jueves, 5 de junio de 2014

Jeudi

Ayer se me estropeó el pie en mitad de la noche, y no veas el día que me dio.
Bueno, y la noche, claro.
Y como soy así de operativa, ni se me ocurrió bajarme a pillar algún tipo de narcótico, psicotrópico, o en su defecto, calmante.
No.
En vez de eso, me tiré toda la noche tapando y destapando, poniendo y reponiendo, sacando y metiendo, levantando y agachando, apoyando y soltando, para fuera y para dentro, para arriba y para abajo, el miembro gemebundo.
Pero nada.
Como dicen en mi pueblo, el arco del empeine de la región del tarso anterior de la bóveda plantar de mi pie derecho no me dejó pegar ojo en to'la noche.
Y así transcurrió el día subsiguiente, entre aïes y bostezos.


Ente aïes y bostezos, tuve la sensación de pronto de que me estaba encalleciendo por dentro, que me endurecía, que la mirada se me resecaba que se me encallaba la sonrisa. Pero tengo el convencimiento de que fue por el consumo abusivo de ibuprofeno y la falta de sueño.


Hoy sin embargo, debería estar muy contenta, exultante me atrevería a decir;
tengo seguidora nueva en el blog (sensación maravillosa);
limpiando y recogiendo, mi madre me encontró ayer por la tarde el CD de Guillermo (es increíble pero cierto, las madres lo encuentran todo!!!)
y esta noche me llevan al teatro (fiestuki de la buena a lo cenicienta con mojitos incluidos o eso me han prometido)!!!!


Y aún así no lo puedo remediar, llamadme ingrata, ilusa, idiota si queréis y con razón, decidme que sigo engañándome con fantasías cuando la realidad ha resultado ser muy distinta, pero es que la sonrisa se me sigue quedando a medias a ratos, cuando me acuerdo de cómo podría haber sido todo y lo que ha acabado siendo al final, qué más quisiera yo poder reír como nos reíamos antes...