miércoles, 10 de diciembre de 2014

Epílogo

Al acabar la comida, sintió como en otras ocasiones que tenía cien años. Y también como en otras ocasiones, tuvo el presentimiento de que aquella no era la primera vez que se congregaban. Y por primera vez, quería decir la primera vida en la que se encontraban. Observaba los rasgos distendidos de sus rostros, escuchaba sus voces reír y hablar con entusiasmo, escarbando su memoria en busca de imágenes de otros tiempos y de otras épocas remotas aunque no tan antiguas como para no ser recordadas. Pero entendió que por ahora no podría rememorar ningún momento. Sabía que una sola vida evocada era insuficiente para forjar aquel lazo de unión. Que era imposible que no se conocieran desde hacía cientos de años. Que habían pasado por infiernos hasta llegar hasta aquel ínfimo momento de paz. Que tras la aparente calma de sus ojos yacía un dolor de siglos difícil de borrar, los mismos siglos que llevaban vagando juntos sin descanso, siempre reencontrándose siempre separados.