lunes, 25 de noviembre de 2013

El secuestro

No he logrado aún encontrar una explicación convincente a los hechos acaecidos la semana pasada. Yo misma me hallo aún en estado de convalecencia y he de sobreponerme a un tentador adormecimiento para relatar lo sucedido como parte de una terapia que me he autoimpuesto.

Mi casa ha estado secuestrada durante una semana. Por un virus. No exactamente el virus de la peli "Virus", sino más bien un virus de los llamados "virus de 24 horas" de los que convierten los cuerpos en fontanas de-... cosas-...  fluidas durante 24 horas, de ahí el nombre. Ya me entendéis. La portadora de ese virus virulento fue cómo no la peque con ese maniático apego suyo por toda clase de bichejos. Y que no diga mi ilustre médico (ilustre entre otras cosas porque ha escrito más libros de los que voy a escribir nunca a este ritmo) y esto lo digo seriamente muy muy cabreada, que estos virus son los de toda la vida porque no recuerdo haber pillado tantos virus (un plural flexivo como víruses o incluso uno desinencial como viri habría resultado mucho más atrevido enriquecedor y no tan aburrido como lo es el español en general) en TODA mi vida. 

En mi época uno se ponía malo del estómago una de dos por un exceso de acetona o dos porque la dueña de un bar que no voy a nombrar tuvo la brillante idea de servirnos unas salchichas que había descongelado unas cuantas veces,  pero no porque un enfermo te tosiera encima. Estaban el sarampión, la varicela, las anginas, las paperas, la gripe, los resfriados, incluso la famosa apendicitis pero jamás oí hablar de un virus intestinal de 24 horas. ¿Y cuál es el propósito vital de algo que te pone enfermo  sólo durante 24 horas? ¿cachondearse? ¿joder pero sólo un poquito? Su existencia es tan absurda y ridícula como este post.

Mi casa ha sido secuestrada durante una semana por un virus y lo peor no es esa pesadumbre tan inoportuna como inexplicable que me ha invadido durante una semana (porque no tenía bastante con ovulaciones y menstruaciones noooo, qué va!!!) sino que me ha secuestrado mi esencia. Llevo una semana que no me la encuentro. Mi preciosa genuina adorada imprescindible propia admirable malograda fina ingeniosa y sutil ironía. Poff!! Ya no está!! Llevo una semana sin poder sacarme una frase de las que me hacían



 en la cabeza y que me hacían feliz a mi manera. Una semana sin disfrutar de mi gracia natural. Sospecho que nadie se ha dado cuenta aún. Se ríen de cosas que digo que no tienen la más mínima gracia por costumbre y hábito. No sé si lograré recuperar mi esencia antes de que nadie se percate del injusto hurto del que he sido víctima. Y lo peor es que no sé si sería capaz de enfrentarme a un futuro sin ella. 

Ay.

Buenas noches!