martes, 10 de marzo de 2015

El talismán

(conversando y tal...)

- Pues que creo que ya no tengo depresión.
- Mira qué bien. ¿Desde cuándo?
- Desde esta mañana. Se ha esfumado, fus, envolée.
- ¿Cuánto te ha durado?
- Una semana.
- Pues ha sido cortita.
- Menos mal. Esto de tener depresión era insoportable; todo el día con llanteras, el dolor en las cervicales, el insomnio, la tristeza, esperpéntico. Me estaba planteando incluso ir a un psiquiatra. Si no fuera por el miedo que tengo a engancharme a los ansiolíticos.
- ...
- Y he hablado con mi tía. 
- ¿Y qué tal?
- Pues que tuvo la menopausia con 49 años así que genéticamente es altamente improbable que haya sufrido un episodio de menopausia prematura.
- ...
- Y luego he pensado que podía ser por no comer.
- Cierto. Cuando no comes no hay quien te aguante.
- Ya. Pero no estaba agresiva. Estaba deprimida.
- La comunión, la mudanza, estás pasando por una época de mucho estrés.
- ...
- ...
- ¿Crees en los talismanes?
- Bueeeenooooseeehhhh, no, la verdad es que no.
- ¿No crees en objetos capaces de absorber las energías negativas, de repeler el mal, de crear un halo de protección alrededor de quien lo porta?
- ...
- Creo que ha sido el anillo.
- ...
- Mi anillo. ¿No te acuerdas de que me lo dejé en casa de mis padres cuando me probé mis guantes de comunión?
- Cierto.
- Eso fue justo antes del puente que fue cuando empezó la tristeza. ¿Y no te parece mucha casualidad que al recuperarlo ayer, de la noche a la mañana se haya esfumado mi depresión?
- ...
- ...
- Estás más pallá que pacá.
- Lo sé.