martes, 7 de octubre de 2014

Chicas

- Esos tíos eran un poco patéticos, ¿no?
- Bueno, creo que a Ana le ha gustado el de la cresta.
- ¿Qué dices??? ¿ese paleto??
- Anda ya, admítelo, que si no llegamos a decir de irnos, ¡te lo habrías ligado!
- ¡Que no tías!... Bueno, lo cierto es que me ha enseñado sus tatuajes, pedazos de tatuajes, y si no llegáis a rescatarme, no habría respondido de mis actos.
- ¡Me encantan los tatuajes! Deberíamos hacernos uno, chicas, todas juntas, ¡sería genial!
- ¡Pues Lola ya tiene uno!
- ¿En serio? Lola, ¿en serio tienes un tatuaje?
- ¿No sabías que Lola tenía un tatuaje?
- ¡Eihhh! Lola, ¿por qué soy la única que al parecer no sabía que tenías un tatuaje? ¡Eih!! ¡No te rías y contesta!
- Es que a veces eres tan...
- A veces soy tan ¿qué? ¡Eih! ¡Eso me ofende! ¡Yo no soy tan...!
- ¡Lo eres!
- Sip, estoy de acuerdo con ellas, a veces eres muy-
- Chicas, creo que nos siguen.
- ¿Quién? ¿El coche ese?
- Sí. He reducido la velocidad a ver si me adelantaba pero no. Sigue ahí. Desde que salimos.
- Párate en el arcén. A lo mejor es que no se atreve a adelantar. Yo nunca adelanto. Me da mucho miedo.
- Ok.
- Mirad, se ha parado también. ¿Qué hacemos? Arranca.
- Mierda, no lo consigo, mierda, que voy a ahogar el motor.
- Venga, Lola, ¡arranca de una vez!
- Han salido del coche, ¡vienen para acá!
- ¡Lola!


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Las cuatro chicas yacían en un charco oscuro de reflejos granates bajo la luz de la luna. Difícilmente debajo de la costra negra de aquel líquido opaco nadie habría logrado apreciar que iban completamente desnudas. Parecían agotadas. Y saciadas. 

- Pues al final el de los tatuajes no estaba tan bueno como pensaba.
- Qué burra eres hija. A mí me preocupa más a ver dónde nos vamos a limpiar ahora. Porque no pensaréis subiros a mi coche así, ¿verdad?
- Creo que esta vez nos hemos pasado. Mirad esta masacre. Cualquiera imaginaría que aquí hay cuatro cuerpos.
- Cinco.
- ¿Como que cinco?
- Eran cinco.
- ¿Y quién se ha cargado a dos?
- Yo. ¿No decíais que era tan...? Y además me han puesto nerviosa. Dios, este tipo de hijos de puta me ponen enferma. 
- Jajajaja, no te preocupes. Estos ya no le harán daño a ninguna chica. Pero insisto en que así nadie se va a subir a mi coche.
- Ok, Lola, buscaremos una acequia.
- Gra-cias, ¡una que me hace caso!