viernes, 24 de octubre de 2014

Maldad

Cuando me encontré el otro día con la maestra de mi peque, lo primero que me comentó fue que mi hija les había contado a ella y al monitor la historia de la muñeca Annabelle. La que según la chiquilla era la verdadera historia, no la de la película. A la seño le resultó chocante que una niña tan pequeña conociera una historia tan aterradora. Admití que se la había contado el viernes por la noche e incluso les enseñé unas fotos de la muñeca de verdad. Y se asustaron un poco. Procuré tranquilizarlas después contándoles  y mostrándoles que la muñeca estaba encerrada en una urna de cristal ataviada de una cruz de madera en el museo Warren, museo al que por supuesto no iremos por ahora nunca.

Y luego está el aspecto tan inocente de esa muñeca de trapo. Creo que es una de las cosas más siniestras del asunto.

Partiendo siempre de la premisa de que la historia de la muñeca es cierta. 

Para mí esa muñeca hizo lo que cuentan.

Creer en el bien es creer en el mal. No creer en el mal es ingenuo. El mal está en todas partes. La existencia del mal es tan evidente como que hay día y entretanto está la noche.