jueves, 17 de abril de 2014

El reparador

- Ha llamado el reparador. Se va a pasar esta tarde.

¿El reparador? ¿Quién era el reparador? Hice un veloz barrido mental a nuestras últimas conversaciones en busca del momento en el que había surgido el reparador. 

Esa estúpida manía mía de despistarme de las conversaciones en el momento menos oportuno. Me pregunto si poniéndome en manos de un especialista habrá alguna forma de extirparla.

- Mmmm, ¿el reparador?

Ya está, me vuelvo a abstraer, y ahora estoy en casa de Quentin Tarantino, lleva una bata de flores y están llamando al timbre de la puerta. Ahí está, el reparador, vestido con un smoking:
- Hola, soy el Señor Lobo, soluciono problemas. 


El reparador vendría por la tarde a examinar el pilar que se estaba cayendo a cachos. El mismo pilar que había exiliado los colchones de las niñas a nuestro cuarto para que no les pillara el hundimiento de su dormitorio que se encuentra justo encima del pilar en mitad de la noche. Ya se les había dado las instrucciones para que en caso de oír un estruendo salieran corriendo para la calle y de no haber llamado el reparador, probablemente a estas horas andaríamos por casa equipados con cascos de obras.

El reparador dictaminó que la situación aunque no terminal requería medidas urgentes y siguiendo sus instrucciones, nos pusimos ipso facto en contacto con el albañil.

Ahora tenemos un precioso pilar apuntalado en medio del patio, justo debajo del dormitorio de las niñas que está siendo el alborozo de las vecinas que observan de reojo sus propios pilares.

Y lo más importante, ya estamos fuera de peligro. Por todo ello, ¡GRACIAS señor reparador!!