martes, 28 de octubre de 2014

El touchpad

El 99% de vosotros no sabe lo que es un touchpad. 
Yo hasta ayer tampoco o ídem, que para el caso, per me fa lo stesso! o lo que es lo mismo, que me da igual.
No así el touchpad.
El 99% de vosotros odia el touchpad de sus portátiles. Yo soy del 1% que los adora. 

Lo de ayer iba a ser uno de esos reencuentros que te llenan el corazón de contento con my baby. Un bizcocho au chocolat de los que rozan la perfección en el horno para el afternoon tea de las chicas del Whatsapp. Se quemó un poco por encima, gajes de tener un horno que sólo cuece por encima, pero raspando la superficie, dándole la vuelta y echándole mucho azúcar glass quedó perfecto. Las niñas con su padre a la piscina. Y my baby esperando a que lo sacara por fin de su bolso.

Lo inicio un momento, sólo por gusto, antes de irme, qué emoción, ahí está mi fondo de pantalla que tan bien le pega, la flechita del cursor en todo el centro, acaricio su touchpad y... nada, que nones, y que nones y que nones. "¡Algo no va bien!" espeto. Y tanto que no iba bien. Engancho el ratón, odio los ratones, todo lo que lleva cable en general, y al cabo de una hora averiguo que no hay driver para el touchpad, que se ha volatilizado, que no hay nada, que tengo que probar a instalarlo yo, que instalar un driver no es tan fácil como parece, que tengo un bizcocho de chocolate esperando en el horno para llevármelo a un afternoon tea, que en el art attack especial Halloween que montan las seños de los coles tengo que preparar una araña con globitos, que tengo en dos días tres exámenes que habrá que preparar así como la catequesis del día siguiente, que mi vida va cuesta abajo y sin frenos, que me duele la garganta de tanto bramar en arameo, que quiero parar cinco minutos, pensar, soñar, que para eso están hechas las noches pero yo las noches prefiero pasarlas en blanco, que las JD no están hechas para decorar las aulas para Halloween, que estoy cansada,  que me quiero ir de mi vida, que tengo ganas de llorar como un bebé pero no me queda tiempo ni para eso. Y lo peor es que no puedo ahogar mis penas con vino, porque llevo unos días con una alta intolerancia contraída a las mañanitas de resacón y que la idea de visitar a mi vendedor/reparador de ordenadores/cachas man pelirrojo con barba/otorgador de títulos informáticos favorito ni siquiera me anima.

Maldito touchpad y maldita fase pre-cumpleaños. Mi vida es un desastre a veces. Y ahora es una de ellas. Os odio. Adiós.