miércoles, 11 de febrero de 2015

Fagocitar

Para el club de las Bridget Jones, existen dos clases de mujeres. Las que comen y las que quisieran comer pero tienen la fuerza de voluntad suficiente para no hacerlo. Porque admitámoslo, a todas nos gusta comer y a todas nos encantaría llevar una talla 34 pero ambas cosas no son compatibles. A veces me dan mucha envidia, pero con el primer bocado se me pasa. 

Dentro de la categoría "mujeres que comen", existen varias formas de comer. 
La principal la de comer con hambre. 
Pero no menos importante está la de comer con gula. 
La de comer por apatía y aburrimiento. Sofá, manta, peli y comida. 
Está también la de comer cosas que no queremos comer como sopas y cremas y frutas después de un week-end de comer a tutiplén con hambre, gula y apatía como penitencia dominical. 
La de comer platos que una se pregunta por qué se le ha ocurrido preparar como lentejas, cocidos, potaje de acelgas o de calabaza cuando prometió que nunca las comería mientras de ella dependiera.
La de comer a escondidas. Pero no se lo digáis a nadie.
La de comer sin ganas, en pocas cantidades, esas son las menos, pero a veces sucede y entonces nos sentimos por un momento miembras de la categoría "mujeres que no comen" y nos imaginamos con una talla 34 con la etiqueta por fuera y todo, pero se nos pasa pronto, 
La de comer borrachas, que no sé por qué con el vino se abre el apetito de pronto y perdemos la mesura y la capacidad  de contar calorías.
La de comer a cascoporro con la consciencia tranquila después de un cuarto de hora de ejercicio.
La de comer con la boca chica y con desgana en público por eso de que nos da vergüenza parecer una ogresa y hacer ruido como aquella vez en la que aquel calvo imbécil le recriminó que hacía demasiado ruido comiendo gusanitos. Y yo le pregunto a aquel calvo de mierda. ¿Hay alguna otra forma de comer gusanitos?

Y finalmente está la de fagocitar. Fagocitar lo que sea sin hambre ni gula ni deseo. Lo que pille. Fagocitar como ser pensante. Fagocito ergo sum. Por nervios y preocupaciones diversas. Porque en algunas ocasiones, una tiene que tener la boca llena mientras piensa, o tenerla llena para no pensar demasiado o para pensar en otras cosas como por ejemplo en calorías, tener la boca ocupada para que las preocupaciones sepan distintas, engullirlas para siempre, masticar la manera de que desaparezcan.