domingo, 6 de abril de 2014

La cazadora de trolls

En uno de mis muchos pasados yo fui cazadora de trolls.



La mayoría de vosotros sois y seréis siempre presa fácil de los trolls. Está en vuestra naturaleza por lo general incauta. Perdonad que no me pare en sutilezas ni pamplinas para deciros esto pero no conozco otra forma de advertiros de la vulnerabilidad a la que os expone vuestra ingenuidad. De aquella época recuerdo todavía cómo me exasperaba que fuerais tan inocentes. De hecho, probablemente esa sea la principal y única causa plausible por la cual los trolls se encuentran tan cómodos pululando entre nosotros.

Muchas veces me pregunté si estábais convencidos de que la mayoría de la gente que os rodea alberga sólo buenas intenciones y buenos sentimientos. Me costó ya no entender, pues me he resignado a no hacerlo nunca, sino simplemente tolerar esa proximidad, esa cercanía que muchos de vosotros manifestabais para con los trolls.

Muchas veces me pregunté por qué sois incapaces de ver lo que yo veo. Por qué no podéis vislumbrar ese destello de furor en su mirada, esa sútil nota discordante en la voz que se quiebra cuando miente y engaña, ese gesto insignificante para la mayoría de vosotros que simplemente achacáis a la vulgar condición humana cuando en realidad denota la maldad más primitiva. Los trolls no son de la misma naturaleza humana que nosotros. Cuando lo admitáis, habremos ganado la batalla más importante. Pero a veces creo que os da igual, que sois tan simples y comodones que preferís limitaros a tolerar su existencia.

No. La mayoría de las veces, no os inmutáis ante la presencia de un troll; o es que os da igual o simplemente no tenéis la capacidad de reconocerlos. Y todo va bien en el mejor de los mundos posibles hasta que el troll os escoge a vosotros.

Cuando el troll decida ir a por vosotros, lo habrá decidido de forma absolutamente aleatoria, su único motivo siendo que habréis tenido la mala suerte de haber sido avistados primero. Será por algún detalle insignificante para los demás que le haya llamado la atención en particular  y a partir de entonces se cebará con vosotros. En cuanto os elija, tened claro que su único objetivo será acabar con vosotros.

Ese era el momento en el que yo entraba en acción. Sí, ahí estaba yo, a eso me dedicaba, a identificarlos y darles caza hasta acabar con ellos antes de que ellos lograran acabar con vosotros. Velé durante años por vuestra tranquilidad. Estaba del lado de los buenos y era muy buena cazando trolls. Los reconocía en seguida, a veces con una sola frase, me adentraba en sus mentes enfermas, no me costaba pensar como ellos, ver lo que albergaban dentro. En alguna ocasión me asusté por la claridad con la que podía entender sus pensamientos pero entonces me tranquilizaba pensando que yo nunca dejaría que nadie pudiera ver mis pensamientos más oscuros ni dejaría que estos tomaran las riendas de mis actos. Lo que vi era tan repulsivo que los habría exterminado uno a uno.

Fui cazadora de trolls. Hasta que un día cometí un error. Fue sólo uno. Pero fue un error fatal. Me equivoqué y di caza a un no-troll. Cuando me di cuenta, ya era tarde y empecé a dudar de mi capacidad. Me pregunté si me había equivocado más veces. Estuve dando vueltas y más vueltas a todos los trolls a los que me había enfrentado hasta la fecha. Empecé a sentir el miedo a equivocarme, a dudar de mí y de mi capacidad para reconocerlos. Dejé de ser efectiva y me despidieron de la empresa. Bueno, realmente no se atrevieron a despedirme sino que me sugirieron que lo dejara durante un tiempo. Alegaron que necesitaba descansar, que me estaba obsesionando con el tema, y que me vendría bien alejarme por un tiempo. Así que lo dejé. Y he de admitir que mi vida es ahora más tranquila.

Y de un tiempo a esta parte he recuperado la confianza en mí. Pronto, muy pronto estaré lista.

...


Feliz domingo!!! ;))