lunes, 23 de febrero de 2015

Zapatos

Ni retifismo ni altocalcifilia lo mío con los zapatos es otra cosa. (En serio, ¿de dónde sale esta gente?) ¿Quieres hacerme feliz? Ponme una zapatería. Una de lujo, con Manolos y Louboutins. Probablemente la iba a llevar a la ruina, pero ¡¡todos esos zapatos tan bonitos a mi alcance!!  

Hay tres verdades absolutas sobre los zapatos. 
Uno. Nunca te compres zapatos made in china. Jamás. Acabarás con los pies retorcidos, son el paradigma de la mala praxis zapateril y de todas formas no te iban a durar más de un par de meses. Y no merece la pena encapricharse de unos zapatos por un idilio tan efímero.
Dos. La atracción que puedas sentir por unos zapatos es proporcional al daño que te van a hacer. Sí. Igual que una mujer caprichosa. O un hombre.
Tres. Que alguien me explique para qué sirven los meñiques de los pies.  ¿Tiene alguna utilidad ortopédica??? No, gracias, no soy un mono, no me voy a poner a trepar a los árboles a estas alturas. Así que de buena gana me los amputaba con unas tijeras de podar, clac clac. Yo y muchas de las que padecemos su tortura cada vez que intentamos llevar unos zapatos medio decentes. 


Sí. Efectivamente hoy he estrenado zapatos. Me hacen mucho daño. A pesar de ser muy monos. Jo. Ahora bien, el placer que se siente cuando te los arrancas por fin de los pies es inconmensurable.