viernes, 12 de diciembre de 2014

Entelequia

Persiguiendo con tesón a Entelequia, ahora admito que me perdí. En un momento dado me equivoqué de camino y durante horas que bien pudieron ser meses, estuve errando en busca de Entelequia. Hasta que al emerger de un pozo más negro que la noche, me di de bruces con el monstruo tricéfalo al que llaman Quimera. Aquella fue una lucha cruenta, por poco pierdo y el alma y la cordura. Cuando a punto estaba de devorarme con la cabeza de serpiente que le cuelga del rabo, esa con la que inocula su veneno, milagrosamente logré escapar de ahí. Tras recobrar el aliento, quise convencerme de que Entelequia me seguía llamando con los dulces acordes de su nombre. Tardé un tiempo en darme cuenta de que aquello que perseguía no era real, que era una simple entelequia...