martes, 9 de septiembre de 2014

Palabra de honor

No. Definitivamente no. Rotundamente no. Ni hablar. Cuando una se pone un palabra de honor espera sinceramente que las cosas se desarrollen de otra manera. ¿O pensáis en serio que una hace el esfuerzo de ir guapísima, conjuntada, con tacones, falda y a lo loco para que no suceda absolutamente nada? Una espera que la llave de la cochera (maldita llave del demonio, que me tiene manía y elige los días!!!) se abra a la primera y no me deje el índice condolido y al borde de la amputación. Aïe. Jo, me duele. O que el director del colegio de las niñas en lugar  de un "probablemente sea mañana a las 10 y media" me conteste con un "vienes tan guapa y radiante hoy y con un pelo tan perfectamente peinado que parece el trabajo de un profesional que quiero que tú decidas la hora de inicio de las clases de mañana según tu disponibilidad". Sí. Esa es exactamente la respuesta que una espera cuando hace un esfuerzo como el que he realizado yo hoy. Momento en que me acaricio el flequillo. No es justo. Y he tenido que chuparme las pruebas de inicio yo solita. Claro que a cambio me he librado de tener que elaborar tres unidades de contenidos, cosa que me habría llevado un poquito más de tiempo que el copia y pega que he realizado en unas dos horas. Pero de todos modos. Fran me tendría que haber dicho, "hoy estás tan hermosa que sería un pecado que tuvieras que hacer algo más que quedarte en el hall donde todos podamos admirarte" y le habría contestado con un guiño de ojo, una hermosa sonrisa y habría sido lo más normal. Y los vecinos tendrían que haberme dejado un sitio donde aparcar justo delante de mi puerta. Y mi maridito se tendría que haber venido del trabajo una hora antes para tenerme la comida hecha.  Eso es lo mínimo que una espera cuando lleva un palabra de honor. En fin. Que ha sido un despróposito de día. Ya está. Ya lo he dicho. Hummmm.