jueves, 13 de noviembre de 2014

Thursday fever

Llevo una camisa, una chaqueta de lana, la bata y la nariz congelada, y de ver a la loca de mi hija en mangas cortas me está dando todavía más frío. Hace una hora eran los dedos de las manos. Por lo visto me voy enfriando a cachos aleatorios mientras otras partes de mi cuerpo están febriles de más y no (movimiento negativo de la cabeza acompañado de una mueca de asco) no estoy hablando de sexo. Ahora mismo lo último en lo que podría pensar es en sexo. Estáis enfermos. 

¿Sabéis lo que me da coraje? Saber que tengo fiebre y que me toquen y me digan, no, no tienes fiebre. Claro. Estoy categóricamente congelada y eso sólo puede significar una cosa. Que tengo fiebre. 

No. No encuentro un placer especial en contar mis dolencias. Bueno, creo que no. Pero os aseguro que este es el único sitio en el que me hacen caso. Porque algunos pensarán que por estar enferma las cosas cambian en algo ahí fuera en el mundo exterior. Y una mierda. Lo único que cambia es que me sube la intolerancia a las gilipolleces y no me apetece hablar. Lo cual en parte es de agradecer porque si dijera sólo la mitad de las cosas que se me ocurren-

Ha sido de repente, ir en el coche, poner el único pendrive que había, escuchar el I will always love you de la Whitney Houston, ponerme a llorar como una nenaza, esa canción es horrible, Dios, a quién se le podría ocurrir escuchar eso para despejarse de buena mañana, para un funeral tal vez, llegar al instituto, coger mis cosas, subir a clase y empezar a encontrarme mal. Lo que se dice de repente.

Ese frío que no se quita con nada. Casi el mismo frío que cuando pasé la gripe H. ... La A. Ya sabéis, cuando nos compramos todos un bote de gel de alcohol desinfectante. Pues yo ese año la pasé. En el instituto. Una fiebre como hacía tiempo que no sentía. Ya. Pensáis que es una trola. Pensad lo que queráis. Algún día me diseccionarán y analizarán mi ADN y comprobaréis como todo lo que contaba era cierto.

Odio tener frío por dentro. Ese que por más ropa que te pongas encima no se te quita, el que de pronto te cambia el pensamiento y el día.