sábado, 21 de junio de 2014

De puestas de bandas II

Jueves 19 de junio 2014. 19:37 en algún lugar de la autovía del Almanzora.

Un Astra color rojo pasión circula en dirección a Macael. Cualquiera que hubiera reconocido el coche se habría dado cuenta en seguida de que algo no va bien. Es por la velocidad. Es inusual. Al arrancar, la conductora ha visto cómo la aguja del depósito traspasaba una vez más el límite de la última rayita. Eso significa que al menor traspié o un acelerón innecesario podría fundir la reserva de gasolina. Y no es precisamente el momento para quedarse tirada en mitad de la autovía. Hoy pone nada menos que tres bandas. Así que mal que le pese, no circula a más de cien, sorteando camiones y demás turismos que se van apartando prudentemente ante un zigzagueo  más que sospechoso del utilitario rojo. La conductora se acaba de mirar los labios en el espejo retrovisor como siempre lo hace. Cada cual tiene sus manías. Y ese ha sido precisamente el momento en el que ¡¡¡espanto!!! ¿Qué ven mis ojos? (Y primer zigzagueo del coche) El pintalabios rojo pasión brillante permanente 24 horas ha desaparecido de la parte interior de la boca. Pero ¿qué broma macabra es esta? ¿¿Pero dónde va con esa boca a medio pintarrajear???? ¡Ya está!! ¡Es la señal inequívoca de que va a hacer el ridículo más espantoso!!! Ni siquiera se le ha ocurrido llevar el carmín en el bolso de tamaño XXXL que se ha comprado a juego con el resto. No, ¿para qué hija mía?? ¡No vaya a ser que te quiebres por una barra de labios!!! Se frota horrorizada una esquinita de lo que queda de carmín rojo pasión brillante permanente 24 horas y contra todo pronóstico y por supuesto en contra de las creencias de todos aquellos que usan ese tipo de barras de labios, este se engurruña y se engruda ante la mirada de terror de la misma. La culpable del desastre sólo ha podido ser la tercera capa, esa que se ha puesto porque pensaba que necesitaba hoy más que nunca lucir unos labios rojos brillantes espectaculares. La tercera capa de chapa y pintura ha provocado que el conjunto se haya convertido en un amalgama de grumos que empieza a frotarse para retirar pero cae en la cuenta de que tampoco se lo puede quitar con los dedos porque el vestido es blanco y una mancha sería trágica, catastrófica, definitiva, letal. Lleva pañuelos en el bolso tamaño colosal a juego con el vestido y los zapatos así que se pone a rebuscar y ahí va otro zigzag. Uuuff. No, no es momento para matarse en la autovía que no llega a tiempo a la puesta de bandas. Empieza a frotarse los labios con el pañuelo y cuando cree haber acabado con todos los grumos, se vuelve a mirar por el espejo retrovisor. Señor coche que va delante, haga el favor de apartarse que vamos de puestas. De pronto cae en la cuenta de que tampoco se ha echado colorete. Pero ¿qué desastre es este? ¿Y si se para en el Mercadona de Olula que le pilla de paso y compra una barra 24 horas y un colorete? Y de paso bien podría pararse también en la gasolinera de Fines y echarle 20 euros al depósito para ir más tranquila. Y ya puestos podría meterse por Olula, buscar un cajero de Unicaja y sacar algo de dinero, que sólo lleva unos 17 euros y 7 de ellos en calderilla. Una fortuna para salir de casa. Todavía dispone de un cuarto de hora. Claro que también está el problema del mando. Se ha dejado el mando del aparcamiento del instituto en el coche de su marido y no tiene forma de meterse ahí. Y el inconveniente está en que todas las calles colindantes al instituto se llenan de coches hasta reventar y como no llegue con unos minutos de antelación no va a encontrar sitio para aparcar. "- ¿Dónde estás????" "- Estoy aquí fuera en el coche metida y dando vueltas por el pueblo buscando un sitio donde aparcar" "¿Vas a poder llegar a tiempo o te mandamos los niños al coche para que se las pongas?" No. Definitivamente no se puede parar. Aparca al final de la cuesta. Desde ahí le costará menos trabajo salir por patas dentro de un rato. Se mira en el espejo. Ahora su boca tiene el aspecto de haberse estado morreando lujuriosamente justo antes de entrar en el salón de actos. Genial. No queda otra. Bolso mastodóntico al hombro. Cierre al coche. Un cigarrito para la cuesta. Vamos para allá...