miércoles, 1 de julio de 2015

Estampas de verano

Son las 6.51 de la mañana, hállome despierta y somnolienta y de madrugada y enfurruñada cuando ya por decreto no me toca, y es que lo de dormir y sudar puestos en este orden concreto es algo que llevo bastante mal a la par que me parece un absurdo despropósito. 
Echaremos siesta con  Castle. 


El niño en el carro tocando la pandereta con alborozo, la misma que le regalaron a su tía la del pandero de segundo premio, lo que viene a ser una pandereta de plata, el abuelo, sentado en la mesa de al lado entre menestra de verduras y rajas de melón, conmovido y animado por el arte táctil del postlactante carialegre, arrancándose por soleares a cantar villancicos de Navidad y así sentados en aquel bar, todos grandes y pequeños pusiéronse a celebrar con alegría y entusiasmo, la ansiada llegada del verano.