lunes, 2 de febrero de 2015

Anoche

Siempre fumo mirando al cielo. Menos cuando llueve. Porque entonces me mojaría la cara. El cielo nunca es igual. Es un hecho extraordinario. Anoche, la luna me estaba esperando en el centro de un caracol de algodón, y al llegar yo la espiral se deshizo. Entonces fue cuando nubes de plumas blancas se pusieron a dibujar en el cielo continentes estáticos que parecían no moverse. Y encima de mi cabeza me encontré con México y a lo lejos la Antártida y un trozo de China.