lunes, 2 de junio de 2014

El día en el que abdicó el Rey

No. 

No pienso dar aquí un soliloquio sobre monarquías y etecés. 

Para nada.

Ni hablar.

Pero como ya he subrayado en más de una ocasión, este cuerpo y esta mente abierta y limpia crecieron en una república, y contrariamente a todo lo que se rumorea y comenta en este país de rumoreadores y de comentadores (sí, me he dado cuenta de que los habitantes de aquí en su inmensa mayoría se nutren de rumores y retroalimentan de sus propios comentarios, algo similar a la conducta de las moscas para con la mierda) no se estaba nada mal. 

Y cuando los borbonistas soltaron el bulo de que una monarquía salía más barata que una república, yo pensé, hay que ser muy nabo para creerse semejante gilipollez, como si hubiera unas tarifas establecidas, contrate usted el plan Borbón que le saldrá más barato que el Plan República, y además de oferta le regalamos mil SMS gratis. Como si cada cual no gastara lo que le saliera de lo de antes en lo que le da la gana. Aunque, realmente, hablando de la casta, el pueblo decide poco los gastos. Mal hecho. El que paga debería decidir. Eso había sido asín siempre y nos iba mejor. Y en la república pa'qué contaros. Pero aquí llegaron los parásitos estos y se apoltronaron tanto y le tomaron tanto gusto a esto de chupar que buscaron y encontraron la foma de hacerle creer a la people que vivían en democracia y que los que votaban eran ellos cuando en realidad con sus compinches de los medias se iban turnando en sus asientos de señorías cada equis años para seguir chupando secula seculorum ellos y sus vástagos bastardos. Y aquí resumidos los que se piensa que son los últimos cuarenta años de democracia y yo pártome la caja de la risa.



Pero realmente lo importante de hoy no es que haya abdicado el  Rey.
No.
Lo increíble y maravilloso y extraordinario de hoy es que me he despertado con el convencimiento de haber hablado con un amigo del que no sé apenas nada desde hace más de un año y medio y del que siempre me acuerdo tanto en lo malo como en lo bueno y lo echo mucho de menos ahora.
Y en la distancia de todo este tiempo, me he dado cuenta de cuanta razón tuvo siempre y de lo valiosas que resultaron sus palabras y sus consejos.
Y esta noche, hemos estado hablando largo y tendido como solíamos hacerlo, y de nuevo como entonces sus consejos me han resultado útiles y sus palabras me han infundido confianza y mucho ánimo.
Nos hemos tirado toda la noche hablando en sueños, un sueño que ha durado toda la noche. Y ha sido maravilloso. Dios quiera que nuestros caminos se vuelvan a cruzar para poder contarte amigo y que tú me cuentes,

Bssss!!!