martes, 16 de septiembre de 2014

Retractarse (del imperativo gnómico continuo)

Lo diré de golpe y así parecerá que no he dicho nada. Probad a hacerlo. Es un método tan absurdo como efectivo en algunas ocasiones.

Volví al wasap justo antes del verano. Un par de meses antes. No lo he confesado hasta la fecha primero porque esto nunca ha sido de ninguna manera un diario íntimo y luego también por el número de visitas que recibió aquel post, ya sabéis cual. Es que ya es bastante duro saber que una es incongruente por naturaleza como para dar pie a un consenso sobre la cuestión.

Además no fue culpa mía. Llevé a las niñas al cumpleaños de uno de sus compañeros de clase y  tomándome un café con las demás madres noté que algo subyacía en la conversación hasta que me di cuenta con espanto de que todas habían estado comunicándose entre ellas a través de un grupo de wasap. A mis espaldas. Aun ahora siento  la traición escocerme como lo hizo en aquel momento.  Supe entonces que el futuro de mis hijas dependía directamente de que su madre perteneciera o no a los grupos de wasap de madres de alumnos. Lo sé, sé lo que pensáis, no me juzguéis, os lo ruego, no imagináis lo que supone ser de convicciones indolentes y me flagelaría si no fuera intolerante al dolor. Además para vuestra tranquilidad sigo odiando el wassap. Sólo que ahora hago lo que todos. 

Uuuffff. Pues no sabéis el peso que me he quitado de encima. :))

¡Feliz tarde!

PD: Y luego está el arrepentirse en presente incondicional imperfecto.