miércoles, 4 de marzo de 2015

Pandiculando

Acabo de librar una dura batalla contra un mínimo común múltiplo. Yo. Moi. Nivel tercero de primaria.

Varios vecinos necesitan comprar detergente y suavizante. Observa las ofertas: 
detergente: 3x1
suavizante: 2x1
¿Cuántos se deben juntar para que salga más barato?

Blablabla. Y la niña, claro, se cree ahora que su madre es tonta. Políglota que es su madre, pero como no controla los mínimos comunes múltiplos pues es tonta. Yo las ofertas las compro para mí, yo solita, no voy montando asambleas vecinales para comprar detergentes, y sinceramente tampoco conozco a seis vecinos con los que ir juntitos a comprar al mercadona ni estoy metida en ninguna cooperativa. 

Uuufff. Cómo me agotan estos planteamientos. Ni siquiera tienen la decencia de llamarlo múltiple. No vaya a ser que los genios matemáticos hispanohablantes se pierdan en el contexto. 

Pero ¿sabéis qué? Me la sopla. Me la trae al pairo. Me pandiculo con el mínimo común múltiplo. Sí. Definitivamente acabo de darme cuenta de que el mínimo común multiplo me produce una pandiculación extrema y muy muy placentera. Ummm. Qué gusto.

¿A mí con esas?? ¡JA!