sábado, 4 de mayo de 2013

En la carnicería

Entrar en la carnicería a las 12:20.

Mirar el mostrador en busca de inspiración.

Encontrarse el mostrador prácticamente vacío.

Pedir carne picada, y que no haya, solomillo, y que tampoco haya.

Disculpar al carnicero en ese momento embarazoso alegando que a la 1:00 qué pretendía yo encontrar.

Y que automáticamente una ola de pánico recorra las demás señoras y amas de casa ahí presentes, que  todas miren desesperadamente sus relojes y sus móviles y que la más rápida salte con un "Son sólo las 12:20!!!" para tranquilizar a las demás y que todas vuelvan a respirar.


Sí, lo admito, a veces soy muy malota.

Jajajajaja!!!