martes, 10 de marzo de 2015

Lecturas prohibidas

Ya os he hablado de "La bicyclette bleue" de mi madre y su obsesión por evitarnos cualquier contacto con la pornografía. 

En el fondo es peor prohibir. Prohibir es desatar la imaginación.

Y además no necesitaba leer ni "La bicyclette bleue" ni "Las 50 sombras de Grey". Yo leía mitología. Comprada por mis padres. Es que la niña está estudiando latín, sus profesores están encantados con ella y le gusta mucho la cultura grecorromana. No sé si mis padres tuvieron alguna vez conciencia de lo que mis ojos devoraban con ávida curiosidad escondida tras las cubiertas de mis libros sobre mitología. 

Bacanales, saturnales, orgías, llamadlo como queráis, lo cierto es que aprendí que no existe ninguna forma de amor ni de sexo imposible por muy descabellada que parezca. Está todo en la imaginación que se le quiera echar al asunto.

Pero contársela a niños es harina de otro costal. Y no me llaméis depravada que fueron ellas las que eligieron el libro de cuentos mitológicos eso sí con dibujos muy cándidos. Y lo cierto es que hasta ahora había logrado esquivar las aventuras de Zeus que como todo el mundo sabe andaba más enamorao que el burro del tío Bojas. Pero es que anoche tocó el cuento de Pasífae, la mujer de Minos, la que le pidió a Dédalo que le hiciera un disfraz de vaca para poder montárselo para pasearse con  el toro blanco de su marido del que se había enamorado. Y todos sabemos cómo acabó aquello.

Creo que el truco está en leer con naturalidad. Por muy truculento que sea lo que se lee, todo está en la naturalidad con la que se lee. 



Eso sí, y muchos recuerdos...