lunes, 15 de diciembre de 2014

De los chats de ayuda online y yo

Bueno, que me suelen ignorar por los chats/whatsapps/teléfonos/SMSes/Messengers/ es un hecho comprobado y harto consumado. Oye, que lo llevo bien, soy una mujer realizada, tengo una familia encantadora, un trabajo que adoro, un blog, dos hipotecas, una vida completa en todos los sentidos, un perro, no, no tengo perro, pero podría, en fin, que lo único que no tengo son conversaciones virtuales. Lo cual y dada mi tendencia a la adicción es en sí una ventaja. Me queda bastante tiempo libre para todo lo demás. Y soy prácticamente normal. Pero claro. Por ello mismo, suelo tomarme este tipo de comunicación  con cautela. Incluso podríamos decir que actualmente las rehuso. Total, pa qué??? Pa que me ignoren?? Anda ya. Que no las necesito.

El caso es que ayer me urgía comprar aquellos jerséis. Era domingo, las ocho y media de la noche y necesitaba esos jerséis. Cualquier mujer me entenderá perfectamente. Y cuando ya tenía mi pedido de mis nueve jerséis elegidos en color, talla y forma realizado y sólo necesitaba acceder a mi cuenta para darle al "ok, comprándolo todo ya antes de que me arrepienta de mi afán consumista", de pronto la dichosa página se negó a admitir mi contraseña. Sip. Pero era lo lógico después de un millón de años sin comprar en dicha tienda online. Así que hice lo que toda mujer hace en ese caso. Pedir otra contraseña. Cinco segundos. Diez segundos. Casi veinte segundos. Nada. Así que automáticamente procedí a automandarme cuatrocientos mensajes para comprobar si el hotmail funcionaba correctamente. Y sí. Funcionaba. Solicitando otra contraseña. Y otra. Y otra. Y nada. Así que di el  siguiente paso lógico. Crearme otra cuenta e intentar acceder de nuevo. 

                                     Por favor, indica una cuenta de usuario válida.                                                                                                   
Tú eres tonta o a lo mejor estás intentando quedarte conmigo. Acabo de crearla. Nada. Vamos a intentarlo otra vez. 

                                       Por favor, indica una cuenta de usuario válida.         


Uuuhhh. Uuuuhhh. Respira profundamente. Uuuuhhh. Uuuuhhh. Pues nada. Vamos a crearnos otra cuenta. Total. No será por cuentas de correo. Venga. Vamos a volver a meter todos los datos. Paciencia. Paciencia.

                                        Por favor, indica una cuenta de usuario válida. 

De pronto comprendí que el universo entero se había conjurado para que esa noche no comprara los 9 jerséis. Y además ya se habían hecho las 21:57 y sólo quedaban tres minutos para que cerraran el chat de la ayuda online. Eso sí. Les mandé un mensaje personal. Del cual estoy esperando una contestación todavía ahora.

Pero esta tarde, en un momento de ímpetu y de pequeña rebelión personal,  después de comprobar la ausencia absoluta de un mensaje de parte de la empresa mandándome al menos unas disculpas por el nefasto contratiempo y la situación de angustia a la que había sido sometida la noche anterior por no poder consumar mi compra (cualquier mujer entenderá mi estrés)  me decidí a pedir urgentemente una consulta a través del chat:






Y no os engaño si os digo que después de esta tarde y a base de tesón, creo que al final voy a lograr superar mi fobia a los chats o chatofobia.

¡¡Buenas noches!!!