viernes, 12 de abril de 2013

Primavera

No te creas. 

Resulta divertido asistir, asomada como estoy a mi balcón, a la vorágine de la primavera. El cambio ha sido una vez más espectacular. Son más hermosos que nunca, denotan una extraña fuerza. Su pulso ha aumentado unas décimas, ya no es el del letargo hibernal, y esa fuerza de la sangre incontrolable está latente en cada una de las palabras que pronuncian, en cada gesto, en cada movimiento, alguno todavía patoso, descontrolado. Algunos no entienden lo que les pasa y andan un poco perdidos, despistados, incómodos en su nueva piel, incluso desesperados, parecen no entenderlo. Pero está tan claro, tan palpable, tan visible como esa luz distinta, ese destello salvaje en su pupila. Me encantaría poder consolarlos, tranquilizarlos, animarlos. Pero deben darse cuenta solos. No puedo hacer nada. Sería inútil.
 
Asomada a mi balcón, los observo. Un año más ha ocurrido y es hermoso.