domingo, 15 de marzo de 2015

La plañidera

Desde el viernes por la tarde llorando como una Magdalena, hecha un mar de lágrimas. 
Y lo peor es que esto no tiene pinta de que se vaya a solucionar a corto plazo. Si es que me pongo a pensar y hala, se abre el grifo.
Al final me han dado Almería. Ya sé que es exactamente lo que quería. Y no me asusta lo que me vaya a encontrar. Pero ¿y lo que me dejo? 
La última vez que me pasó algo así creo que fue en Francia, el primer septiembre que se quedaron mis padres en España y yo me volví con mis tíos. Me faltaban sólo dos cursos para acabar bachillerato. Estuve llorando durante horas, de día y de noche. Hasta que a mi tío Manolo se le hincharon las narices y me dio un ultimátum: o dejaba de llorar o me volvía para España. Aquello fue cruel aunque expeditivo. 
Esta vez sólo llevo desde el viernes. Y no tengo a nadie que me dé un ultimátum. Y el caso es que me he puesto contenta cuando me he enterado. Pero cuando he empezado a pensar en todo lo que me dejo, y que me iré y que eso no volverá nunca, y que todo se acabará en junio, pues eso. Como ahora . Venga llorar y llorar. Y la verdad es que hacer cualquier cosa en estas condiciones se hace complicado. Pero bueno.
Lo bueno es que como en casa ya están acostumbrados, me ven y ni se preocupan.  Lo malo es que conociéndome soy capaz de estar así hasta septiembre. 
Yo y mis sinsentidos. 


De todos modos, feliz domingo.