miércoles, 16 de septiembre de 2015

Día 2 (I)

Siete y algo de la mañana. En otro sitio del mundo que ya no es el que era.
- ¿Y por qué dices que coja tu coche?
- Ya te lo he dicho. 
"Supongo que me lo habrá dicho ese un millón de veces en el que escuchaba otras cosas en mi cabeza. Y por qué no escucharé siempre..."
- Por la batería. Mi trayecto es demasiado corto para que se cargue.
- Si no me importa ir en tu coche, de hecho tu coche es mejor que mi coche. Pero es que ya no me acordaba por qué querías que fuera en tu coche. (Y si alguna vez lo dijiste, juro que no prestaba la atención suficiente ni ningún otro tipo de atención porque no recuerdo nada de ninguna batería. Me odio cuando no escucho)

Ocho y media de la mañana.
Me siento satisfecha. He conseguido nutrir vestir y peinar a mis dos retoñas sin que lleguemos a las manos, con paz y serenidad, y vestirme, acicalarme y tener todo preparado para dejarlas en la "guardería barra aula matinal barra transporte escolar barra comedor" y así podré llegar con el tiempo suficiente a mi nuevo liceo barra olimpo barra agrupación de siete barracones donde hoy por hoy ejerzo mi labor. Monto en el coche a las niñas, sus carteras, mi bolsita de papel de Mango con mi termo de café, mi taza, mi vaso de plástico y un táper lleno de galletas Chiquilín, mi carpeta y mi cuaderno tríplex y me dispongo a arrancar mi segundo magnífico día laboral cuando con un ronquido agónico la "batería" me dice que no. ¿Cómo que no? Que no, que no va a arrancar nada. Pero ¿por qué no? Pues porque si escucharas en lugar de chillar en arameo como lo estás haciendo ahora mismo, te habrías enterado de que esa batería está en las últimas. No, por Dios, que sólo llevo medio día de clase, no puede estar pasando, que qué van a pensar en los barracones, y ¿las niñas? hay que dejar a las niñas en la guardería barra aula matinal barra transporte escolar barra comedor antes de irme al liceo barra campo de concentración. 
Qué hago Dios mío, ¿¿qué hago?? Y ¿por qué se me queda la mente en blanco cuando más la necesito? ¿Qué hago? Pues lo lógico en esas situaciones: implorar al cielo que tenga piedad de mí e intentarlo una última vez. Pero entonces la peque baja  la luna eléctrica que tiene a su lado agotando así la mieja de batería que quedaba y con ella toda esperanza de redención. Ya estoy llorando a moco tendido por dentro. Y entonces hago lo que haría cualquier mujer en esa situación. Sí. Llamar a su esposo. Al fin y al cabo él es el que nos ha tendido la trampa de la batería. Y ¡sorpresa! ¡Que no me lo coge! ¡¡Y si se estuviera quemando la casa!!! Odio creciendo y explotando en cuatro tres dos uno. Piensa piensa. ¿En qué? En un cigarro. Sí. Pensaría mucho mejor con un cigarro. Dos meses y catorce días sin fumar. Pero es un momento crítico y cualquiera entendería que rompiera aquel compromiso que contraje conmigo misma en un momento de renuncio. Pero no hay tiempo para fumar. Además de nada les serviría una madre drogada a las niñas en esta situación. ¿E inventarme una enfermedad repentina y muy contagiosa que hayamos contraído las tres y así no ir ninguna a ningún sitio y quedarnos en casita metidas con un coche sin batería y la ventanilla bajada en la puerta??? Claaro. No. No puedo gastar la baza del ébola tan pronto. Sería poco creíble. ¿Qué haría una persona racional y responsable en esta situación? ¡Piensa piensa! Y mientras golpeo el capó del coche a lo Scarlett O'Hara cuando jamás volvería a pasar hambre oigo la voz de un hombre detrás del coche. Es el vecino de la esquina y se está ofreciendo amablemente a llevar a las niñas. Y me parece tan bonito que alguien se digne a ayudarme pero no puedo aceptarlo aún. Pero se lo agradezco. Y entonces hago lo que haría cualquier persona razonable. Llamo de nuevo a mi marido que por fin me lo coge y se me pone a hablar flojito, muy flojito, como si hubiera alguien durmiendo o como si estuviera impartiendo su primera clase en su nuevo centro mientras yo estoy hablando muy alto, altísimo como si no estuviera en mitad de la calle y como ninguna de las soluciones que me da implica dejar a las niñas, dejarme a mí en los barracones y que otro solucione el problema, y todo en los próximos cinco minutos decido actuar por fin.