamos en todo lo alto de la parte izquierda de las gradas del pabellón deportivo de Dalías, me percaté de que ninguno de los participantes que iba penetrando el tatami para realizar sus katas bajo la atenta mirada de tres jueces de silla llevaba calzado. Iban entrando descalzos. Sin nada. A pelo. Y ahí, en medio de tanto cinturón de todos los colores estaba mi niña, adorable, preciosa, la niña más bonita del universo que haya participado nunca en un campeonato de karate, la última de una cola de otras siete niñas vestidas de blanco como ella, con sus bonitos tenis blanco y rosa y sus calcetines de cebra, a punto de entrar en el tatami y ser descalificada en su primer contest. ¡¡Encogimiento de todo!! ¡¡Ay Dios mío!!! Porque una no entiende apenas nada de deportes pero sí que ha visto muchos juegos olímpicos, cada cuatro años desde Los Ángeles, y sabe que los árbitros no se andan con chiquitas con lo que llamaríamos detalles, chorradas o formas de tocar los pis varias. Y no pudiendo tirarme de las gradas, hice lo que cualquier mujer habría hecho en esa circunstancia. Sí. Fui corriendo, no sin antes dejarme a la peque sola en medio de un montón de desconocidos guardando los bolsos y nuestro sitio, en busca de mi marido que se había posicionado estratégicamente para grabar el acontecimiento y le expliqué a voces que la niña iba calzada y que tenía que apañársela como pudiera para que la niña no entrara en el tatami con los tenis, "¡¡tú verás como lo haces, pero como jefe de la mamada es tu deber solucionar este tipo de cosas y como la niña se meta con los tenis- (vosotros sabéis muy bien cómo acabar este tipo de amenazas)!!!" Y ahí que fue volando mi marido intentando imaginar la manera de sortear el cerco para llegar a la niña antes de que se subiera al tatami.
Pero contrariamente a la creencia popular, quien lo soluciona siempre todo al final es la madre. Desde tiempos inmemoriales, desde que el hombre tiene esposa, ella es la que acaba arreglándolo todo. Y por obra y gracia de la Virgen de la Providencia, mi preciosa niña tuvo a bien mirar hacia las gradas y encontrar en mitad de un millón de gente a su madre y su hermana pequeña haciendo aspavientos para que entendiera que tenía que quitarse los tenis.
Y dos horas, un 7,5 de media, una medalla por participar y una no descalificación después, la tribu regresó a casa con el orgullo de sus padres por tener a la karateka más bonita del Universo.
Cuidaos, que es lunes, y besis a tutiplén!!
La mirada de Matthew Mcconaughey
This morning I'm dead. It's not morning anymore but still I'm dead. It's been so long since I last slept almost nine hours all in a go that I could hardly remember it and I can't explain why then I feel dead. I'd like to go on sleeping for a while, for a long while, sleep until I come back to a state of no trouble, of no pain. But I guess that's just not possible.
Right now, I can hear the voice of Mcconaughey, such a surrounding voice, reading out loud my words in a way I liked since the beginning. Magic will soon come to an end hopelessly, with no remedy. But still I know that each time I look at him here will be a slight troke remaining in such lovely, pure, light blue eyes, almost green, which, the other day, surprisingly reminded me all at once of Matthew Mcconaughey's eyes.
domingo, 16 de noviembre de 2014
jueves, 13 de noviembre de 2014
Thursday fever II
Por si alguien se había perdido algo, os recuerdo que estoy mala. Para cerciorarme y no disponiendo de ninguna estación meteorológica en casa he salido a mirar el termómetro del coche. 23º en la calle. La vecina pakistaní de enfrente está haciendo algo muy rico y puesto que todos mis cambios orgánicos me provocan hambre, me ha dado antojo de comida india. Me gusta el curry. O mejor un tournedos Rossini. Vuelvo a casa, me meto aquí para hablar de "True detective" y antes me paso por el google+ y veo esa cita, puaj, vomitivo, algo así como que te quiero mucho como la trucha al trucho y deja que te coma con los ojos, y con eso no puedo ahora mismo. Qué asco. En fin, adiós antojo a tournedos Rossini.
"True detective" es- es- no es Fargo. Fargo está lleno de moralidad, y de karma, y de buena gente, y al final los buenos ganan los malos pierden, vale, también mueren un montón de personas, pero al final el bien prevalece sobre el mal y es así como creo que funciona todo. Pero uuuufff, "True detective" es dura, muy dura, sin luz por ninguna parte, una novela negra americana de las que me dejan mal sabor de alma, sin esperanza, donde los niños mueren, los buenos no ganan, bueno, tampoco es que haya muchos buenos, está tan sólo Rust Cohle, y él está ya muerto. Todo lo demás genial, vale, incluso los cadáveres son artísticamente sobresalientes, pero debo abstraerme de esta serie o compensarla con algo que sepa a algodón de azúcar o de lo contrario me voy a tirar unos cuantos días encabronada y no es plan.
En fin. Hasta aquí la crítica de una humilde servidora que sigue enferma pero ahora con antojo de comer algo que no sabe muy bien qué es pero que se lo comerá,
que paséis un finde tan delicioso como el mío porque para mañana ya tengo que estar buena,
Besis!!!
Thursday fever
Llevo una camisa, una chaqueta de lana, la bata y la nariz congelada, y de ver a la loca de mi hija en mangas cortas me está dando todavía más frío. Hace una hora eran los dedos de las manos. Por lo visto me voy enfriando a cachos aleatorios mientras otras partes de mi cuerpo están febriles de más y no (movimiento negativo de la cabeza acompañado de una mueca de asco) no estoy hablando de sexo. Ahora mismo lo último en lo que podría pensar es en sexo. Estáis enfermos.
¿Sabéis lo que me da coraje? Saber que tengo fiebre y que me toquen y me digan, no, no tienes fiebre. Claro. Estoy categóricamente congelada y eso sólo puede significar una cosa. Que tengo fiebre.
No. No encuentro un placer especial en contar mis dolencias. Bueno, creo que no. Pero os aseguro que este es el único sitio en el que me hacen caso. Porque algunos pensarán que por estar enferma las cosas cambian en algo ahí fuera en el mundo exterior. Y una mierda. Lo único que cambia es que me sube la intolerancia a las gilipolleces y no me apetece hablar. Lo cual en parte es de agradecer porque si dijera sólo la mitad de las cosas que se me ocurren-
Ha sido de repente, ir en el coche, poner el único pendrive que había, escuchar el I will always love you de la Whitney Houston, ponerme a llorar como una nenaza, esa canción es horrible, Dios, a quién se le podría ocurrir escuchar eso para despejarse de buena mañana, para un funeral tal vez, llegar al instituto, coger mis cosas, subir a clase y empezar a encontrarme mal. Lo que se dice de repente.
Ese frío que no se quita con nada. Casi el mismo frío que cuando pasé la gripe H. ... La A. Ya sabéis, cuando nos compramos todos un bote de gel de alcohol desinfectante. Pues yo ese año la pasé. En el instituto. Una fiebre como hacía tiempo que no sentía. Ya. Pensáis que es una trola. Pensad lo que queráis. Algún día me diseccionarán y analizarán mi ADN y comprobaréis como todo lo que contaba era cierto.
Odio tener frío por dentro. Ese que por más ropa que te pongas encima no se te quita, el que de pronto te cambia el pensamiento y el día.
miércoles, 12 de noviembre de 2014
De roturas y enganches
Sí. Trece años después de mudarnos a esta casa, una mancha importante de humedad aparecida en el dormitorio ha obtenido por fin la conformidad del perito del seguro para que nos piquen la pared y nos arreglen el problema de tubería, y al parecer en un breve plazo de tiempo. Trece años después de un pilar rehecho, una pared de azulejos repegados, una asolana reimpermeabilizada, un desagüe reconstruido, un muro relevantado, unos marcos de puerta carcomidos por las termitas rearmados, y creo que no me dejo ninguna de las incidencias más memorables, el seguro nos ha admitido por primera vez a trámite una avería. Sí. Ahora.
En fin... En otro orden de cosas, anoche cometí un grave error y es que por culpa de Fargo, ya sabéis, te pones la TDT no hay nada te acuerdas de los felices momentos pasados hace dos días y fas vuelves a caer!! Y así fue como me puse el primer capítulo de "True detective" y ¡¡¡perdición!! por un lado me encantaría escribir los versos más hermosos del universo, oh, nadie podría dudar de ello después de leer este mi blog, pero es que estoy disfrutando como una enana, en serio, me pongo las series estas que por otro lado son buenísimas, y dejo de pensar en nada, y me gusta, no, no me gusta, me encanta, hace que todo se relativice. Y no sólo eso sino que no hay límites. Después de "True detective" seguiré con "House of Cards" y luego con otra y otra y así, anestesiada la mente for always, viviré ever after feliz.
¡¡Dios bendiga América y las series americanas!!
Tengo un very big problemón con mis adictions. En fin...
Happy end of the week!! Kisses everywhere!!
lunes, 10 de noviembre de 2014
Parlez-moi d'amour
Parlez-moi d'amour
Redites-moi des choses tendres
Votre beau discours
Mon cœur n'est pas las de l'entendre
Pourvu que toujours
Vous répétiez ces mots suprêmes
Je vous aime
Redites-moi des choses tendres
Votre beau discours
Mon cœur n'est pas las de l'entendre
Pourvu que toujours
Vous répétiez ces mots suprêmes
Je vous aime
Suena en mi cabeza una canción en blanco y negro, de lejana y lánguida voz de gramola y melodía de cajita de música.
Hábleme de amor
Siga diciéndome cosas bonitas
Su discurso tan bello
Mi corazón no se cansa de oírlo
Ojalá repita siempre esas palabras sublimes
Je vous aime...
¿Que le hable a usted de qué?
Yo le hablaba de amor y me consta que eso a usted lo complacía. Pero quererle no siempre era gozoso y se fue convirtiendo en una monotonía, un trabajo mal remunerado, a veces apenas una sonrisa, otras veces ni siquiera eso. ¿Se dio cuenta alguna vez de cómo forzaba mi presencia junto a usted? Durante mucho tiempo procuré encontrar cada día la manera de acercarme. Y así contemplé cómo usted regalaba su tiempo a los demás. Y cuando se acababa la jornada, volvía a mis cuatro paredes vacías con apenas el recuerdo de una mirada fugaz que llevarme a la boca.
¿Que le hable a usted de qué?
Y de tanto escucharla, se percibe cómo la voz se va distorsionando y que es ella la que en realidad está royendo los surcos del disco de pizarra. Hábleme de amor parece exigirle la voz a su amante imaginario.
Con ganas de lunes
¡¡Nunca antes lo había hecho con tacones, maquillada y sin quitarme siquiera los pendientes!!
... el bizcocho de yogur que acabo de meter en el horno... ¡pero qué mal pensados sois! ;))
¡¡Es lunes, que la semana os sea leve, muac!!
... el bizcocho de yogur que acabo de meter en el horno... ¡pero qué mal pensados sois! ;))
¡¡Es lunes, que la semana os sea leve, muac!!
Una señora decente
He alcanzado esa edad en la que puedo mirarles el culo a los caballeros sin sentir ningún tipo de pudor.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
