domingo, 22 de febrero de 2015

No cruzarás las piernas

en misa. 

Llamadme ignorante o guiri, pero jamás había oído hablar de semejante precepto hasta la fecha. Supongo que de no haber llevado un vestido ligeramente corto nadie se habría fijado en  que había cruzado las piernas. Sí. Y ya van dos veces en una semana. Al parecer, estoy condenada a no poder llevar faldas por encima de la rodilla en ningún contexto que no implique nocturnidad y alevosía. Con las piernas que tengo eso debería considerarse casi pecado. En fin, bienvenidos a la España sureña del siglo XXI. 

He intentado deducir un motivo por el cual uno no podía cruzar las piernas en misa, si se trataba de alguna invocación satánica, si se podía interpretar como un gesto herético, ya sabéis, algo que huela a superstición o nigromancia. Mi gozo en el pozo de sabiduría. O sea internet. Al parecer, el protocolo marca que jamás se deben cruzar las piernas "ni en la misa ni en la mesa" ni en comité con gente de postín, porque demuestra una falta de consideración y de cortesía grave al mostrar la suela de los zapatos. Así pues lo grave y delictuoso no es cruzar las piernas sino mostrar la suela de los zapatos. Lo cual tiene más sentido, si se toma en cuenta la elegancia intrínseca en el despatarramiento que exhiben algun@s por seguir a rajatabla el precepto.