martes, 10 de febrero de 2015

La niña

Nos la ha vuelto a hacer. ¿Cuánto tiempo ha tardado? Dos años y medio y zasca. Y mira que todo iba muy bien hasta esta mañana. Todo fantástico. Digo, desde ayer.

Menos la peli de anoche, Monsieur Lazhar, tremenda película francocanadiense, o sea québécoise, sobre profes, cosas del gremio, con un argumento tan simple como demoledor, una arma de destrucción masiva contra el optimismo y la sonrisa. Nota mental: no volver a ver una peli independiente en lunes. Sólo series suecas.

Pero aparte de eso, todo iba estupendamente bien. Demasiado bien para un principio de semana diría yo.

Y entonces, cuando sólo quedaban quince minutos para irnos al cole, recordé el sueño que había tenido sobre exámenes de cono, pregunté a la niña cómo se decía muñeca en inglés... Entonces, dime lo que es una función de relación... Espera que coja el libro. Defíneme la vista. ¿La vista tampoco? ¿El olfato? ¿NADA DE NADA??????

(SINVERGÜENZA, GANDULA, QUE NO TE HAS ESTUDIADO EL EXAMEN?????? POR QUÉ NO TE HAS ESTUDIADO EL EXAMEN?????? NOS DIJISTE QUE TE LO SABÍAS!! NOS HAS MENTIDO!! SIN VERGÜENZA, GANDUUUULA!!!! YO LA MATO!!!)

Comentario de los abuelos aquí presentes. No le chilles a la niña. No te pongas así con la niña. Estás histérica. Deja a la niña. No le digas esas cosas a la niña. Pobrecica niña.

Desarrollo del día hasta volver a casa y contemplar el arrepentimiento en la cara de la niña: interminable.
Interés en cualquier otra cosa que no fuera el examen no estudiado de la niña: ninguno.
Arrepentimiento en la cara de la niña: 0
Cachondeíto en la cara de la niña: a tutiplén.
Sartén de macarrones: carbonizados.
Pata de un taburrete: rota.
Estado del cocón familiar: en peligro.

Ocho años y medio y en el año de su comunión. Cuarto mandamiento: No mentirás nunca a tu madre. Tres años de catequista por ella, y ¿¿¿¿para esto?????  Estoy moralmente destrozada. Y como madre, sé ahora que he fracasado estrepitosamente, no sé en qué, pero no dejo de pensar que todo es por mi culpa.  

Y mira que mi marido y yo estábamos genéticamente predispuestos a tener hijos académicamente perfectos. Nunca le dimos un quehacer escolar a nuestros padres. Ni un solo quebradero. Estudiamos sin que nadie nos dijera nunca que tuviéramos que hacerlo. Entonces, ¿por qué?

Un día gris. Incluso me molesta el frío ahora. Mi madre ha intentado animarme un poco trayéndome un pastel de carne. Tiene una pinta que ni te cuento. Eso, y que se le ha roto el horno.

En fin. Que voy a llorar un rato delante de la niña a ver si con el chantaje emocional consigo ablandarle su duro y pequeño corazón. Ayyyy,