lunes, 5 de mayo de 2014

Despejar la x

(Creo que es mejorable, pero para poder hacerlo, deberé tomar unas cuantas clases de matemáticas...)


Querida ...,

En esta hora en la que te escribo por última vez estoy por fin tranquilo.

Tengo que anunciarte que esta mañana he tomado la decisión firme de dejar los cálculos, los cómputos y las cuentas.

Ay... Nunca seré tan feliz como lo fui ayer. Cuando acababas de despejar la x indespejable.

Llevaba meses calculándola. Meses dándole vueltas a un convencimiento, a un creer que era posible, que no, que no era tan descabellado, que lo que intuía era real y que acabaría resolviéndose.

Fueron muchos días, pero muchas noches más, de darle vueltas a esa ecuación con el corazón encogido y el alma insomne.

Y de repente con un ligero movimiento de tus párpados no cupo otra posibilidad. Cuando entendí lo que habías hecho, al pronto fui incapaz de reaccionar ante la simplicidad de una x que me había resultado imposible hallar.

Luego comprendí el alcance de aquella x y de cómo me iba a sacar de este largo letargo de tormento y se me puso sonrisa de idiota al minuto siguiente; se me expandió el pecho, se me llenó de aire después de semanas reteniendo el aliento; tras meses emborronando mis cuadernos con cálculos y fórmulas buscando la manera de despejar esa x, tú lo acababas de hacer con la sencillez que ha sido tuya siempre en esto, la misma con la que me hablas y me miras y me sonríes.

Y llámame loco pero a punto estuve en ese momento de llamarte para decirte que perdonaras la torpeza de este loco que por fin había logrado despejarla.

Pero decidí esperar a volver a verte y sonreírte a la cara, y besarte.

En cuanto me he despertado esta mañana he repasado todas mis cuentas por el goce de resolver la ecuación una última vez.

Y en ese momento me he dado cuenta de que había cometido un error tonto, básico, que lo había malinterpretado todo, que tus cálculos no tenían nada que ver con mi pobre estúpida e irresoluble x. Y sé ahora que por más que lo intente la ecuación no dará nunca mi resultado.

Ay... Nunca hallaré la forma de despejar la x que haga que me quieras como yo te quiero, así que he tirado todos mis cuadernos a la basura y me he echado a la calle a patearla hasta que consiga olvidarte.