domingo, 30 de diciembre de 2018

"EL" juguete

Hará unos años a mis niñas se les antojaron unos casimeritos. Nunca tuvieron que implorar, rogar o suplicar por conseguir algo. Básicamente con mami simplemente insinuar que pudieran desear algo era suficiente para que mami se pusiera a la tarea de conseguírselo. Admito que no es ni aceptable ni aconsejable, pero en mi caso, se trata de algo enfermizo, congénito, sindrómico, que no puedo evitar. Nunca he necesitado una ocasión especial, como un cumpleaños o unas navidades; siempre he hallado la forma de inventar un motivo por el cual las niñas tenían que tener lo que deseaban en ese momento. Así que aquella vez no iba a ser distinto y cuando esas dos mengajas llegaron pidiéndome un casimerito, me puse mano a la obra para conseguirle uno a cada una. Era extraordinario que tras más de 100 Barbies, una treintena de Nancys, Pinypones a bolsones y una decena de Nenucos, pidieran algo de lo que no había oído hablar nunca y me picaba la curiosidad por saber de qué se trataba.
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Era la cosa más horrorosa que había visto en mi vida. Un chiste, una broma. He visto muñecas en los chinos a euro más bonitas que esas cosas. No sólo eso, sino que costaba cientos de dólares y que había que traérselo de México de donde procedía el engendro. WTF!! ¿¿¿Cómo era posible, ô Dios mío, que mis niñas tuvieran de pronto tan mal gusto?? ¿¿Y cómo era posible que dos niñas almerienses desearan un engendro mejicano???
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YOUTUBE. A través de la pantalla, una mujer entrada en años y en carne, con voz de pito, imitando tal vez la de un niño, jugaba divertida con uno de estos trozos de plástico como si fuera el juguete más divertido del universo y sacaba de sus cajas que supuse carísimas un montón de accesorios para adornar al bichejo ese. La totalidad de la escena era espluznante. Pero a las niñas les fascinaba. Juraban en su nombre que era el juguete con el que siempre habían soñado.
Ahí, al otro lado de las pantallas de sus tablets y de sus ordenadores, hay toda una horda de youtubers dispuestos a vender a sus propias madres a nuestros vástagos. Hijueputas. Y no existen  leyes, ni apps, ni controles parentales que nos protejan de estos grimosos mercachifles.

Me libré en su momento de los k-simeritos de puro milagro pues por muy horribles y muy caros que fueran, estaban absolutamente agotados. Mis hijas han crecido y ya no piden k-simeritos para los Reyes. Pero leí el otro día que se habían convertido junto con su versión española de los Bellies (otra aberración) en el juguete estrella de estas navidades y uno de estos trozos de plástico se cotiza a precio de oro. Uuufff, menos mal que me he librado de esto. Yo sólo he tenido que pedir a Italia el laboratorio de rotuladores profumelli de Crayola que viene a ser básicamente un cacharro de plástico para rellenar rotuladores con tintas y olores a cual más químico y todo muy creativo, porque resulta que todas las niñas de la clase lo han pedido ¡¡y mi niña no iba a quedarse al margen pudiendo yo evitarlo!!

Feliz Navidad.

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