miércoles, 24 de septiembre de 2014

In vino veritas

Con efecto retroactivo. O sea antes de tomármelo. O sea con efecto reactivo. Proactivo. Activo. Pasivo. Ya vale de corregirme. Me cansa.

Porque hace una hora o cosa así, justo antes de que me llamara mi monja para informarme por segunda vez de que mañana a las 8 iban a presentar a nuestro nuevo párroco (es que ayer me la encontré por la calle y me lo dijo, pero es un poco mayor, la memoria y esas cosas, porque espero que no sea porque le guste llamarme, ¿a qué edad jubilarán a las monjas? Con 82 años creo que se ha ganado el derecho a un retiro en algún convento misionero en Las Seychelles)  estaba yo tirada en la cama tan ricamente y mierdeando (=pasando el rato productivamente) con el wiko sin saber muy bien si llorar de cansancio como un niño por un día de clases desgañitadoras y de actividades extraescolares y de reuniones tontas  y de nada para mí nunca o decidirme por fin a refugiarme debajo de la ducha. 

Por supuesto no me he atrevido a twittear la noticia.

Y es que en días como hoy me pregunto si esta soy yo, la del horario imposible, encajando todo lo que tengo que hacer al minuto, o si soy la de mi blog, la que sueña en lo pequeña que se ve cuando va conduciendo y se da cuenta de que el horizonte es mucho más inmenso cuando está cubierto de nubes de las que amenazan lluvia, o qué coño ha pasado conmigo, que puede que en el fondo no sea ni la una ni la otra, y que me dedique a fingir vidas mientras estoy por ahí perdida sin encontrarme. No lo sé.

Pues anda que cuando se enteren de que me presento para el consejo escolar... uuufff... como odio esto a veces.


¡¡A vuestra salud!!