viernes, 25 de abril de 2014

Con los ojos cerrados

y la boca abierta tal y como él mismo me ha pedido, lo estoy oyendo hablarme muy cerca de mi cara pero no estoy prestando atención a sus palabras. Ni siquiera percibo su aliento. Y es que lo que me está haciendo me duele tanto que sólo puedo pensar en el dolor. A ráfagas. En cuanto acaba, me concentro en el siguiente dolor que voy a sentir a ver si anticipándome a él logro paliarlo un poco. Me gustaría apretar los dientes pero él no me deja así que aprieto los puños tanto que las uñas que me clavo me están quemando las palmas de las manos. Él nota la tensión en mi cuerpo y se ríe de mí. Me gustaría complacerle y responderle con una sonrisa deferente pero me tiene cogida la boca así que sonrío con los ojos cerrados. Puede que así se compadezca y deje de hacerme daño. Pero de pronto vuelve el dolor que me está infligiendo, que me suelta un quejido y que levanta mi pecho del asiento. Se da cuenta de que no lo estoy escuchando así que ya no se toma la molestia de seguir hablando, se calla y sigue. Gírate hacia mí me dice. Y obedezco dócilmente. Le odio por el dolor que me hace. Y entonces cuando me estoy concentrando en odiarle, siento el calor de su mano sobre mi mejilla que me desarma. Porque me gusta. Tanto que acto seguido me reprendo a mí misma por el placer que acabo de sentir como si nadie me hubiera agarrado la mejilla antes. Como si anduviera necesitada de caricias. Pero es tan cálida y firme. No se espanta ante el contacto con mi piel. Me gustaría abrir los ojos para saber cómo me mira y si a él también le gusta la caricia pero está tan cerca de mi cara que no puedo hacerlo. Porque acabaría bizqueando. Cuando me pide que me levante una vez más a enjuagarme la boca abro los ojos por fin pero la caricia ha quedado lejos. Acaba restregándome por los dientes que siento como lijas una pasta de color rosa y sabor a menta. Yo venía porque se me ha caído un empaste y no sólo me ha hecho una limpieza bucal que es una de las cosas más dolorosas por las que he pasado en la última semana sino que tengo cita para la semana siguiente y me voy sin empaste. Y ¿todavía me pregunta por qué me he tirado tres años eludiendo una cita? Sería una pregunta retórica supongo. En fin...

Feliz San Marcos!! ;))