lunes, 16 de marzo de 2015

Limerencia

De una lista fabricada por ¿alguien? de las veinte palabras más bellas de la lengua castellana, asomó la impostora limerencia.

- Protesto, su señoría, no valen palabras inventadas que ni siquiera existen. 
- ¿Y usted es?
- Filóloga, señoría, licenciada y de vocación. 
- ¿Y pretende que abra un juicio en base a?
-  Esta palabra es una impostora señoría. La lista entera es una impostura y este tribunal exige su revocación. Inmediata.
- Prosiga letrada. 
- Lejos de mí aquí la pretensión de desprestigiar a la doctora Tennov al inventarse el vocablo; su estado mental, su vocablo. De hecho yo también me los invento y es un pasatiempo de lo más ameno. Pero esta palabra no existe, es un calco, una traducción mal hecha con pereza sin ni siquiera tomarse la molestia de buscar si existía ya la denominación del susodicho estado, y este tribunal entiende que su carácter de no existencia es argumento suficiente como para desestimar su inclusión.  

Además, quien haya fabricado la lista parece haberlas sacado de un diccionario de rimas en encia: ¿limerencia? ¿efervescencia? ¿iridiscencia? ¿incandescencia? ¿elocuencia? ¿En serio? En esencia un despropósito de lista llena de subjetivas incongruencias. Arrebol es como yo digo árbol cuando voy borracha. "Me he choca- ado contera un arrebol". En cuanto a aurora, pedidle a un franchute que os pronuncie aurora. ¿en serio? ¿Os hace gracia? ¡Ya vale de reírse! 

Por todo ello, ruego a vuecencia que se retire esta pretenciosa lista o al menos que se retitule bajo el más adecuado "mi lista personal à moi  de los vocablos más molones (y en encia)". 

- Letrada, parece usted mostrar cierta displicencia hacia la lista en general y hacia la limerencia en particular.

- Su señoría, y cómo no habría de mostrarla. ¿Acaso muerte o enfermedad o luto o tristeza tan sonora como es ella por no nombrar a la innombrable podrían ser incluidas jamás en un inventario de estas características? Entonces, que alguien me explique qué hay de bonito, de hermoso o de lindo en estar desesperadamente enfermo de amor. Nada más que añadir su señoría.